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| Acuarela, autora: Higorca |
España andaba revuelta. Napoleón necesitaba
hacerse dueño de España. De la península en sí. Era el trampolín perfecto para
saltar a otro continente. África. De esa forma hacerse el dueño y señor del
mundo. Claro, eso siempre dentro de su propia teoría.
Pero se notaba que no conocía muy bien a los
españoles. Tenía a su alrededor un puñado de “afrancesados” unos por conveniencia, otros porque siempre y en
todas partes los hay que van al sol que más calienta (por aquello de no
trabajar y hablar de más) otros por ser espías de los movimientos y frenar con
disimulo los pasos de los gabachos.
Dónde más les gustaba estar, era por el sur
de España. Andalucía era uno de los rincones preferidos, por eso de las mujeres
guapas, y, la alegría que se respiraba.
Cante grande y baile del bueno. Vinito fino y una buena “tapa” de jamón o tortilla de patata. Algo tan español como eso.
¿Sería por eso, o porque estaba muy cerca ya
de África? Sea por lo que fuere, aquel lugar era donde mejor se encontraban.
Detrás de esa cortina. Una cortina de
subterfugios y mentideros, se estaba cociendo algo que en aquel momento nadie
se podía esperar. De pronto un nombre salto de boca en boca.
-
¡Ha nacido
la Pepa! -Iban
diciendo por todas partes. En verdad muy pocos sabían que era eso de la Pepa.
La gente normalita de a pie empezó a pensar que era una niña que había nacido
de un alto personaje.
-
¿De quién
será esa niña que ha nació? ¿dicen que ha sido en Cádiz? ¿en Cádiz? ¿quién es
la madre?
Unos decían que era hija de una princesa, o
quizás de la reina, que lo llevaba muy en secreto. Otros pensaron que era una
gaditana de ojos grandes, negra melena rizada y cuerpo de diosa.
-
¡Es una
chiquilla de pelo ensortijado! Esa que baila como una reina, que se mueve en el
tablao, al compas de las cuerdas de la
guitarra.
-
Dicen que
tiene un cuerpo cuando se cimbrea que asusta.
Así cada uno de ellos iba poniendo una sílaba
más a todo aquel invento de la imaginación, de la pobre mente que como siempre
es libre de pensar lo que se quiera.
Otros, como ya no tenían suficientes
argumentos, sacaban… haciendo correr otro tipo de bulo sin acertar de ninguna
manera.
-
Recuerdas aquella
gitana de piel morena y aterciopelada ¡Esa es la Pepa!
Mientras los
dos gaditanos inventaban historias inexistentes, vieron como un grupo grande de
gente que en tropel y dando muestras de alegría llegaban hasta dónde estaban ellos.
Era raro
todo aquel alboroto, las mujeres cantaban la
“coplilla” de moda:
-
¡Con las
bombas que tiran los fanfarrones, las gaditanas se hacen tirabuzones!
-
¡Vaya! ¿qué
es esto? ¡Vestidos de gala y cantando!
Cuando llegaron a su altura, uno de ellos
pregunto ¿qué era aquello, que estaba pasando? ¿A qué venía tanto jaleo?
-
¿No te has “enterao”?,
¡la Pepa!
-
Pero ¿eso
qué es? ¿Que todo el mundo habla de ello?
El hombre se queda mirando al amigo y muy
serio le dice:
-
¡Quillo, tú
no estás en este mundo! ¿Qué va a ser? ¡la Pepa! ¡La Constitución! ¡Qué ha
nacido la Constitución! ¡Hay, en esa plaza! ¿Sabes qué día es hoy?
El otro se quedó mirando y muy tranquilo
contesto.
-
¡Sí,
diecinueve de marzo! San José
-
¡Pues eso
quillo! La Pepa, ¡ha nació la Pepa!

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