¿Cómo
no hacer un homenaje a Marifé de Triana? (16-02-2013)
Toda
una generación hemos nacido y crecido con las
canciones de esta gran mujer. Digo bien, gran mujer, y gran cantante.
Cada
vez que sonaba en la radio su voz era como si la estuviéramos viendo. Nos parecía
una muñeca en el escenario, en cambio, era una señora, una gran señora, una
dama de la copla. Una dama que además era una sublime actriz. Era entonces, al
subirse en el escenario cuando se crecía al mismo tiempo que nos hacía vibrar, sentir
cada estrofa, cada verso. Solamente ella sabia dar, sacar la fuerza necesaria
para que a todos nos penetrara hasta el alma. Hasta el vello se ponía como
escarpias al oír esas bellas letras en su majestuosa voz.
Hemos
tenido muchas copleras, muchas cantantes de ese género que han ido pasando a lo
largo del tiempo. Pero Marifé unía, la voz a la interpretación. Podíamos ver, y
admirar su cara transformada, poseída, siendo la protagonista de esa historia
escrita en verso.
Su
sencillez, saber estar, y de una exquisita humildad, hizo que se retirara en
silencio. Sin hacer ruido, dando de esa forma más calor y color a una vida
llena de hermosas letras. Se retiro a su rincón favorito. Aunque sevillana de
nacimiento era una malagueña de hecho. Se ha querido ir como aquel que pasa de
puntillas para no hacer ruido, para dejarnos el sabor dulce de una serena
belleza, no queriendo hacer una tragedia, una despedida cruel.
Ahora
también Marifé descansa en ese mundo desconocido por dónde seguramente están
otra vez juntas, unidas esas hermosas voces que servirán para hacer coro a los
serafines que tanto podrán aprender de ellas.
Descansa
en paz maestra de intérpretes, de saetas que al aire saltan para que sean
recogidas por unas manos blancas y puestas como ramilletes al pie de esos
santos y santas, de ese Cristo que tú tantas veces le cantaste.
Higorca

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