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CONCIERTO DE MORENTE

LA EPIDEMIA AZUL

LA EPIDEMIA AZUL
Portada: Higorca

lunes, 14 de julio de 2014

NIÑOS DEL DESIERTO

Acuarela de Higorca Gómez

Hunden sus pies en arena.

Dunas tienen por barreras.

Jaimas por viviendas.

Niños que viven en ellas

Todo distinto a un mundo
                      sin descubrir

y que algún día repudiaran.

Caminan hundiendo sus pies

en una arena caliente, sin agua,
sin pan a veces…

¿Dónde está el mar para partir?

Se preguntan a determinada edad.

Quiero vivir en un mundo de paz
aquí no tengo libertad..

Miro al cielo y veo las golondrinas volar

yo quiero ir con ellas, cruzar el mar

Allí está mi libertad

¡No sabe el niño que a veces 

el mar se traga esa…

tan ansiada voluntad.!


Higorca - Derechos Reservados


COLORES DEL DESIERTO



Acuarela de Higorca Gómez

Las tardes veraniegas son una delicia para sentarse sobre una roca y al mismo tiempo que nos refrescamos con la brisa del mar podemos contemplar los mil colores de un cielo único que nos hace soñar.

El mar, la mar esta serena, tiene un precioso color plata y sobre el se puede ver una bola con un rojo excepcional.

De vez en cuando me llega una pequeña ráfaga de aire acompañada de unas pequeñas gotas de agua con sabor salado. No me limpio, dejo que resbalen lentamente por mi cuello.

Me doy la vuelta y miro toda la arena que me rodea. Fina, dorada, y cuando la mueve el viento cambia de color ¿qué color tiene? No se definir, roja, marrón…

Entorno los ojos y pienso en los grandes desiertos, sobre todo en el que más cerca tenemos, el de Sahara. Arena y dunas, poca agua y campos de refugiados dónde se apilan las jaimas esperando que algún día sus habitantes puedan volver a sus casas, a sus hogares.

Supervivientes de una guerra provocada por  lo que tantas veces hemos traído a estas páginas y que en un principio iba a durar seis días, y todavía no hemos visto el final.

Cuarenta largos años de un exilio forzado como siempre.

Jóvenes  sin trabajo, familias que no saben cómo ni  de qué forma llegar para poder comer. Con mil carencias.

Y todo sigue en un profundo silencio. Todos callamos y sabemos que es el mismo problema de siempre ¡la corrupción! Así año, tras año…

Al mismo tiempo que el ruido de las olas me parece escuchar unos pequeños gritos y risas. Me vuelvo y veo un grupo de niños sus ojos se graban en mí, grandes, vivos, alegres, curiosos, tanto que parecen despedir unas chispitas doradas. Su pelo negro, rizado, al igual que su tez oscura me da a entender que no son de la Península.

¡Son los niños Saharauis! Quizás unos niños que durante un tiempo son privilegiados. Cada año nos visitan, niños que viven normalmente en campos de refugiados. Han nacido en esos lugares entre jaimas, arena y dunas, están acostumbrados a vivir con la falta de mil cosas, entre ellas el agua. Algo tan imprescindible como eso.
El verano es la libertad, una libertad tan deseada por el ser humano dónde poder volar, correr por un mundo totalmente distinto al suyo.
Se quedan estupefactos al ver como de una manera tan sencilla cae el agua por un “pequeño tubo” 

¡algo magistral para ellos!

Lavarse con la misma libertad como es el correr, sin pensar que se pueden quedar sin ese liquido y que después van a tener que ir a buscar hasta un pozo o algo parecido que lo más seguro tengan que andar unos cuantos kilómetros.

Desde hace muchos años llegan hasta nosotros. Alguna vez me he preguntado ¿de quién partió la idea y por qué? Seguramente se sentían culpables de su situación y quisieron paliar de esta forma tanto dolor.

Atenuar suavemente el gran horror que llevaron a cabo.

Pero siempre tenemos que dar gracias y mirar todo lo positivo de las cosas. Es mucho que agradecer y los españoles tenemos mucho de solidarios.

Un grupo de matrimonios los acogen como padres del verano. Una buena, muy buena labor. Alguno repite y viene más de una vez, siempre con esos mismos “padres”, hasta el punto que se acostumbran a ellos y se les hace largo el resto del año.

Los veteranos ayudan a los que vienen el primer año que miran todo con máxima curiosidad sobre todo porque no entienden todavía el idioma y alguna vez desconfían hasta que no  lo conocen bien…

Y… abren el frigorífico “dentro hay cosas para comer” les da miedo coger no están acostumbrados a todo ese tipo de “artilugios nuestros”.

La primera vez que visitan un médico, un dentista, o van a unos grandes almacenes, sus ojos no dan a bastó para mirar todo lo que allí encuentran.

 Me parece muy bien todo lo que se haga por esa “bendita” causa pero me llenaría mucho más que al final cada uno cediera un poco para crear un mundo libre, como corresponde al ser humano.

De nuevo pido que la concordia llegue hasta los políticos (y meto en el mismo saco a las Casas Reales) para que se den cuenta de todo lo que llevan entre manos, de toda la pobreza, del sufrimiento que existe en esos países remediándolo lo antes posible.

También esas personas tienen derecho a vivir de otra forma, sobre todo en unas viviendas dignas para que sus hijos, esos niños que se están formando tengan lo necesario para hacerse hombres de bien.

Entonces llegara la paz en el mundo.

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