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| Dibujo de nogalina, Autora: Higorca Gómez |
Aquel año había decidido
pasar las vacaciones en Madrid. Necesitaba conocerlo bien. Era un de las
capitales europeas que más me interesaba. Me habían hablado muy bien de ella. Edificios
con una larga historia, museos maravillosos, hoteles impresionantes y el
Palacio Real.
Había leído bastantes cosas
sobre el y necesitaba visitar aquellos enormes salones cargados de historia al
mismo tiempo con grandes obras de toda clase. Esculturas, pinturas, antigüedades,
y lo que más me impresionaba, el cambio de guardia.
La que más fama tiene es la
de Londres, pero también esta de España, de Madrid tiene un encanto especial.
Tenía que apurar bien el
tiempo, necesitaba empapar mis sentidos de cultura, de arte, de historia.
Me alojaba en un hotel cerca
de la estación de Atocha. Era el punto clave para desplazarme por todo aquel
mundo de arte plástico y buenos conocimientos. Primero desayunar, coger fuerzas
para que mis piernas tuvieran la fuerza suficiente para aguantar las horas que
yo deseara.
Mientras saboreaba aquellos
churros colgados en un trozo de ¿paja? O era una ramita especial de algún
arbusto desconocido para mi, en realidad es una ramita de junco. No era mi costumbre tomar chocolate con churros,
pero aquel día me “sabían” a gloria. ¿Quizás por encontrarme en esa ciudad? Posiblemente.
Mientras saboreaba aquel manjar pensé con rapidez en mi primera visita, sería
el Reina Sofía, aquel encerraba todo el arte moderno, contemporáneo, sería una
visita más rápida. A fin de cuentas a mi lo que más me interesaba eran los
grandes maestros del pincel.
Así que después me pase al
Thyssen. Después de comer entre en el monstruo del arte. El Museo del Prado. No
sé cual de aquellas salas me gusto más. Ni tampoco que obra podría elegir. Bueno
eso sí, hay muchas preferidas, pero una es para mí la obra cumbre. La familia
de Carlos IV del genio don Francisco de Goya y Lucientes. Me senté frente a ella
durante un buen rato. Era inmensa en todos los sentidos, supo reflejar el
interior de aquellas personas. Solamente aquel cuadro era suficiente para salir
de allí con el alma impregnada de buenas pinceladas.
Al día siguiente vería los
edificios más emblemáticos. Me encamine por el paseo del Prado, para seguir por
la Castellana, pero antes estaba Recoletos y su Café Gijón. Me senté en una de
las mesas para tomar un refresco y pensar, soñar en todo lo que allí se había “cocido”
entre los artistas de otras épocas.
Me pareció oír la voz de
algunos “escribidores”, o de algún que otro pintor que no tenía ni para un
café. Pero entonces, en aquellos tiempos del café Gijón todo era distinto.
Durante un buen rato soñé. Soñé
tanto que no me di cuenta cuando el camarero vino con aquel refresco que yo
había pedido_ perdón, señorita_ ooooh_ no me di cuenta_. Por favor voy a pagar,
que no se me olvide. Aboné la cuenta y empecé a sorber lentamente.
Pude ver frente a mi al gran
Alberti, a Dalí, Camilo José Cela, Francisco Umbral, Lucia Echevarría, y tantos
otros. Hubiera sido bonito compartir con ellos alguna de las tantas vivencias.
Camino por la Castellana y
llego casi sin darme cuenta junto al hotel Miguel Ángel, subo por la calle General Martínez Campos. El calor hace mella. De pronto me llega como un soplo de aire
fresco. Leo el letrero, Casa Museo de Sorolla. Una suave música llega hasta mí,
es el sonido de una fuente que deja caer su agua en libertad, soltando de vez
en cuando alguna gotita que al pasar por su lado te llega y alivia el tremendo
calor.
Un jardín bien arreglado nos
deja entrever que allí vivió alguien que amaba las flores. Entro en aquella
hermosa casa y todo en ella me dice, me habla, de un pintor que supo transformar
la luz de su tierra en bellísimas obras de arte. Un silencio inesperado dentro
del inmueble, mientras, en la calle un mundanal ruido agobia al viandante.
No es de extrañar que ese
maestro del pincel como fue Sorolla, se quedara largas temporadas a vivir en
aquella isla que transformo en un paraíso.
Me impresiona su obra, la
luz, el mar, los blancos puros que el maestro puso en cada una de ellas con
magistral sabiduría dejando la hermosa huella de ese litoral valenciano.
No puedo terminar aquí mis
vacaciones, volveré de nuevo a visitar Madrid, a recrearme en cada una de las
joyas que cuelgan de sus vías, de sus calles.
Higorca

2 comentarios:
Maravillosa crónica de un paseo artístico por Madrid.
Comparto por completo tu opinión sobre Sorolla, su obra y su casa.
Aquí si en París, visitando todo lo que puedo y cansándome como hacía tiempo no me cansaba y con gran pereza para subir las fotografías que he sacado de mis correrías pero voy a intentar hacerlo.
Hasta pronto y un abrazo fuerte
Gracias por este maravilloso viaje.
Sabes muy bien cuánto lo valoro.
Besos
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