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| Óleo de mi autoría, Higorca |
Amargo despertar aquel día,
11 de marzo del año 2004. Era imposible seguir oyendo aquellas noticias. Me miré
y me pellizqué preguntándome si estaba despierta o es que seguía dormida y
aquello era un mal sueño.
No sabíamos como sentarnos a
la mesa para desayunar, con todas aquellas palabras, lágrimas y amasijos de
hierros, sangre y cadáveres de personas.
Con aquello que estábamos
viendo en la pantalla era imposible llevarse el café a la boca y eso que estaba
humeante y su olor llenaba la estancia.
No sabíamos cómo reaccionar,
teníamos conocidos que ese día habían viajado a la capital. No me atrevía a
marcar el número por… menos mal que conociéndonos fueron ellos los que llamaron
para decir que estaban bien.
Era horrible, me vino a la
memoria otro once de septiembre, también aquel día nos íbamos a sentar a comer
cuando aquella “película” nos dejo lívidos.
¿Qué estaba pasando en el
mundo? Mejor ¿Qué está pasando? Parece que
nos hemos vuelto locos y que matar es el único placer con el que cuentan
algunos desalmados. Ahora estamos igual con el avión que se ha “perdido”. Con
las guerras…
No quiero recordar aquellos
hierros retorcidos y entre ellos todas aquellas personas inocentes que pagaron
con su vida ¿tenían que pagar algo? La mayoría de ellos eran jóvenes en
plenitud de vida.
Aquellos desalmados no se
conformaron con uno, nooo, tuvieron que ser más y así cayeron uno tras otro los
trenes de la muerte, dejando aquel olor nauseabundo de horror y desesperación
para los que se fueron, los que quedaron y para los familiares que en su locura
buscaban a los suyos sin encontrar las palabras adecuadas ante tal magnitud de
sufrimiento.
Nunca olvidaremos aquellas
imágenes, aquellos gritos, llantos y caras de espanto esperando noticias buenas
o malas, pero noticias al fin y al cabo.
Se reacciono con suma
rapidez y así fueron trasladados los heridos a hospitales y atendiendo con
maestría, cariño y premura para intentar salvar cuantas más vidas mejor.
¡Cuánto aplomo demostró el
pueblo de Madrid aquel día! Digno de alabanza, lo
primero era acudir a los necesitados y no se pensó en más. Sanitarios, médicos,
psicólogos, y todo aquel que estaba dispuesto a dar una ayuda moral, material,
o entregando su sangre estaba al pie de todo aquel jeroglífico.
Han pasado diez años y todo
sigue vivo en el pueblo español. Ya no hablemos de las familias que perdieron a
sus hijos jóvenes, o a esos niños que sus padres se quedaron entre las vías, o
a los hermanos que nunca volvieron a ver… Algo muy difícil de olvidar.
Por esas razones y otras muy
vigentes me pregunto una y mil veces ¿existe Dios? ¿Dónde estaba en esos
momentos dejando que murieran tantas personas inocentes? ¿Dios quiere tantos
mártires?
¡No entiendo nada pero a
veces es mejor no querer entender!
NO QUIERO OLVIDAR
Nunca olvidare tanto dolor
entresijos de mentes
retorcidas
como los hierros que
quedaron
en aquellas vías…
Espanto veo en sus caras
todavía
sus ojos desorbitados ante
lo que veían
no podía ser tanto horror,
les mentían,
parecían decir entre
lágrimas
¿dónde estás hijo del alma?
¡No encuentro su cara entre
tantas!
Decían aquellas madres
enloquecidas
Buscaban una camisa,
algo que les dijera, que les
diera
una pista siquiera
allí, allí quedaron en medio
de unas
retorcidas vías.
Mi homenaje a todas esas
inocentes víctimas.





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