Seguidores -- GRACIAS POR ACOMPAÑARME OTRO AÑO

CONCIERTO DE MORENTE

LA EPIDEMIA AZUL

LA EPIDEMIA AZUL
Portada: Higorca

sábado, 23 de junio de 2012

UN POCO MAS DE NOSOTROS

Collages formado por obras de: José Higueras e Higorca




Se conocieron de una forma casual. En una de aquellas frecuentes reuniones de artistas. Eran curiosas, juntos hablaban de temas diversos: del pincel, cincel, o papel y la pluma. Tertulias interesantes y amenas, cada uno en el correspondiente grupo, pero entre todos se podía sacar un extraordinario cuadro de mil colores.
 Ella no solía prodigarse mucho, estaba totalmente entregada a su trabajo. En el estudio, o en la calle visitando las distintas exposiciones que se celebraban. Por algo era crítica de arte para distintos periódicos. Era la mejor forma de conseguir unas pocas monedas para subsistir. Aunque su pasión era la pintura, también disfrutaba con aquellos pequeños poemas que escribía mientras esperaba en algún sitio.
Aquella vez no pudo eludir la invitación, quizá más por acallar a la amiga que en realidad por apetencia. Se acercaron al grupo de pintores, en aquellos momentos era lo que más le interesaba. Desde pequeña conocía muy bien el mundo de la bohemia. En realidad aquella palabra entrañaba mucho más de lo que la gente pensaba, claro que, gusta a los artistas decirla.
Ni tan siquiera los presentaron. Pasados unos días le indicaron que debía ir a ver y opinar sobre una exposición de pintura. Se dirigió al lugar, allí estaba el artista esperando ¿esperando qué? Se saludaron y se miraron a los ojos ¿Tú eres la nueva del otro día?
Ella se ruborizo, quiso terminar con rapidez aquel trabajo y volver a casa para ordenar cada una de las letras mal escritas ¿Qué me ha pasado? Se dijo. Una vez tranquila hizo una buena crítica ¿En realidad le había gustado las pinturas o el pintor? ¡Qué tonta soy! Se dijo a si misma.
Volvió varias veces más a “estudiar” aquellos lienzos ¿lienzos? Se hicieron amigos. Hablaron y notaron que tenían las mismas inquietudes. Estaban en un país que no era el suyo, pero que se encontraban muy a gusto. París en aquellos momentos era el motor del arte. Tenían muchos amigos en común y no lo sabían. Así empezó algo que todavía hoy sigue entre ellos. Siempre   juntos, comparten todo.
Han caminado por casi todo el globo terráqueo. Estudiando, trabajando, presentado sus trabajos dónde se los han pedido. Les han sido otorgados varios y valiosos premios.
Siempre de su mano iré. Siempre de mi mano iras. Juntos llenaremos caminos, horas, días y años, en libertad. Dando al mundo del arte, de la cultura, nuestro cuerpo, nuestra alma, nuestro trabajo. Porque no hay nada más hermoso que entregar a los demás los sentimientos plasmados en colores para recreo de aquellos que después lo observen.
Damos las gracias a esas personas que estando cerca de nosotros en nuestros primeros años supieron inculcar el amor a las artes en nosotros.

Higorca

martes, 19 de junio de 2012

ALICIA STEIMBERG

Collages: Higorca


Hace días que no hago homenajes. No me gustan este tipo de cumplidos, pero también reconozco que es una buena forma de recordar con cariño a esa persona que se nos ha ido dejando una buena siembra para nuestro provecho.
He leído que hace unos días, muy pocos, se ha ido a esos lugares de los que no se vuelve una escritora. He repasado su vida y como tantas otras tampoco a ella le ha sido fácil. Y también como tantas otras es hija de emigrantes que tuvieron que partir hasta el bellísimo país de Argentina. Allí fue donde esta mujer se formo, donde tuvo la oportunidad de aprender a pintar historias.
Fue tenaz y puso muchas letras sobre unas páginas en blanco. Su imaginación fue desarrollando una a una las leyendas que sirvieron para la distracción y el placer de otros.
He podido saber que estaba bien. Llena de ilusión. Dispuesta a seguir trabajando. En cambio en un rato de relajo fue visitada por esa señora, o caballero montada en un caballo bayo y con su guadaña bien afilada, se la llevo por delante.
He oído un comentario ¡Tenía 78 años! Bueno, y ¿qué? Ella se sentía joven llena de vida y lo más importante con las mismas ilusiones de sus años jóvenes.
Porque ¿Cuándo es vieja una persona? Pienso, que cuando ya ha perdido toda la ilusión, cuando se sienta en un sillón a esperar con tranquilidad a ese misterioso personaje “cabalgante”. Entonces se es vieja.
Ella, Alicia Steimberg, era mayor, pero no vieja. Desde aquí le rindo mi más sincera admiración. Seguramente ahora esta maestra de las letras esté en ese lugar dónde se juntan todos los grandes “escribidores” y desarrollan una hermosa tertulia sobre literatura, para después seguir escribiendo sobre las alas de los ángeles. D E P
 
