Cada día encontramos menos
personas mayores en casa de los hijos. ¡Claro! Siempre que no estén perfectos y
puedan servir de ayuda a los mismos, ayuda para cuidar a esos niños, que ahora
ya son sus nietos, y, que los abuelos adoran con toda su alma, ellos, son los
que les dan la vida en muchos de los casos.
Y los llevan, los traen,
les dan la comida, los visten, y un largo etc..
En otros casos los hijos no se dan cuentan que
son personas “mayores” y algunas veces “seniles” (siempre según ellos, claro)
pero los estrujan hasta cansarlos egoísta mente.
Pero esos se pueden llamar
afortunados ya que la mayoría de las veces podemos comprobar y ver llorar a
muchos de ellos que se encuentran solos, tristemente solos. Los hijos dicen que
no pueden estar en sus casas, trabajan los dos y claro, es mejor la residencia,
o la soledad, o la soledad estando acompañados.
Cuando los hijos han
crecido y se han independizado se olvidan de aquellos que un día los trajeron
al mundo. Bien mirado esos hijos no pidieron en ningún momento venir. Eso
también es verdad, pero los padres han pasado muchas horas de su vida viendo
como crecían, como se hacían personas, les daban su cariño, sus pequeños
ahorros para que pudieran ir a una buena escuela, o seguir estudiando. Si estaban enfermos, no se movían de su
almohada, y otras veces dando y haciendo
los máximos sacrificios, perdiendo a veces sus caprichos para darles lo mejor a
ellos.
Y ahora casi no se
acuerdan de ir a verlos, de una llamada, de una navidad, o año nuevo ¿qué más
da?
- Ellos
ya no se dan cuenta ¡están un poco seniles! – Dicen los hijos.
Qué tristeza ver y oír esas cosas, saber que están cerca y no
poder darles un abrazo y recibir un beso. Así estamos ahora, todos “trabajando”
y no hay tiempo para ellos.
A todos esos padres que
lloran en soledad buscando una caricia. También a los hijos que olvidaron a esos
padres, les quiero dedicar este poema con mi mayor cariño y respeto.
¿DONDE ESTAIS HIJOS?
Camino
y no veo, busco en tinieblas.
Limpio
mis lágrimas con frecuencia.
No lloro,
extraño, nadie tengo…
La soledad,
el silencio, el frío…
Ese frío
que me consume,
aun siendo
pleno verano
¡Es el
frío del alma!
Cuando
solo queda soledad…
Nada espero,
porque nada tengo,
di todo sin esperar nada.
Ahora
contengo mi aliento,
para que
esas lágrimas amargas
no asomen
a mi cara.
Me pregunto
cada día
Cuando
amanece el alba
¿Dónde
estáis hijos del alma?
Nadie
me contesta
Simplemente
un suspiro,
que se
escapa sin querer de mi garganta.
Para repetir
una y otra vez
¡Ay hijos,
mis hijos del alma!
Higorca

1 comentario:
Yo creo que es imposible olvidarlos. Ellos son nuestras raíces; nos han enseñado a amar, a luchar. LO han dado todo, sin presumir de hacerlo y se han callado el dolor cuando en algo les hemos herido.
A ver si recobro mi ritmo porque estoy algo lenta y perezosa.
Un abrazo fuerte
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