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| Dibujo: Higorca |
Va a llegar… ya llega… Ha
llegado por fin. ¡El carnaval ha estallado con su colorido, alegría y jolgorio!.
Mascaras y caretas. Ropas de mil colores, bailes y diversión. Confetis y
papelillos. Pitos y multitud de sonidos. Gritos por todas partes. Saltos y
brazos en alto.
Eso es el carnaval. Perder
la timidez escondiendo la cara tras una careta. O con tanta pintura que nadie
nos pueda reconocer ¡Eso sí! pintada con tal gracia que al mirar nos guste
infinitamente.
Esconder el cuerpo con
ropas distintas. Pareciendo una mujer cuando en realidad se es hombre o
viceversa. Cambiar la personalidad sin que nadie se dé cuenta de ello.
Vivir durante unos días de
pleno esparcimiento dando al cuerpo ese toque especial que requiere el acto.
Imposible para otras
personas que no saben ni cambiar la voz para que no le puedan reconocer. O, aquellas
que muertas de risa no pueden ni hablar ¡Difícil tarea!
Días de salir a la calle
sin pensar en el posible frío que pueda hacer, cuando a lo mejor se va bastante
ligera, o ligero de ropa. Siempre me he preguntado ¿no cogen enfriamientos? Será
la misma euforia lo que hace que, afortunadamente, no caigan enfermos. Porque la
realidad es que aquí en la península el señor carnal, se pasea en pleno
invierno.
Disfrute y más divertimento
para todos aquellos que les gusta estas fiestas.
Desfiles que abren esos
grandotes de cartón piedra llamados, “gigantes”, y, otros más pequeños con las
cabezas tremendamente gorda y que un día hace muchos años les bautizaron con “cabezudos”.
Y detrás de ellos todas las mascaras y personajes de toda índole, que pasea con
orgullo su traje de fiesta que ha estado preparando durante todo el año y que
ha quedado maravilloso. Y mucho más atrás las carrozas.
Unas carrozas que nos transportan
a mil lugares diferentes. Cada una de ellas es una alegoría; bien a una película,
a un suceso acaecido durante el año en el lugar, o la casita de Blanca Nieves
que tanto gusta a los niños.
Porque de ellos también es
la comparsa. Ellos son los que dan ese toque especial. Esa gracia. Ver cómo van
vestidos con miles de puntillas, o, con un gorro enorme de pirata, y ¿Por qué no?
Con grandes bigotes y espada en la cintura -¡Yo soy el zorro! Iba diciendo uno de ellos dando saltitos y escapándose
del lado de sus mayores.
Mientras tiran miles de
caramelos que otros niños y menos niños van recogiendo ávidamente sin temor a
que los pisen o a tirar a otras personas que pasan o están cerca ¡Hay que recoger cuantos más mejor! Son del
sequito carnavalesco y eso es como un trofeo para enseñar a esos otros que por
mil circunstancias no han podido asistir al “acto”.
“Que
viva el carnaval” dicen todos después de oír el estruendo del
cohete que anuncia la fiesta.
Pues ¡viva! Disfruten todos
aquellos que les gusta el disfraz. La máscara y la mascarada.
Higorca

2 comentarios:
Ottima distribuzione fra nero e bianco in questa maschera, buon lavoro !
Pues, fijate, los carnavales siempre me han producido tristeza; me parece que es una especie de simulación de algo que no se siente, como una obligación deestar alegre.
Me divertian de niña, cuando te vestías de algo que te gustaba e ibas a celebrarlo a la casa de alguna amiga con otras muchas niñas. Era algo ingenuo y bonito.
Pero tanta fingida algazara como veo ahora, me produce el efecto de una huida hacía adelane para no pensar en lo que verdaderamente te importa.
Debo de estar algo pesimista hoy
Un abrazo fuerte
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