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| Acuarela: Higorca Gómez |
El
frío se dejaba notar, el invierno era muy crudo. Hacía muchos años que no había
nevado y helado tanto. Las gentes del lugar no salían casi a la calle. Se
quedaban junto al rojo y confortable fuego de la chimenea.
Todas
las noches sentadas frente a la misma, una abuela le contaba historias. Cuentos a su
nieta.
La
niña, una mocita ya, le gustaban todas aquellas fabulas.
De
vez en cuando preguntaba si eran hechos reales. Unas cosas si, otras no. Le contestaba
la anciana, que a través de los años tenía un montón de anécdotas.
La
abuelita con las manos en el regazo se dispuso a contar de nuevo otra de
aquellas historietas que tanto le gustaban a la muchacha.
- Hace
bastantes años vivían en un pueblecito de pescadores un matrimonio joven. Ella
estaba esperando un bebe. Por aquel entonces no se podía saber si era niño o
niña. En verdad no le importaba, ya tenían otros. Solamente querían que llegase
bien a este mundo.
-
Ella, ya estaba bastante adelantada y
deseando que llegase pronto la hora. Un día su marido llego a la hora de comer
y le dijo cariñosamente.
-
Tengo
unos días de vacaciones ¿te gustaría que fuésemos de viaje? de esa forma la
espera sería mucho más corta y de paso visitaríamos a unos familiares.
-
Ella no estaba muy segura de querer hacer
aquel viaje, pero vio tan ilusionado a su marido que dijo que sí. Empezó con los
preparativos y disponiendo todo para emprender el viaje.
-
Así cogieron el tren para dirigirse hasta
dónde vivían aquellos familiares. El recorrido era largo y llegaron bastante
cansados. Ella, la mujer se acostó enseguida. En verdad estaba agotada y aquel
bebe que llevaba dentro de ella, se movía deprisa.
-
Seguramente
será del viaje (dijo) el tren daba muchos saltos y habían sido muchas horas.
-
Al día siguiente sin esperar la mujer se puso
de parto. Estaban afortunadamente en un lugar donde había un buen médico
acostumbrado a traer niños al mundo.
-
El pueblo era pequeño, pero muy rico en
metales. En minería. Por tanto no se carecía de nada. Eso le salvo.
-
El bebe venía de nalgas y tuvieron que utilizar los fórceps, al mismo tiempo que
abrir un poco la vagina para que pudiera salir. Con la gran suerte que el feto
era muy chiquitín y pudo sobrevivir.
-
Era tan pequeña aquella niña que tuvieron que
buscar una caja de botas de caballero para poder meterla, con mucho algodón y
debajo una bombilla. Pensaron que se iba a morir, al día siguiente la
bautizaron, era mucho mejor así, ya que la madre hasta que no pasaran por lo
menos dos días no podía marchar a su casa.
-
Pasaron esos dos largos días, llamaron un
coche que llevaba viajeros hasta otros lugares de España y prepararon el viaje
de vuelta. El bebe necesitaba estar en una incubadora, su sitio era Barcelona,
allí estaba su casa. Allí la gestaron, allí tenía que volver salva.
-
Llegaron y ya la estaban esperando, estuvo un
tiempo en la incubadora, pero pronto se dieron cuenta que aquella niña no iba a
morir.
-
Pasaron los años y tuvo que hacerse el carnet
de identidad. Cuando se lo dieron vio que nada coincidía con ella. La fecha de
nacimiento no era la correcta, se habían equivocado. Tampoco la iban a llamar
ese mismo nombre, y siempre se pregunto ¿Por qué pusieron ese lugar si fue todo
una coincidencia? Ella no conocía el lugar de nacimiento, simplemente estuvo
unas horas en aquel pueblo.
-
Claro que a fin de cuentas ¿Qué importaba? Todo
aquello, ella sabía toda la verdad.
¿Te ha
gustado? – le pregunto la abuela. La niña la miro con ternura. – Si, me ha gustado mucho. Debes seguir la historia.
Higorca

1 comentario:
Pero los demás no sabemos la verdad. Y necesitamos saberla. Aquí te esperamos para que nos aclares el misterio. Y no tardes tanto esta vez.
Un abrazo fuerte y hasta pronto..... espero.
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