Higorca

domingo, 10 de junio de 2012

UNA AMIGA

Acuarela: Higorca



Una mañana al despertar, me encontré en mi ordenador un mensaje. Al abrirlo pude encontrar los más bellos consejos que jamás pude pensar.
Todos eran ciertos, eran sabios. Eran de esos consejos y frases, mejor voy a decir reflexiones, que a mí me gustan tanto repetir, leer y pensar.
¡Dios mío cuánta razón pude leer! ¡Qué maravillosas frases! Y cuanta enseñanza había en ellas. Y… me hice a mi misma una pregunta que ni tan siquiera yo, me podía contestar ¿Quién es aquel que las lleva todas a cabo?
Son todas y tantas preguntas que siento dentro de mí misma, de mí. Una  pobre y débil persona que nada sabe. Que tanto me gusta aprender, y que muchas veces noto que se me escapa la vida sin saber todo aquello que necesito saber.
Con el paso de los años he ido aprendiendo muchas cosas, he ido dejando esas pequeñas miguitas en el camino que ojala algún día les sirva a cualquiera que como yo sea un poco curiosa, aprendiza de la vida, y, le haga conocer mejor que yo a los demás.
Me propuse hace muchos años tener el corazón libre. Libre de todo mal, sin pensar en venganzas, en odios, en envidias. Libre, simplemente para hacer el bien. Porque todos podemos hacer bien a los demás. Siempre que sepamos escuchar cada latido de nuestro pequeño órgano, como si estuviéramos escuchando la mejor música clásica que existe. Cuando todo eso pasa es porque está libre, como el pajarillo que vuela cerca de las nubes.
¿Para qué aparentar? ¿Es importante? ¿Aparentar qué? A veces se aparenta aquello que no se es. Porque también hay que saber aparentar con elegancia, con sabiduría para poder engañar al que se tiene enfrente. Sin darse cuenta que lo más importante en la vida es aquel que sin mediar palabra deja entrever el hermoso tesoro que lleva en su interior, que a veces es tan grande que tapa la verdadera persona, sin dejar ver la belleza, o fealdad de su cara. El interior es lo único que realmente cuenta. Pero ¿quién escudriña en ese lugar?
Realmente mira ese interior aquel que realmente es nuestro amigo. Aquel que siempre está junto a nosotros, en lo bueno y en lo malo. Aquel que corre al saber que nos pasa algo, sin perder tiempo, porque lo primero es acudir para conocer el mal de cerca. El mal o el bien.
Luego están los que se llaman amigos y simplemente son para las fiestas,  y ya no digamos los que mintiendo, quieren demostrar lo que no son ¡Los que no tienen tiempo!
Qué hermoso, que paz nos queda al hacer esas buenas obras. Saber de un amigo, estar cerca en ese momento, escuchar o dar una palabra de aliento en ese justo segundo de la vida. Sonreír a su lado, quitando hierro a todo aquello que nos parecía un problema, pero visto al lado de alguien que te ha dado la manos se ve de forma distinta, en algo trivial. Porque siendo libre siempre se busca esa maravillosa flor para ofrecérsela con un beso. No hace falta estar atada a nada. Tampoco ver ese velo negro que rodea a veces los cuerpos.
Flores de mil colores, de mil aromas, de mil deseos. Para que todo se realice sin sueños ni fantasías. Dando el salto preciso para no caer en el precipicio. Y de esa forma no llorar por perder algo que no era lo que nosotros nos merecíamos y que a lo mejor no hemos tenido la suficiente capacidad para ver aquello tan grande que teníamos cerca. Que nos daban todo su amor, amistad y cariño, sin nosotros corresponder.
Entonces ha sido cuando mejor hemos vivido, cuando hemos llenado nuestras alforjas de comprensión, y que nos ha ayudado para llevar a cabo todos nuestros sueños, para seguir pasando desapercibida y de esa forma poder entregar  aquellos sentimientos limpios y puros, sin importarnos el perder o ganar. Pensando bien, que ya hemos ganado porque se ha podido conocer lo que creíamos que no existía. Eso lo hemos podido entender o ver estando en un silencio profundo, reflexionando y estando en paz y entonces escuchamos todo lo incomprendido para llegar a perdonar a todo aquel que lo merezca. Olvidando el mal o dolor sufrido.
No hay nada más hermoso que expresar de puño y letra, marcando cada línea con nuestros sentimientos, siempre que sean limpios, puros.
Tengo que dar las gracias a esa verdadera amiga que me envió ese tan hermoso regalo sin pedir nada a cambio. Simplemente una sonrisa y mi más sincera humildad que yo se la entrego sin condición. Gracias querida Begoña.

