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CONCIERTO DE MORENTE

LA EPIDEMIA AZUL

LA EPIDEMIA AZUL
Portada: Higorca

jueves, 22 de septiembre de 2011

EL DÍA DESPUÉS

Llora y ríe el payaso ante el dolor, dibujo de Higorca

Recuerdo aquel primer día, la mire a los ojos y vi algo extraño en aquella mirada.
Note que ya no tenían brillo, se habían marchitado. No tenían la alegría de siempre, me parecieron totalmente redondos, tristes, y lo peor de todo; estaban vacíos.
Me quede mirándola fijamente quise llamar su atención, no hacía caso, me acerque y le di un beso. Fue entonces cuando me miro y dulcemente me sonrió.
Así me di cuenta que a partir de ahora estaría a mi lado sin estar.
No quería que me viese llorar, debía ser fuerte ayudarla siempre pero sin que ella se diera cuenta que la estaba súper protegiendo, también sabía que a partir de ya, dependería constantemente de nosotros.
Me acerque y la abrace fuertemente dándole un beso en aquel cabello blanco como la nieve ¡qué guapa eres! Pensé para mis adentros, admirándola todavía más.
No había duda, el neurólogo confirmo los temores. Era Alzheimer, una enfermedad que perdura al tiempo, que no mata, se aferra a ti y te la llevas contigo porque así de cruel es.
A veces al hablar con la abuela nos parece que se han equivocado, recuerda unas épocas pasadas, años de su juventud, de sus padres, y en cambio no recuerda quien es ella ¡Qué extraño me parecía entonces! Y así empieza la lucha, una lucha diaria, de día y de noche, siempre, titánica, y, aquella persona adulta es como si retrocediera hacia la infancia.
Pasaba el tiempo, cada vez la veía más guapa, me gustaba ayudar en el baño, y peinar su cabello suave y fino, un poco rizado, lo llevaba corto, era como le gustaba a ella. La vida seguía, y ella a nuestro lado. Muchas veces se resistía a comer, y le cantaba, la engañaba con la cuchara, se reía, pero era la única forma de lograr alimentarla, también era una buena manera de pasar el rato con más alegría. Le gustaba que le diera besos, que la abrazase, que le pusiese colonia, y que le cantara, sobre todo eso, que le cantara.
Cada día iba perdiendo un poco; todo cambio a nuestro alrededor. Antes venían amigos a vernos, pero con el paso del tiempo cada vez menos, decían que les daba pena. No se paran a pensar que se necesita compañía, que los que cuidan a ese tipo de personas, también sufren, sienten el dolor en su propia carne.
Y… llego el día en que ya no podía caminar, la levantaban y la sentaban  en su sillón favorito y allí estaba con su mirada pérdida, sus brazos inertes, y sus piernas como si fuesen de trapo.
A veces la miraba desde una esquina del comedor, habían pasado unos cuantos años desde que empezó la enfermedad, y no era ni sombra de aquella persona de una serena belleza, de piel blanca, terriblemente “pizpireta” que le gustaba arreglarse y presumir aun dentro de su casa, iba siempre impecable. Ahora estaba a merced de aquello que le querían hacer, daba pena ver como se estaba quedando, como se iba “gastando” lentamente.
Pero aún sonreía, cuando le daban de comer una papilla de Maizena con un poco de cacao en polvo, le gustaba, yo bailaba y, cuando no se daba cuenta le metía la cuchara llena y al final se la tragaba, luego me miraba y sonreía de una forma autómata.
Pero lo peor fue su última mirada, no la olvidaré, en el momento de decir adiós tuvo un momento de lucidez, parecía querer decir gracias por todo, pronuncio el nombre de su marido y expiro.
Mis últimas palabras para ella fueron: gracias abuela por quererme como lo has hecho.
Así un caso, otro y tantos otros como hay, una enfermedad dura, cruel, pero ¿nos acordamos de aquellos que están a su lado cuidándolos? Ellos también necesitan de esos cariñosos momentos, el decir descansa que me quedo yo a cuidar ¿Lo hacemos? Espero que reflexionemos y que al preguntar por aquel que esta con una enfermedad mental, pregunte también por él o la cuidadora.
No hace falta que sea el día mundial del Alzheimer para evocar estos pasajes, todos los días del año es bueno para dar una palmadita de cariño en la espalda de aquel que está a su lado.
También es imprescindible que cuando notemos algo, el ir rápidamente al médico, cuanto antes, ahora, es mucho mejor, lo que pasa es que a veces no nos damos cuenta con tiempo de aquello que tenemos cerca o ¿Nos parece que a nosotros no nos va a pasar?
Hoy es el día después, pero siempre es bueno para recordar con cariño a todos aquellos que padecen este tipo de problema y para los que con tanto amor y dedicación los cuidan.

Higorca

1 comentario:

Montserrat Sala dijo...

Que bonito post. Y cuanta delicadeza pones en estos temas. Creo entender que la abuela, no era tu familia, sino que la cuidabas para aligerar el peso a sus cuidadores o hijos. Y esto dice más a tu favor. Ya lo sabia
pero esto me lo confirma mas.
Graacias por ser tan buena porsona. Un abrazo. el power-point de Noruega precioso. mas gracias.