Óleo, autora: Higorca Gómez
Cuando
una persona está sentada en espera de una noticia, las horas se hacen largas y
es entonces cuando da tiempo sobrado a pensar, a reflexionar, a mirar a tu
alrededor viendo tantas miserias humanas como nos rodean.
En
la sala de un hospital, donde van llegando toda clase de urgencias, podemos ver
todo tipo de personas sin importar la edad; llegan en espera de una curación,
mejoría o por lo menos saber que es la dolencia que tienen y porque no, una
palabra de aliento que muchas veces cura más que todos los fármacos habidos y
por haber.
Tristes
lamentaciones las que podemos escuchar en esos lugares se sientan a tu lado y
empiezan a contar su atribulada o buena vida que han llevado hasta ese momento.
Es como si les relajara el hablar, el explicar…
Los
miras a la cara y te das cuenta que no tiene importancia la edad que los ha acarreado
hasta esa sala de espera llena de almas y fría a la vez; al cabo de un rato
cuando parece ser que se abre una puerta todos permanecen expectantes para ver
como sale la enfermera o el médico de turno (bien depende del carácter que
tenga el galeno), al mirarles a la cara te puedes dar cuenta si la noticia es
buena o es mala.
Unos
se levantan rápido para acudir lo más pronto posible hasta la consulta y saber
lo que en realidad le pasa al familiar; otros con los ojos anegados se levantan
lentamente y empiezan a caminar sin saber a dónde ir; sin preguntar pronto se
sabe…
Y
es entonces cuando yo reflexiono, cuando mi mente da vueltas y pienso
obstinadamente, todos somos iguales ante esas esperas, no hay ricos ni pobres,
ni sabios ni menos sabios, allí tristemente se termina todo el ego de la
persona.
Y
vuelvo a pensar ¿nos damos cuenta de que y como somos los humanos? ¿de qué nos
sirve el ego, la envidia, la ambición y las críticas a los demás? A fin de
cuenta tarde o temprano todos vamos a parar a una sala de estás, a una sala
fría, aunque seas rico y acudas a la mejor clínica u hospital.
Conforme
pasan los años voy conociendo mejor a los demás y mis preguntas siempre son las
mismas, ¿lo hago bien o mal?
Veo
las caras maltrechas, algunas por enfermedades, otras por accidentes y algunas
demasiado por peleas callejeras; estás últimas de bastante juventud que pierden
los “estribos” cuando han tomado sustancias que no deben, sin pensar que tienen
familia que los están esperando en sus casas mirando de continuo el reloj.
¡No
quiero caer nunca en el pecado del ego o de la envidia! Sentada aquí mientras
espero y me puedo dar mucha cuenta de las miserias que están junto a mi ¿de qué
sirven esas cosas?
Viene
a mi memoria todas las guerras que hay por el mundo donde mueren diariamente
miles de niños, inocentes que apenas han conocido la vida, muertes innecesarias
a consecuencia de esas malditas lluvias de ácido que no solo mata, también deja
muchas penas en cada alma; unos con falta de piernas, brazos, ceguera y la
soledad de quedarse sin familia a una temprana edad; todos ellos terminan en
una sala fría como esta o peor, al amparo de gente desalmada que solo piensan
en abusar de esos pequeños en soledad.
Todo
por la avaricia de algunos hombres que me parecen unos seres miserables y
ególatras.
Miremos
al norte, al sur, el mundo está encendido; dictaduras donde solamente vale lo
que el opresor de turno dice y ¿qué es lo que dicen esos señores? Podemos verlo
reflejado en Venezuela, Cuba…
Me
entristece el pensar que a la mayoría de los humanos no nos importa el
bienestar de los demás. Bueno también es verdad que hay un buen porcentaje que
vivimos para hacer el bien pensando un poco en el dolor ajeno, pero sencillamente,
sin protagonismos, sin ambiciones, no vale la pena, lo importante es dar la
mano a todos aquellos que nos necesitan sin que los demás se den cuenta de
ello.
De
que me sirve decir al mundo ¡yo soy buena, yo…! Eso no me sirve porque
verdaderamente no soy yo quien debo juzgarme, son los demás las personas que me
conocen ¿lo hago bien, lo hago mal? No lo sé intento hacer las cosas como mejor
me parece que están, pero…
Sigo
mirando a mi alrededor, cada vez hay más gente esperando muchos se quedan de
pie, o paseando seguro que los nervios no les deja estar quietos pensando en
los que están dentro porque a ellos no les han dejado entrar, otros esperan que
llamen para entrar a la consulta… la paciencia a veces se pierde en esos
lugares.
Voy
recordando cosas que han ido pasando por mi vida y que me han servido de
lección; un día nos invitaron a una presentación, era en la capital del reino,
el autor era un sabio en toda regla, un escritor amén de otras muchas
cualidades como persona, cuando llegamos al lugar nos encontramos con algo muy
desagradable, aquel hombre sabio y sencillo, no se inmuto y siguió en su sitio
con una sonrisa como si no hubiera pasado nada.
Fue
una gran lección de humildad, de sabiduría y la persona que por circunstancias
quiso o… humillar quedó muy por debajo de todos los que acompañamos al amigo,
al gran hombre.
Nos
llaman, nos levantamos para ir a saber los resultados que estábamos esperando,
vuelvo al momento actual y me digo: Solamente mañana, la historia, aquellos que
me han conocido me juzgaran para bien o para mal.
Ahora
seguiré por el camino de siempre, sembrando el bien cuando me necesiten y entre
mis amistades.
Higorca
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