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UNIÓN HISPANOAMERICANA DE ESCRITORES

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LA EPIDEMIA AZUL

LA EPIDEMIA AZUL
Portada: Higorca

lunes, 14 de abril de 2014

SEMANA DE PASIÓN

Óleo de Higorca Gómez

Viernes de Dolores. Domingo de Ramos. Semana de Pasión. Procesiones, Pasos, Saetas 
canciones de dolor que al oír sus quejidos se eriza la carne. Ruidos de cadenas arrastrando. 

Olor a cera. Golpes de bastones de mando para indicar parada o arranque ¡Levantar el trono costaleros!

Celebraciones de la Vida y Muerte, de la Pasión de Cristo.

La entrada triunfante de Jesús a Jerusalén a lomos de una borriquilla. Recibido con palmas y ramas de olivo. Principio de la Semana Santa.

Penitentes acompañando los diferentes Pasos o Tronos en los que podemos ver cada pasaje del escarnio, crucifixión y muerte de Cristo para luego resucitar.

Días de vigilia, de ayuno y de recogimiento. Silencios continuos. Caminar lento por las calles empedradas. Cirios que van llorando dejando en el suelo la estela de sus lágrimas de cera para que no olvidemos durante un tiempo que por ese lugar pasó Jesucristo clavado en la Cruz.

Días distintos en los que todos nos creemos más bueno, todos miramos al cielo como pidiendo perdón o quizás pensando ¿SI HAY ALGO PORQUE DEJA QUE MUERAN TANTAS CRIATURAS INOCENTES?

Su Madre sufrió mucho mientras veía todo el ultraje que le hicieron a Él. Sintió en su propia carne el mismo dolor.

Pensando en todo eso me pregunto

¿Por qué teniendo el poder en sus manos no hace algo para que no suceda más?
¿Por qué no protege a esos miles de pequeños que están muriendo y sufriendo en el mundo?

Entonces yo sería la primera que pensaría con firmeza que existe Dios. No  dudaría ni por un momento. Tampoco me haría tantas preguntas como mi mente expresa.

Siempre me han dicho que hay que tener fe en algo. Quizás lleven razón, a lo mejor tengo esa fe y no me doy cuenta. De lo que estoy segura es de todo lo que palpo con mis manos, o veo a través de mis pupilas. Lo que escucho y lo que me duele con toda mi alma.

Y veo eso… personas que pasan hambre, que son desahuciadas de sus casas porque no tienen trabajo, ni dinero y si tienen hijos, niños pequeños. Padres mayores que tienen que repartir su pequeña “paguita” con su familia que desesperados vagan en buscan de un trabajo.

Niños buscando en los vertederos para poder llevar a sus casas un poco de dinero o la comida putrefacta que han encontrado y que no tienen nada más para comer. Niños en edad escolar y no pueden acudir porque tienen que ir a muchos kilómetros en busca de un poco de agua. Niños con armas en las manos apuntando a otros para disparar y matar a un semejante.

Ellos pasan año tras año la peor de las semanas santas y muchos de ellos cuando han salvado la vida e intentan emigrar todavía encuentran más obstáculos y vallas. Triste caminar el suyo, espinas y piedras punzantes.

¿Dios puede querer todo eso? Cualquier Dios que siendo el mismo toma el nombre que le han dado sus seguidores ¡No entiendo nada!

¿No sería más fácil que toda la carne que no se come por ayunar esos días se cogiese y se llevase a un orfanato para que esos pequeños comiesen “opíparamente”? Entonces yo sería feliz seguramente miraría al cielo dando las gracias por todo ello.

Seguro que yo sería penitente y arrastraría cadenas dando gracias por todos sus dones. Caminaría kilómetros portando velas para que su luz iluminara el camino del bien.

Así, de esta forma quizás cumpla con un solo mandamiento, invitando a quien lo necesite para que coma junto a nosotros celebrando la Pascua. Pero eso sí porque yo estaré segura que compartiré el pan y el vino con el mendigo. Con el Hijo de Dios.

Higorca - Derechos Reservados


SEMANA SANTA


Acuarela de Higorca Gómez




Semana Santa, calles engalanadas.

Balcones adornados con paños morados.

Tronos que en silencio pasan

al caer el sol y cuando empieza el ocaso.


Suspiros que salen del alma.

¡Ay, ay, ay, marecita de mi alma!

Quejios que inundan la noche Andaluza.

Reza cantando la saetera,

                   al Cristo atado a la columna

Y… a esa madre cuajada en lágrimas

con siete puñales clavados

en su corazón sangrante


¡Ay Madre Nuestra, Madre de Jesús

Hijo de Dios,

que le han clavado en la cruz!

Y Ella con su dolor en silencio,

en hermoso trono de oro también le sigue.

Sus penitentes, cofrades que van rezando

quedamente, un Ave María en silencio.

Un, dos, un dos, pasos que van marcando.

Lágrimas que van rodando.


Olor a cera que sube en columnas

hasta el cielo cuando ya es noche cerrada.

Cuando la procesión agotada

llega a su iglesia para entrar por la puerta.

Para despedirse otro año,

ha paseado su alma, su pena.


Higorca -11 – 04- 14 derechos reservados.