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| Oleo/lienzo - Autor: José Higueras |
María miraba desde la ventana de aquella sórdida
habitación. Todas las mañanas al levantarse hacía las mismas cosas, daba los
mismos pasos y miraba a través de aquellos cristales.
Parecía una rutina, pero ella siempre decía que era un
ritual. El único ritual que podía hacer durante todo el día.
Había llegado a la capital en busca de trabajo. En aquel
pequeño pueblo donde ella había nacido y vivido siempre, no había trabajo.
Solamente el campo, y, ella ya no quería segar más y tampoco cuidar de aquellas
ovejas que olían tan mal. Necesitaba salir y encontrar otra cosa, aunque fuese
para limpiar casas.
También eso es honroso ¿Por qué no? Se repetía una y
otra vez. Todo mejor que el pueblo donde la gente era una “chismosa” y
solamente se preocupaban de criticar a los demás.
Llevaba unos días en aquella sórdida pensión donde se
había alojado. Aún no se había atrevido a salir a la calle. Debía tener
cuidado. Su dinero era poco y necesitaba buscar donde trabajar. Por otro lado se
sentía muy sola. No estaba acostumbrada a la soledad. En el pueblo vivía con su
madre y su hermana. Su padre murió cuando ella era muy niña. Ellas solas,
llevaban las pocas tierras y ovejas que tenían.
Solamente aquella ventana le devolvía al lugar de
procedencia. Desde ella podía ver un jardín lleno de flores, esa era la razón
por la que se asomaba todos los días al levantarse.
Pero aquel día se dispuso a salir y no volver hasta
que no encontrara trabajo.
Se puso sus “mejores” ropas y se peinó su larga
melena. Se miró en aquel estropeado espejo y para sus adentros se dijo ¡Estoy
bien! Cerró la puerta al salir y dejo la llave a la dueña.
-
¡Seguramente
tardaré! le dijo, y bajó aquellas escaleras que la separaban de la calle.
Una vez en ella miró a su alrededor, se encontró muy extraña. No lo pensó más y se puso a
caminar, de nuevo se paró, y… de nuevo se preguntó.
-
¿Para dónde voy?
De pronto una señora se acercó a ella y muy atenta le
pregunto
-
¿Eres tú la
chica que se asoma a la ventana todos los días?
Dijo mirando para arriba - ¿sí verdad?
Ella, la miró con cara de sorpresa y sin saber que
decir.
–
¡Sí! Yo soy ¿Quién es usted?
-
La dueña de ese
jardín.
Aquella señora le infundía respeto y al mismo tiempo
parecía muy dulce.
-
Estoy buscando
trabajo señora, otro día hablaremos.
-
Perdón, yo
necesito una persona para mi casa ¿quieres trabajar para mí?
María se quedó extrañada ante aquella coincidencia
¿qué estaba pasando?
Estuvieron un rato hablando, luego, entraron a la casa
del jardín. La dueña se la enseño y le
fue diciendo cuál sería su trabajo.
Le interesaba y al mismo tiempo ¿qué extraño le
parecía todo aquello? Salieron al jardín, aquella dama la invito a cortar unas
flores amarillas.
-
¡Se llaman
claveles chinos!
Eran las flores que ella miraba. La muchacha así lo
hizo, corto e hizo un ramo. La dama se las regaló.
Subió a su habitación para recoger sus cosas y pagar
la pensión. Limpió un tarro de cristal que tenía y que era de unos garbanzos
cocidos que se había comido el día anterior. Lo lleno de agua y puso las flores
en él, lo colocó sobre la mesa.
Lo miró ¡qué bonito había quedado! Hasta la mesa
parecía otra, solamente habían sido unos días pero le dio pena abandonar aquel
lugar. Pagó y fue de nuevo a la habitación a recoger todo. Dejó aquel ramo sobre
el lugar que lo había puesto. Era el regalo que ella le hacía a la dueña de
aquel pobre lugar.
De nuevo fue a la casa donde iba a trabajar. Aquella
bondadosa señora la acompaño hasta donde iba a ser su habitación. Al abrir la
puerta pudo ver sobre una mesa que había cerca de una ventana un ramo de flores
igual que el que ella había dejado ¡Hasta el tarro de cristal era igual!
Estaba desconcertada, no podía hablar. No entendía que
era lo que había pasado. Se quedó a trabajar con aquella señora.
Su vida había cambiado, la dama la trataba como si
fuese su hija.
Desde aquel mismo día siempre tuvo sobre la mesa de su
habitación y en el mismo tarro, las flores frescas, aquellos Claveles Chinos
que tanto le gustaron cuando llegó a una triste habitación de una humilde
pensión.

4 comentarios:
qué historia mas bonita qeurida Higorca. ES toda sensibilidad, y finura . De donde la has sacado? Es alguna novela quizas? Has sabido crear un ambiente cálido y envolvente. A mi ma gustan ests hitorias, que nunca són tan reales, pero que piensas que pudieran darse perfectamente. Tu marido ha pintado unos claveles chinos que van a arrancar a hablar de un momento a otro. TE envio un abrazo
Tú siempre tan preocupada por los que sufren.
Tu gran sensibilidad tiene que hacerte sufrir bastante. Porque no todo el mundo capta lo que le rodea: el dolor, la alegría, la delicadeza de los demás.
Un abrazo muy fuerte
Hermosa historia, hermoso cuadro.
Besos y felicitaciones a los dos.
N y J
Me ha gustado muchísimo, cielo, por esa sencillaz y ternura que desprende cada palabra.
Besitos :)
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