Higorca


martes, 5 de junio de 2012

EL NIÑO ESCARABILLERO

Acuarela: Higorca


Se quedaba absorto mirando a su alrededor. El escarabillero, solamente era un niño. A sus ocho años ya sabía muy bien lo que era pasar hambre. Desde que era un bebe las necesidades de su casa eran tremendas.
Era los años de la posguerra en España, había poco dinero, poca comida, poco de todo. Si además el cabeza de familia era un poco inestable, todavía era más difícil la vida.
Por eso en aquella casa todos los miembros de la familia desde que apenas empezaban a balbucear debían arrimar “el hombro”. No importaba niño o niña. Lo más importante era comer y para eso era necesario tener un poco de dinero, y para conseguirlo había que trabajar.
En el lugar donde vivía aquel niño, se explotaban unas minas de carbón. En  aquella época era una energía necesaria. Era el medio que más se utilizaba para guisar, y para calentarse en el frío invierno que por aquellos montes tenían.
La familia no tenía dinero para comprar aquel preciado mineral. Solamente había otra forma de poder obtenerlo, y además poder vender a todos aquellos que lo necesitaban y se lo pedían. Una buena forma de conseguir unas monedas y poder adquirir un poco de comida.
Después de desayunar (Cuando había en su casa leche, que no era todos los días) la madre de Luisito, lo lavaba y lo peinaba. Eso ¡sí! Ya que era imprescindible enseñar una educación a los hijos aún siendo muy humildes. Así después del aseo su madre lo mandaba a escarabillear a  la puerta de la mina o por los alrededores.
El niño cogía una espuerta de esparto que pesaba más que él y arrastrándola se iba a buscar aquellos pequeños trocitos de carbón. Era cómo migajas de aquel negro combustible. Así pasaba toda la mañana para volver al mediodía a casa donde poder comer un plato de arroz con una patata, la más de las veces sin ningún tipo de grasa, ni aceite.
Por la tarde la madre vendía la parte más importante de aquellas pequeñísimas piedras que cuando estaban al sol brillaban intensamente, tanto que se podían confundir con pequeños brillantes ¡qué suerte hubiera tenido aquel niño de encontrarse un trozo de aquella preciosa piedra! Pero la realidad era otra muy distinta. La pobreza reinaba en su humilde casa.
Su madre nunca le llevaba sucio, y mucho menos con manchas. Aún con los pantalones llenos de remiendos, los planchaba.
Cuando otras personas le daban ropa ya usada, ella con todo cariño y por las noches, descosía aquellas piezas y los ponía a medida de su hijo. Pantalones, camisas y muchas veces abrigos o chaquetas.
Luisito se daba cuenta de ello y ayudaba todo lo que podía ya que su padre pasaba largas temporadas fuera de casa y nada se sabía de su paradero. Mientras que su madre lavaba ropa de los lugareños. La avisaban para que pasase a recogerla. Ella tenía que ir a un lavadero que había en las afueras de aquel pueblo y en invierno rompía el hielo para poder lavar. Llegaba a casa con las manos moradas de tanto frío. Una vez seca toda la colada, la planchaba y entregaba a cada casa, sus prendas.
Era una vida muy dura. Luisito casi no tenía tiempo para jugar, pasaba largas temporadas sin ir al colegio. Cuando no hacía una cosa era otra, pero lo importante era esa pequeña ayuda que él aportaba a su casa. A su madre, que tanto quería.
Una mañana de aquel verano intensamente caluroso. Unos cuantos chicos llegaron a la boca de la mina, todos llevaban una cesta o cubo para llevar el carbón a su casa, se conocían y jugaban muchas veces en la calle con las canicas o simplemente con un trozo de madera que, según ellos era la espada.
Al lado de la mina había un río ¿Un río o un pantano? Normalmente no había ningún peligro. Muchas veces se bañaban y jugaban dentro del agua. También aquella mañana, decidieron que se bañarían siempre se tiraban por las paredes del embalse como si de un tobogán se tratara. Los niños se reían y hacían carreras para ver quien llegaba abajo y luego subía antes.
Aquella mañana cuando el primero de ellos, que era Luisito, por ser el más atrevido, estaba ya abajo, abrieron las compuertas y el agua contenida salió con una rapidez impresionante. Los amigos miraron a ver si su amigo que se encontraba en el fondo se veía. Era imposible, y Luisito no podía salir, parecía como si un pozo se lo quisiese tragar.
Miraba para arriba y veía una luz muy blanca. – Creo que durante un buen rato. - O ¿fueron minutos, segundos… y a él le parecieron horas? Escuchaba a lo lejos como sus amigos que lo llamaban. Fue agarrándose a las paredes y guiado por la luz y los gritos fue saliendo. Cuando ya llegaba arriba noto como unas manos tiraban de él. Extenuado cayó al suelo sin sentido y completamente morado.
Fue difícil hacer que volviera en sí. Los amigos seguían y seguían moviéndolo para que les hablara, no se atrevían a correr para ir a pedir ayuda, tampoco querían que se enteraran sus madres. Al final el niño volvió en sí, abrió los ojos y miro a su alrededor, sin pensarlo se puso en pie y se encamino a su casa.
Aquel día llego tarde y sin carbón. La explicación que dio fue que no había encontrado ninguna de aquellas piedras. No quiso comer, no podía. Pidió  permiso y se acostó ¿qué raro? Pensó su madre.
La realidad es que nunca llego a enterarse de lo ocurrido. Luisito creció y se cambiaron de región. Pudo ir al colegio y aquello quedo en una tremenda aventura que le causo un fuerte trauma, jamás se acerco al mar.

Higorca