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| Acuarela: Higorca Gómez |
Soñaba y mi sueño era tan
hermoso que al despertar me encontré con el más inhóspito “despeñadero”.
¡Voy a contar mi sueño! y
pensar que se puede realizar.
Voy equipada para recorrer
el mundo, llevo una mochila colgada a la espalda. Una mochila enorme. En la
mano izquierda una bandera blanca.
Despacio recorro países,
hablo, saludo, sonrío a cada uno que me encuentro. Me siento a su lado, y mientras,
escucho atentamente sus problemas ¿Quién no tiene problemas? El rico por ser
rico, el pobre por eso mismo, por su pobreza.
Observo, no necesitan nada
material, solamente eso ¡ser escuchado! ¡Qué importante es que nos escuchen!
Sobre todo a esas personas
mayores que en su soledad piensan en demasía, y a veces su tristeza es
infinita, ellos dicen.
Dicen ¡¡¡hijos, venid,
recordar, la soledad no es buena!!! Pero ellos no escuchan, no recuerdan que
tienen padres y que son mayores. Les pueden las riquezas, y con ellos cerca es
imposible atesorar
Sigo andando, viendo y escuchando
las miserias que a mi paso encuentro.
Me hablan de guerras. De
bombas, de minas escondidas en la tierra, por dónde pisan los niños, dónde a
veces juegan, pensando que son otra cosa ¡Seguramente no han tenido ocasión de
ver un juguete!
Las voy recogiendo y las
hecho en mi mochila que tiene un gran agujero. Voy dejando un reguero de rosas,
jazmines, margaritas y humildes violetas, hasta el cielo sube un dulce aroma, y
el aíre levanta los miles de pétalos que juegan y juegan mientras cantan y
trinan los alegres pajarillos al mismo tiempo que tejen una endiablada danza
las mariposas de mil colores que transforman los cielos, la tierra… La vida en
sí se transforma y todo vuelve a sonreír. Se oyen voces de niños y dedos
señalando tan alegre festín.
Sigo caminando y recogiendo
con mis manos toda clase de terribles armas, y sigo metiendo en la mochila todo
el dolor que produce, el odio, el rencor, la envidia…
Sigo soñando, no quiero
despertar, porque lo más bonito está por llegar.
¡Miro para atrás! y en el
suelo cada pétalo se transforma en pan, dulces, chocolate y bombones, en toda
clase de comida para poder alimentar esos frágiles cuerpos de tantos y tantos
humanos que están muriendo de hambre.
Con mi bandera blanca toco
los resecos campos, los deshidratados ríos y es como una varita mágica, empieza
a correr el agua. Todos beben de ella, es como una gran fiesta.
Ya no camino, bailo y al
mismo tiempo voy trazando espacios, pantanos donde poder aprovechar cada una de
las gotas. Simplemente esas gotas que recogen las hojas al caer la noche, y que
al amanecer resbalan con cautela para luego verlas correr por esas venas que
cubren la tierra y que son los ríos y canales.
Todo ello serviría para
alimentar y saciar la terrible enfermedad del hambre y la sed que al parecer no
importa a todos aquellos que tienen el estómago lleno de buenos alimentos y
mejores bebidas sin importar lo más mínimo los que famélicos mueren a diario
porque alrededor de ellos solamente encuentran bombas, hambre y miseria, dolor
y tristeza.
Quiero volar muy alto y
llegar hasta lo más profundo de las gargantas, abrir mi mochila y tocar con mi
bandera blanca.
No quiero palabras, ni
mítines, ni nada. Quiero decir con voz muy alta, paz a todos y para todos. ¡Que
no existan las armas! Todo es mentira cuando nos dicen que desaparecen las
fábricas. Que los políticos callen sus bocas, que trabajen en silencio para
mejorar el mundo, que no engañen, que cosan sus bolsillos para que no entre lo
que no es suyo. Que recuerden a los niños sin importar el color, ni la raza. Al
final todos somos iguales.
Blanco es el fondo del ojo
que nos iguala.
Enarbolo mi bandera blanca
que es la única que a todos abraza.
Higorca
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1 comentario:
Muy buenos deseos para un mundo egoísta.
Pero estoy segura de que si enarbolas tu bandera blanca también te encontraras con gentes que aparentemente no hacen nada sobresaliente y sin embargo son el apoyo y la solución para muchos problemas de los que sufren.
Lo que ocurre es que son silenciosos y efectivos, no pierden las fuerzas en las palabras sino que actúan con naturalidad y sin algaradas
Un fuerte abrazo.
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