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| Dibujo: Higorca |
Los dos jóvenes iban paseando y
mirando cada uno de aquellos escaparates. De vez en cuando entraban dentro de
la “tienda”.
De nuevo salían a la calle y seguían
con su deambular por las ruas parisinas.
Era primavera y los árboles
estaban en plena “ebullición”, miles de hojitas apuntaban dispuestas a
despertar de nuevo a la vida.
Como las hojas y los pajarillos,
la pareja, celebraba también la nueva estación. Caminaba con una carpeta bajo
el brazo. Repleta de dibujos y bocetos, pero sobre todo con grandes ilusiones,
y con ganas de triunfar.
Triunfo, difícil palabra, difícil
“historia”. ¡Triunfar! ¡cosas de la juventud!
Habían trabajado durante todo el
frío invierno. París en esa época del año es más bien gris, y el frío además de
intenso es bastante húmedo.
Ellos con todas las ganas de dar
a conocer sus obras habían puesto esas notas de color en cada uno de sus
trabajos. En cada una de las acuarelas.
Se tenía que trabajar y estudiar
mucho. Ellos, se podían llamar dichosos, sus maestros en la capital de la luz
eran grandes pintores, sus firmas ya se cotizaban. Eran maestros en lo técnico y
sobre todo alimentaban la moral.
Algo muy necesario cuando empiezas
en un campo difícil, muy difícil.
- Tenéis
que luchar, saber que no es fácil este mundo, pero trabajando mucho y conformándose
con poco, se sobrevive.
- Además
que no se os olvide nunca, primero hay que ser persona, no perder el respeto,
luego artista.
Aquellas palabras venidas de
maestros eran algo muy importante. Y ellos les respetaban mucho, ya habían
pasado por Bellas Artes y esto era un compendio para poder tener más
preparación. Aún así, seguían siempre su
consejo.
Ahora, les habían dado permiso para visitar
aquellos marchantes, aquellas galerías más o menos importantes que se
prodigaban por Saint Germain.
Aquello era agonizante, pero a la
vez apasionaba a la mujer. Eso enseñaba, eran, como las críticas de los
grandes, aunque a veces se
“pasaban” y se quedaban algunos de aquellos dibujos por cuatro francos, que solamente se podía sobrevivir con un poco de pan y algo más. Eso siempre dando gracias porque si se los quedaban quería decir que eran bastante buenos.
“pasaban” y se quedaban algunos de aquellos dibujos por cuatro francos, que solamente se podía sobrevivir con un poco de pan y algo más. Eso siempre dando gracias porque si se los quedaban quería decir que eran bastante buenos.
Tampoco había que hacerse
ilusiones, pero sí, ellos estaban contentos. Salían de la galería y calle abajo
iban a parar al estudio de Le fevre, y justo en la parte de arriba estaba otro
de aquellos interesantes estudios taller. Eugene de la Croix.
“Casi nada”, ellos siempre se
escapaban y miraban con atención cada una de aquellas maravillosas obras. En sus
conversaciones decían ¿Cuándo llegaremos a pintar así?
Paso el tiempo y siempre
caminando por las calles de aquel París, maravilloso y único. Todos unidos en
sana amistad. Tenían su punto de encuentro en la plaza de los pintores, en
Montmartre. El monte dedicado a Marte. El día que vendían un cuadro más grande, valía
más, era más dinero. Y entonces era fiesta para todos los amigos.
Sacrificio y amor a un trabajo,
siempre estudiando y aprendiendo. Hoy todavía piensan, ya no por las calles de
un París distinto, que aún no han llegado a ser como aquellos profesores que
tanto les enseñaron, que tanta paciencia tuvieron con ellos. En sus recuerdos
queda el buen sabor de unos años difíciles y a la vez preciosos.
Higorca

2 comentarios:
Debió de ser una época preciosa de tu vida. Aunque siguen conservando un corazón joven,cosa muy importante.
Un abrazo fuerte
Hermosa poesía, fiel reflejo de una época. Me encantó, hermoso dibujo. Gracias por publicar. Besos
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