Ayer
por la noche estuve viendo una película muy especial. La vida en pequeños
recuerdos de una gran diva. De una gran cantante y su trágica vida.
Edith
Piaf. Edith gorrión. De su garganta salían los más hermosos matices. Mil colores
hechos palabras y esas palabras, transformadas en gorgoritos maravillosos. Su voz
era como un terciopelo que elevaba los sentidos.
Tuvo
una vida dura. Sus amargas experiencias la llevo a cometer las más grandes
atrocidades. ¡Se vio tantas veces en la calle! ¡le pegaron infinidad de golpes!
¡Golpes de todas clases! ¡Amores imposibles, y al mismo tiempo apasionados!
Porque
cuando alguien esta tan solo como ella estaba, necesita aferrarse a cualquier
cosa. A ese amor que tienes cerca aunque sea el equivocado. A esa amiga que te
acompaña pero que quizás no sea la más capacitada para estar a tu lado.
Eso
le pasaba a ese pequeño gorrión parisino. Su soledad la llevo a eso, a cogerse
de la mano que más cerca tenía.
Ayudo
a muchos cantantes de su época a subir los peldaños del triunfo sin importarle
nada.
Hasta
que llego Teho Sarapo, un chico joven, muy joven y mientras le ayudaba a
escalar. Educándole la voz. Enseñándole a trabajar su garganta, su estar sobre
un escenario.
Llego
cupido con sus flechas y enlazo sus corazones. Enamorándose locamente los dos. Pero
la Piaf ya había empezado su declive físico, y ese gran amor, no pudo durar
mucho ya que vino esa señora vestida de negro y cogiendo al pequeño gorrión en
brazos se lo llevo para siempre.
Teho,
siguió cantando incluso canciones de ella, de la gran Edith. No pudo nunca
olvidarla. Jamás se caso y un día mientras conducía, se fue para encontrarse
con ella en un rincón de ese inmenso universo, por donde seguirán vagando cogidos
de la mano, con sus rizos al viento y dejando una estela de bellísimas canciones
para deleitar a esos ángeles que asomados a las nubes les escuchan con suma
placidez.
Toda
su vida, sus canciones, me hicieron recordar un tiempo de mi adolescencia
mientras estudiaba francés, y, siempre me ponía en un tocadiscos de la época
los discos de vinilo, de esa gran cantante. Ella me iba enseñando una forma
distinta de vocalizar que me sirvió de mucho.
Recuerdo
sus pegadizas melodías típicas francesas. Esas que cuando la pobreza se
agudiza, saben cantar por las esquinas con un toque distinto. Canciones que
parecen acariciar el oído y al mismo tiempo arañan el alma con un dolor
indescriptible.
Ella
supo muy bien lo que era la pobreza, la miseria. Supo cantar por las esquinas
esperando de la conciencia de los demás para poder llevarse un bocado al
estómago. Aunque también tenía cerca al “recaudador” que alegremente le quitaba
hasta el último aliento.
Así
fue poco más o menos la vida de un “gorrión”. De la Piaf. Grande, muy grande y
creo que única en ese mundo de la canción francesa. No podemos decir que ha
muerto, ella sigue viva entre todos aquellos que adoramos su hermosa voz.
Higorca

4 comentarios:
Hola Higorca: mira tu entrada me hainspirado también a mí, y voy a escribir algo sobre ella: Mi cantante francesa por excelencia.
Que bien se te dán los homenajes Higorca. Siiempre te lo digo, pero es que es una gran verdad. GRacias por ellos y hasta otro homenaje. Yo siempre me paso por ahí, ya sabes.
Besos.
Fue de mi época; recuerdo su voz desgarrada, trágica, con las erres tan marcadas y las melodías tan....suyas.
Sin embargo me duele su vida. Da la impresión de que sufrió mucho, de que hubo mucho dolor en su vida. No sabía nada sobre Theo Sarapo aunque recuerdo su físico.
Un abrazo fuerte y hasta pronto
Mil gracias, cielo. Conozco su voz, pero no tenía detalles sobre su vida.
Van besitos enormes, y mil gracias por tu cariño y estar a nuestro lado siempre. MUak.
Hola amiga Higorca hermoso post para el recuerdo.
Un homenaje bello A Edith Piaf en tu post , no la conocía pero ya se de ella.
Besos de luz.
MA.
El blog de MA.
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