Seguidores -- GRACIAS POR ACOMPAÑARME OTRO AÑO

CONCIERTO DE MORENTE

LA EPIDEMIA AZUL

LA EPIDEMIA AZUL
Portada: Higorca

viernes, 24 de julio de 2009

MIS GOLONDRINAS




Un día, al principio de verano, llegaron una pareja de golondrinas hasta el porche de nuestro jardín. Aunque estaba acostumbrada a ellas desde muy pequeña, siempre me ha hecho ilusión verlas llegar. Nos anuncian el buen tiempo, mejor la calor, el tórrido verano
Esta vez hicieron un nido nuevo, en un lugar maravilloso, yo desde mi sofá, las podía ver perfectamente, ir siguiendo todo el proceso, o trayectoría, algo apasionante y muy curioso.
Trabajaron su nido o casita de maravilla, naturalmente en barro, me recordaba las casa antiguas, las que estaban hechas con adobe, barro y paja; extraordinario.
Una vez que estuvo terminado, la hembra después de mil arrullos puso sus huevos y los cuido amorosamente, como solo una madre lo puede hacer, hasta que llego el feliz día del alumbramiento, rompieron las cascaritas y sacaron sus menudas cabezas. Cinco, cinco tremendos picos amarillos, pico mucho más grande que la propia cabeza en sí, me pasaba el rato mirando, en vez de mirar la televisión, me apasionaba ver como esas cinco cabecitas piaban y estiraban el cuello para pedir la comida, los padres, sin descanso iban y venían para llevar el aprovisionamiento necesario para aquellos incesantes e insaciables chiquitines.
Fueron creciendo, poblando de plumas aquellos cuerpecitos indefensos y pequeños, cada vez aquel tremendo pico iba quedando bien, en acorde con sus esbeltos cuerpos.
Pasados unos días más, los padres quisieron empezar a enseñarles a volar, a "caminar" por el aire, y, despacio, muy despacio sin prisa, fueron sacando a cada una de ellas de aquel "hogar" del nido donde habían visto por primera vez la luz.
Era hermoso ver como esos padres con paciencia, al igual que nuestros padres, iban aventurando cada día un poco más aquellos seres a salir al mundo, ahora ya no se quedaban sobre la puerta de hierro que es lo más cerca que ellas tenían, llegaban hasta la rama del árbol y esperaban que les llevasen el "sustento", pero a los padres no se les puede engañar y tiraban de ellas para que les acompañaran a buscar su propia comida. Me gustaba al llegar la noche como dormían todos en hilera sobre una viga de hierro, eso sí, siempre protegidos por el techo, hasta que un día ya los pequeños no volvieron; fue despacio, cada día uno. Todas se han ido para buscar su nueva casa, para formar sus parejas y crear de nuevo también ellas.
Ahora solo quedan los padres, mis golondrinas han volado, surcando los mares, cruzando las nubes. Ha sido una maravillosa experiencia poder ver como esas pequeñas cositas tienen tan entrañable corazón. Espero de nuevo otros polluelos.

4 comentarios:

Montserrat Llagostera Vilaró dijo...

Que bonito leer este escrito tuyo desde la Biblio. de 7 Aguas.Donde al salir a la calle de tanto en tanto las puedo contemplar.
Un petò ben gros.Montserrat

Montserrat Llagostera Vilaró dijo...

Higorca, te he hecho otro comentario, no se si saldrá.
Desde luego, me encanta esta entrada tuya en la que describes tan bien a tus golondrinas.
Un abrazo.Montserrat

Norma dijo...

Higorca, espectacular descripción de las golondrinas y su comparación con el humano. Qué bueno se ve tu jardín. Mi corazón de golondrina, hoy, se ha posado en una de las ramas de tus árboles, para no irse más. Besos.

Françoise dijo...

Une belle histoire ! ces hirondelles reviendront sûrement au printemps prochain.