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| Dibujo de nogalina/papel, autora: Higorca Gómez |
A veces no comprendemos
muy bien aquello que los demás quieren expresar con pocas palabras y de una
forma cantarina. No es extraño, cada uno interpreta lo que lee a su manera y la
poesía no a todos les gusta.
Desde que era muy niña, la
lectura me apasionaba, cualquier cosa que tuviera letras me servía, era feliz
con un tebeo, un cuento de hadas o un libro de poemas de aquellos que el abuelo
tenía en la biblioteca de su despacho. Aunque eso a veces me servía para
ganarme una pequeña regañina ya que allí encontrábamos libros de todas las
clases, y claro antes los niños teníamos algunas cosas prohibidas. Pero a mí
eso medaba igual ya que lo único que buscaba era el de poemas: Rosalía de
Castro, Gabriela Mistral, en aquella época a hurtadillas, Alfonsina Storni,
esta mi favorita. También el gran Antonio Machado, y, tantos otros que tengo
que dejar en el tintero por no hacer extenso este post.
Recuerdo que a través de
la radio podía oír recitar a María
Matilde Almendros, o, a Paco Valladares. Me entusiasmaba. Me quedaba delante de
la radio como si estuviera extasiada, luego cuando nadie me veía, cogía una
escoba me salía al jardín y con el libro en una mano y el micro (dígase la
escoba) en la otra, me ponía a declamar como una loca ¡¡¡Oh Dios!!! Que locura,
pero como cada una es feliz a su manera… luego llegaban: mi hermano, mi primo o
cualquiera que hubiera oído aquellas voces, y ¡¡tierra trágame!! Me subían los
colores y las trenzas se me erizaban.
Así fueron mis principios,
“empaparme” de letras, y, mancharme
de óleo y carboncillo del estudio del abuelo ¡era inmensamente feliz!
Más tarde al comenzar el bachillerato, en el primer curso que por
aquel entonces se llamaba ingreso. A decir verdad aquel curso era un repaso de
todo aquello que habías aprendido desde que se empezaba a ir al colegio. Y… nos
hacían leer algunos libros para después hacer la consabida redacción ¡me
gustaba! La primera vez que leí el principito a decir verdad no me gustó mucho,
repetí la experiencia y fue entonces cuando le cogí el “gustillo”. Lo he vuelto a leer unas cuantas veces más.
Y luego vino otro curso, y
otro… por aquel entonces yo era la “reina”
de la clase, doce chicos y yo sola en todo aquel “maramango” de actividades, y…, la edad, la edad del pavo que decían
por aquel entonces, y los chicos, salían con las chicas, como siempre ha pasado.
También se peleaban, igual
que ahora. Entonces venían a pedirme a mí, a la más pequeña de la clase que les
escribiera un poema, allí estaba yo, escribía y escribía. Lo peor es que les
gustaba y a mí no me costaba nada hacerlo.
Era la edad de la
inconsciencia, todo me parecía fácil y sobre todo divertido. En cambio ahora
miro y remiro, estudio y sigo estudiando la mejor manera de hacerlo bien. Ya no
digo perfecto ¿Qué hay perfecto?
Quizá la escritura. Tampoco.
Pero un poema ¿puede ser perfecto? ¿Acaso los sentimientos son perfectos? Quiero
reflexionar y sobre todo esperar a todos aquellos que quieran comentar.

1 comentario:
Perfecto no hay nada, puesto que el hombre no es perfecto.
La poesía es para mi un arte desconocido. Me maravilla que la gente piense y exprese sus sentimientos en una forma que, personalmente, me resulta tan difícil. Pero ya me gustaría ser capaz de saber expresarme de esa forma.
Que tal en Málaga?.
Supongo que ya estaréis de vuelta.
Un abrazo
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