Dibujo realizado por Tania
Cuando Alejandro me propuso
preparar un acto en Las Tablas de Daimiel, no lo pensé. Me explicó lo que
querían, me pareció muy bonito. Sería un acto de poesía, música y convivencia.
Un acto reivindicando ese hermoso lugar. Y bien digo ¡hermoso lugar!
Aunque no soy de la tierra,
amo los lugares donde he vivido, y, convivido, donde he pisado, y compartido
horas y parte de mi vida.
Alejandro del Moral director
del Centro de Interpretación. Gran apasionado de todo lo que se llame naturaleza.
De todo aquello que huela; a tierra, o mar, a cuevas, aún siendo bajo las marismas.
Sabe bien cuánto me gusta pasear por esos maravillosos “caminos”
Desde la primera vez que las
conocímos sentí algo dentro de mí. Era estar en un lugar para soñar. No importa
escribir de nuevo, sentir en mi interior el regocijo de adentrarme en un mar
distinto donde tanto me inspira, en el que he tenido la gran suerte de poder
pintar un buen puñado de obras.
Caminar por ellas es sentir
el vuelo intenso de la cigüeña negra que va buscando la comida necesaria para
alimentar el polluelo que la está esperando con el pico abierto en el nido.
Esperando ver las hermosas
grullas en movimiento. Mientras me quedo escondida entre los hermosos y vitales
Tarayes, esperando ver como los flamencos hacen su paseo picoteando el
subsuelo. Los tranquilos patos en familia, o lo que es lo mismo la mamá pata y
tras ella su pollada, cuatro o cinco pequeños y aún “plumíferos” hijos que la siguen a la espera de encontrar un refugio
para no ser un exquisito bocado de las rapaces. Todo ello da vida a ese enorme
“charco” manchego.
Miles de insectos alrededor
nuestro mientras seguimos andando mirando y admirando a través de los rayos
solares que además de dar calor nos
ofrece la luz para poder contemplar a placer los caballitos del diablo de
hermosos y brillantes colores. Mientras, entre ellos las libélulas danzan en
busca de los carrizales.
Pequeñisimas mariposas
azules, y, otras más grandes, brillantes, de mil colores, y, allá sobre un hermoso
cardo “morao” puedo ver como se
acerca una inmensa y extraña criatura de la misma especie pero de color negro
¡qué maravilla! Sin el menor movimiento para no molestar nada, me quedo
embobada al ver como emprenden el vuelo danzando con su inigualable baile.
En las barandas o
quitamiedos que hay en las pasarelas, por dónde pasear en su interior, encontramos
en los rincones arañas de patas largas, o las otras de mucho cuerpo y pocas
patas, tejen su tela para preservarse de nosotros los mortales que vamos
destruyendo todo aquello que tenemos a nuestro alcance.
Al mismo tiempo veo que una
cabeza roja, preciosa me está mirando al mismo tiempo que nada delicadamente
buscando refugio. Es el pato "colorao, expresionista pincelada de color en el
agua amarilla-verde del humedal.
Silenciosamente una nutria
se esconde para no ser vista, mientras descubro unas pisadas de jabalí, que al
caer la tarde cuando ya no queda apenas luz natural y el cielo se puebla de
estrellas, sale de su escondrijo para pasear por todo el parque.
¡Hermoso paseo por mi lugar
preferido! Da igual el invierno, que el otoño, la primavera o el verano. Al
amanecer o al mediodía, o esos atardeceres, ocasos que enrojecen el cielo con
enormes pinceladas, mientras los árboles autóctonos como son los Tarayes van
cambiando de color, dando replica a tantas otras plantas como se pueden
encontrar en Las Tablas de Daimiel.
Triste y doloroso aquellos que quieren confundir con odiosos protagonismos a las personas,
anteponiendo el bien hacer de los lugares para propios méritos.
Las Tablas de Daimiel, no es
un lugar vetado, todos los mortales pueden pasear por ellas, cuidando y amando
el ámbito natural como si se tratase de un hermoso santuario.
Higorca

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