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CONCIERTO DE MORENTE

LA EPIDEMIA AZUL

LA EPIDEMIA AZUL
Portada: Higorca

martes, 11 de marzo de 2014

TRÁGICO DÍA - 2014

Óleo de mi autoría, Higorca

Amargo despertar aquel día, 11 de marzo del año 2004. Era imposible seguir oyendo aquellas noticias. Me miré y me pellizqué preguntándome si estaba despierta o es que seguía dormida y aquello era un mal sueño.

No sabíamos como sentarnos a la mesa para desayunar, con todas aquellas palabras, lágrimas y amasijos de hierros, sangre y cadáveres de personas.

Con aquello que estábamos viendo en la pantalla era imposible llevarse el café a la boca y eso que estaba humeante y su olor llenaba la estancia.

No sabíamos cómo reaccionar, teníamos conocidos que ese día habían viajado a la capital. No me atrevía a marcar el número por… menos mal que conociéndonos fueron ellos los que llamaron para decir que estaban bien.

Era horrible, me vino a la memoria otro once de septiembre, también aquel día nos íbamos a sentar a comer cuando aquella “película” nos dejo lívidos.

¿Qué estaba pasando en el mundo? Mejor ¿Qué está pasando? Parece que  nos hemos vuelto locos y que matar es el único placer con el que cuentan algunos desalmados. Ahora estamos igual con el avión que se ha “perdido”. Con las guerras…

No quiero recordar aquellos hierros retorcidos y entre ellos todas aquellas personas inocentes que pagaron con su vida ¿tenían que pagar algo? La mayoría de ellos eran jóvenes en plenitud de vida.

Aquellos desalmados no se conformaron con uno, nooo, tuvieron que ser más y así cayeron uno tras otro los trenes de la muerte, dejando aquel olor nauseabundo de horror y desesperación para los que se fueron, los que quedaron y para los familiares que en su locura buscaban a los suyos sin encontrar las palabras adecuadas ante tal magnitud de sufrimiento.

Nunca olvidaremos aquellas imágenes, aquellos gritos, llantos y caras de espanto esperando noticias buenas o malas, pero noticias al fin y al cabo.

Se reacciono con suma rapidez y así fueron trasladados los heridos a hospitales y atendiendo con maestría, cariño y premura para intentar salvar cuantas más vidas mejor.

¡Cuánto aplomo demostró el pueblo de Madrid aquel día! Digno de alabanza, lo primero era acudir a los necesitados y no se pensó en más. Sanitarios, médicos, psicólogos, y todo aquel que estaba dispuesto a dar una ayuda moral, material, o entregando su sangre estaba al pie de todo aquel jeroglífico. 

Han pasado diez años y todo sigue vivo en el pueblo español. Ya no hablemos de las familias que perdieron a sus hijos jóvenes, o a esos niños que sus padres se quedaron entre las vías, o a los hermanos que nunca volvieron a ver… Algo muy difícil de olvidar.

Por esas razones y otras muy vigentes me pregunto una y mil veces ¿existe Dios? ¿Dónde estaba en esos momentos dejando que murieran tantas personas inocentes? ¿Dios quiere tantos mártires?

¡No entiendo nada pero a veces es mejor no querer entender!


NO QUIERO OLVIDAR

Nunca olvidare tanto dolor

entresijos de mentes retorcidas

como los hierros que quedaron

                  en aquellas vías…

Espanto veo en sus caras todavía

sus ojos desorbitados ante

                                  lo que veían

no podía ser tanto horror,

                                 les mentían,

parecían decir entre lágrimas

¿dónde estás hijo del alma?

¡No encuentro su cara entre tantas!

Decían aquellas madres enloquecidas

Buscaban una camisa,

algo que les dijera, que les diera

                         una pista siquiera

allí, allí quedaron en medio de unas

                               retorcidas vías.

Mi homenaje a todas esas inocentes víctimas.


Higorca – 11-3-2014 derechos de autor







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