Acuarela de Higorca
Los días pasan raudos. Claro
que… pensándolo bien, para algunos de nosotros. Para otros las mismas horas
pasan mucho más lentas, más tristes. Esa es la razón por la cual ¡no
todos los días “amanecen” igual para todos!
Después de estar varios días
sin ver la “pantalla” o lo que es lo mismo las noticias del mundo, mis ojos
tropezaron con un devastador tifón que se ha llevado por delante todo lo que se
interponía en su camino.
Pude ver los niños solos,
llorando, implorando llamando a su madre. Sus caras llenas de lágrimas, algunos
casi desnudos, y la mayoría sin zapatos con que poder caminar por unos suelos
llenos de lodo, agua y quién sabe qué.
Sus lágrimas hoy corren por
sus mejillas sabiendo que se han quedado solos. Esa madre que ayer les ponía su
comida y les acariciaba, les daba un beso y aliviaba sus dolores, hoy, no
están.
Tienen hambre, sed, frío,
soledad y dolor. Ellos los niños son los que más sufren ante todas las
adversidades de la vida. Seguramente en su infantil cabecita se preguntaran
¿ahora qué? ¿Quién cuidara de nosotros?
Ese es otro problema añadido
¿qué pasará con ellos? Cuando pasan estas desgracias son “carnaza” para
desaprensivos que no piensan en otra cosa que en hacer el mayor daño posible.
Unos desaparecen, otros son
vendidos impúdicamente para cualquier sucio y desaprensivo negocio que al final
nunca tiene castigo. Tristes noticias las que nos han llegado estos últimos
días de Filipinas.
Otra vez he podido ver niños
a través de alambradas sacando sus pequeños bracitos pidiendo un trozo de pan o
un vaso de agua, algo tan simple como eso y no lo tienen, ya no les queda nada,
solamente esperar para saber lo que les aguarda.
Me pregunto yo ¿si sus casas
no hubiesen estado hechas de madera se habrían hundido? En su cara se podía ver
reflejada la pobreza, gente humilde, que poco poseían y ese “mal aire” les ha
dejado sin nada, en la más triste de las miserias.
En su mente una cosa les
mantiene vivos. Salir del infierno en el que se ha convertido el lugar donde
estaba su hogar. Correr a una nueva tierra dónde empezar de nuevo, dónde estén
a salvo de esas inmensas olas que significan la muerte.
Nos preguntamos ¿alguna vez
nos dirán la verdad de cuántos muertos han quedado en el espeso y negro barro?
Higorca - Reservado los derechos de autor

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