Acuarela, Higorca Gómez
Galicia, “Terra
Nosa”. Dice una canción gallega. No se equivoca, es tierra acogedora
para todos aquellos foráneos que llegamos con ansías de encontrar unos días de
descanso y relajo, fresquitos en la calima dura del verano peninsular.
Sus gentes recias de mar. Trabajadores, “faenantes”, navegantes, que salieron en busca más allá de los
mares la riqueza.
Tierra abierta besada por
olas azules rizadas por espuma blanca que hablan de poemas, de grandes poetas.
De mujeres valientes, sin miedo a nada. Acostumbradas a trabajar solas ya que
sus maridos, hermanos, o padres están embarcados y navegan por alta mar durante
meses.
Costa escarpada, rocas que
miran al mar, rías que como lenguas entran tierra adentro besando a su paso
todo lo que encuentran. Así hasta llegar a Fisterre, que dicen y dice que es el
fin de la tierra. Hay que atravesar el océano para encontrar otra dónde pisar.
Pero antes de llegar, a
mitad camino entre Pontevedra y Santiago una mujer, “una muller”, alzo su voz
“años
ah” para plasmar en papel los sentimientos que llevaba dentro. Así
expreso Rosalía de Castro sus pensamientos:
A través del follaje perenne
Que oír deja rumores extraños,
Y entre un mar de ondulante verdura,
Amorosa mansión de los pájaros,
Desde mis ventanas veo
El templo que quise tanto.
El templo que tanto quise...
Pues no sé decir ya si le quiero,
Que en el rudo vaivén que sin tregua
Se agitan mis pensamientos,
Dudo si el rencor adusto
Vive unido al amor en mi pecho.
Que oír deja rumores extraños,
Y entre un mar de ondulante verdura,
Amorosa mansión de los pájaros,
Desde mis ventanas veo
El templo que quise tanto.
El templo que tanto quise...
Pues no sé decir ya si le quiero,
Que en el rudo vaivén que sin tregua
Se agitan mis pensamientos,
Dudo si el rencor adusto
Vive unido al amor en mi pecho.
Quizás demasiado adelantada para una época dónde la palabra “mujer” era algo distinto, o ¿en Galicia no? Creo que puso una bandera para nosotras.
Y… en las Rías Baixas sobre
un montículo, un gigante esta “ojo avizor” cual vigía a todo aquello que pasa a su
alrededor. EL MONASTERIO DE POIO. Un enigmático lugar. Piedras milenarias, cargadas
de historias, de misterio porque quizás “haberlas hailas” “meigas y brujas”, y legos
que también entre ellos se encuentran como grandes creyentes, que sirven a un
buen Dios.
El monasterio se levanta
sobre la roca que un día otros frailes edificaron. No podemos olvidar que los
siglos pasan y pasan sin remedio para todos nosotros. Y en esas piedras los canteros
también dejaron su huella al paso por un monasterio que aún hoy sirve para dar
cobijo a un puñado de frailes.
Misterio que al pisar cada
una de las piedras sé que estoy pisando alguna de las almas en pena, o ¿quizá
las salvaron aquellos que rezaron por ellas? Han pasado años, siglos,
en cambio todo sigue intacto en ese recinto gobernado por unos PP
Mercedarios.
También ellos acogieron a su
vuelta allende los mares para dar cobijo a dos grandes artistas: un pintor y
una poeta que siempre fue su musa.
Encontrando entre los muros todo el calor necesario.
Quiero recordar unos versos
de la poeta María García Lema, esposa del pintor.
PEREGRIÑOS
Peregrinos
que vais por el mundo
Llevando
un mensaje de paz y de amor
Peregrinos
sin patria y sin rumbo
¿querríais
decirnos en dónde
aprendiste
el arte divino
que
cura el dolor?...
Y por no ser menos
recordaremos a otra de las grandes con un soneto. Doña Emilia Pardo Bazán.
Considera
que en humo se convierte
el
dulce bien de tu mayor contento,
y
apenas vive un rápido momento
la
gloria humana y el placer más fuerte.
Tal es
del hombre la inmutable suerte:
nunca
saciar su ansioso pensamiento,
y al
precio de su afán y su tormento
adquirir
el descanso de la muerte.
La
muerte, triste, pálida y divina,
al fin
de nuestros años nos espera
como al
esposo infiel la fiel esposa;
y al
rayo de la fe que la ilumina,
cuanto
al malvado se parece austera,
al varón justo se presenta
hermosa.
Yo aprendiza de escribidora
me siento orgullosa de haber podido pisar sus huellas todavía vivas en el
camino. Huellas de unas hijas dónde el mar ruge con fuerza y entrega sabrosos
frutos.
Higorca, 1de agosto de 2013

No hay comentarios:
Publicar un comentario