Acuarela de Higorca Gómez
Sentada en la “atalaya” como si fuese un “arbitro” mirando atentamente mientras se
celebra un partido de tenis.
Testigo mudo del
ir, y venir de la pelota. Mientras el pensamiento también mantiene un ir y
venir de recuerdos y vivencias. Entre tanta maraña se va descubriendo la hebra
que al final de ella nos lleva a mirar de frente cada uno de los momentos por
donde pasa la vida ¡Las personas!
El ser mujer
siempre ha sido una verdadera partida de tenis. Idas y venidas por el mundo,
venteando de la mejor manera posible el quehacer diario.
Teniendo cuidado
con la raqueta del otro para poder ver hacia dónde va la pelota ¡Difícil
dilema! Por las otras mujeres, y, por aquellos hombres que se puedan tener
cerca.
Miro para un
lado de esa pista y me encuentro toda clase de: crisis, de corrupción, y a
veces hasta de dolor. Un dolor agudo que llena el alma y el cuerpo
¿sentimientos de mujer?
Qué difícil
cambiar para mirar al otro lado cuando me encuentro tanto donde indagar e
investigar aún sin querer, y sin que nadie se dé cuenta de que soy mujer, al
mismo tiempo que me pregunto ¿por qué esconderme? ¿De quién me escondo? ¡¡Aún
no lo sé!!
Lo que sí estoy
segura que corrupción no es igual, o, solamente a robar dinero. También es
robar ideas o querer apropiarse de sabiduría ajena.
¡Eso también
está de moda! Sobre todo entre las mismas mujeres ¡lamentablemente!
Miro esa hierba
que crece, fina, segura, verde, preciosa. Dónde el tenista puede pisar con
fuerza para ganar la batalla. Mejor, la partida y vuelvo a preguntar ¿algún día
también la mujer la ganara? ¡Pero no a medias! Así no es necesario. Tiene que
ser entera. De igual a igual.
Hemos ganado
mucho. Hemos avanzado mucho. Pero también nos ha hecho más prepotentes. Más
machistas dentro de las propias mujeres. Es un maratón entre nosotras mismas
por querer llegar a ser la más famosa, que no la mejor.
Esa es la razón
por la que nos gusta poner zancadillas, de cualquier forma, pero ¡lo que más
interesa es que caigan!
Eso es lo que
veo en el otro lado de esa red. Una hierba que apenas sale de la tierra,
amarillenta, pobre, donde al pisar el pie, sufre y el dolor se agudiza. Pero el
tenista debe ganar, no importa si sabe o no más. Si quiere aprender, o
aprendido más ¿eso de aprender qué es?
- No hace falta saber, yo salgo en la “tele” ¿para qué
lo voy hacer? Yo gano dinero – dice aquella que vana es.
Es igual que la
hierba, esa que no quiere crecer; y el tenista que no quiere aprender.
Mirándolo bien, al final siempre gana aquella mujer que sin aparecer mucho va
haciendo como la hormiga. Ganando en sabiduría. Porque a la sabiduría no le
hace falta estar en esa pequeña y loca pantalla, no la necesita. Como tampoco
estar, mejor querer estar siempre de protagonista ¿para qué?
Cuando llega el
momento, brilla como esa hierba fina y verde que hace que el campo sea más
adecuado para poder caminar el tenista.
En la parte
donde la hierba esta mustia, me trae tristes recuerdos, melancolía. Veo como el
pobre tenista va tropezando con esas odiosas piedras que parece puestas en ese
lugar. Como algunas veces nos encontramos nosotras con esos seres “féminas” que
se creen, o quieren parecer superiores.
Y al fin y al
cabo son eso. Una triste hierba mustia.
Que una vez quitado el maquillaje se encuentran desnudas por qué no saben ni
pensar.
Pobres muñecas
de carne y hueso, que simplemente se dejan manejar. Que quieren estar sobre esa
arena que sin darse cuenta moviéndose esta.
Pasa el tiempo y
es mejor no pensar, o no mirar al otro lado de la red. La pelota sin duda sabe
donde tiene que pegar, en el lado de la suave alfombra.
Al mismo tiempo que puedo pensar con la debida
humildad ¿quién tiene más poder? ¿Para qué pensar en la igualdad?
Higorca

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