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| dibujo: Higorca Gómez |
Cae la noche
y un aroma a flores sube hasta el cielo. Azahar, jazmín, rosas. Todo ello en
los campos malagueños, anunciando la primavera. Esa primavera rota por tambores
y cantes dedicados a Cristo que lo han prendido mientras rezaba en el monte de
los olivos.
Campos donde
se pierde la vista mientras podemos contemplar: limoneros, naranjos o
mandarinos. Con sus ramas cargadas de flores que junto al jazmín, y a ese aroma
salado, de ese mar que besa la arena dorada de las playas. Todo ello en
conjunto eleva su aroma hasta el cielo, dando un toque de almizcle a toda la
tierra de Málaga.
Hace frío y
las gentes, desde muy temprana hora de la tarde se preparan. Espera con
paciencia. Unas sentadas, otras con menos suerte tienen que estar las tres
horas largas hasta que salga la procesión, en pie firme ¡No importa! Es la fe.
Esperan ver como sale su Cristo, o la Virgen de la Soledad. También después más
tarde la Virgen de la Esperanza les acompañara.
Y algunos
corren de un lado para otro para poder llegar a tiempo de ver todos esos
encuentros con la máxima devoción.
Música de
tambores, de cornetas. Toques que resuenan. Al oírlos la piel se eriza. Ya se
preparan, la gente está muy entera, sin importa el frío, las horas. Nadie se ha
preguntado si han comido. Mirando sus caras nos damos cuenta de quién es cada
quién.
Silencio
sepulcral, misterioso. En las aceras. La noche tiembla. Esos cantes, esos
rezos, esos toques de trompeta. Y… llega, va llegando en hombros de una centena
de hombres que lo llevan a cuestas, y al paso de la legión bailan a ese su
Cristo. Su Cristo de Mena, o lo que es lo mismo: Cristo Crucificado.
Miramos su
cara y parece decir… Silencio, seguir la plegaria. Una cara triste y a la vez
me parece humana. Pienso que los años pasan y cada uno de nosotros conoce el
momento, ese momento en el que vivimos. Volvemos la cabeza para atrás y nos
damos cuenta que desde que el mundo es mundo, siempre ha sido más o menos
igual.
Se ha matado
muchas veces por matar, por envidias, por egocentrismo, y sobre todo por la
incultura, o dicho de otra manera por tener la mente pobre. Pero eso sigue
igual: las mentes pobres, las envidias y el ego. Y, si ahora en algunos lugares
no matan con “fuego”, matan de otra manera.
Eso fue lo
que más o menos le paso a Jesús, más tarde alguien le dio los poderes de ser
Jesucristo y llevar detrás de Él un buen puñado de gentes siguiéndole.
Pero en la
noche fría del Jueves Santo en Málaga, viendo tanta fe entre todas aquellas
personas me pregunté ¿Fe o espectáculo?
Eso sí, sea
lo que sea es algo distinto, como si la muerte rondara envuelta en aromas y
olores, escondida entre mantillas y uniformes militares, entre la Legión y la
Marina, La tierra y el Aire.
Málaga tiene
algo especial, distinto. Tiene “ese no sé
que” envolvente, “qué da que”
pensar, que nos llena de dudas y al mismo tiempo con la incertidumbre de saber
quien tiene la llave de la verdad.
Higorca

2 comentarios:
Veo que te han impresionado mucho las procesiones de Málaga. Te han hecho reflexionar mucho.
Matar a Cristo es tremendo. Pero después viene la Resurrección. Y eso es esperanza, luz, seguridad de otra vida llena de paz, belleza, felicidad.
Un abrazo fuerte
Qué buen relato, qué buen dibujo. Hace mucho que no nos contactamos, interpreto que tienen mucho trabajo.
Besos a los dos.
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