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CONCIERTO DE MORENTE

LA EPIDEMIA AZUL

LA EPIDEMIA AZUL
Portada: Higorca

lunes, 11 de marzo de 2013

MI HOMENAJE A TODOS AQUELLOS INOCENTES QUE MURIERON UN 11 DE MARZO DE 2004

Óleo de Higorca Gómez



Cuando llegan estos días brota en mi una fecha, once de marzo de aquel 2004.
No hace falta bucear mucho en la memoria para sentir todavía hoy la punzada en el corazón. Recuerdo que me despertó una brutal noticia. No sabía si en realidad estaba soñando o si ya me había despejado y al escuchar todo lo que estaba pasando tenía un terrible ataque de pánico.
¡Hay fechas que no se pueden olvidar! Todo alrededor de nosotros, aún estando lejos olía a muerte, a sangre, a dolor, a hierros retorcidos, a llanto y desconsuelo.
¿Quién había hecho aquello? Era imposible de controlar. Las noticias que llegaban cada vez eran peor. Había explotado un tren, otro y otro más tarde, en distintos sitios pero casi a la vez. Creo que todos los españoles estábamos con la oreja pegada a la radio y sin despegar la vista de la pequeña pantalla.
Creo que mi primera intención fue salir corriendo, pero… ¿a dónde iba? ¿en que podía ayudar yo? Si solamente de pensarlo estaba desarmada.
¡Qué tristeza Dios mío! ¡Y al mismo tiempo que impotencia! No me atreví a preparar el desayuno, de pronto había desaparecido el hambre mañanero, tan pronto sentía escalofríos, como una calor agonizante ¿Qué estaría pasando por aquellos lugares? No podía quitarme de la cabeza a las pobres familias. Como una autómata cogí el teléfono y me puse a llamar a todos los amigos que más o menos sabía que tenían que ir a Madrid temprano y también aquellos que vivían por allí.
¡Gracias a Dios no les había pasado nada! Madrid era un caos, sirenas de ambulancias, coches pitando con pañuelos en las ventanillas, gritos y más gritos, llantos y más llantos.
También he pensado muchas veces en el once de septiembre en Nueva York cuando veíamos caer las torres y gritando pregunte ¿han cambiado la hora del telediario? Mire el reloj y fue entonces cuando escuche la voz conocida de la comunicadora. Fue el mismo pánico, el mismo dolor.
Me pregunto tantas veces ¿Por qué tienen el alma tan dura? ¿Qué fanatismo les induce a esos actos? ¿Por qué no piensan en sus familias antes de cometer semejantes crímenes? No obtengo respuestas ¿cómo las voy a tener si seguramente ellos están adiestrados para eso? ¿Será que les dejan el cerebro vació? ¡No encuentro explicación!
Quiero gritar fuerte y no puedo, también me pasó ese día, era imposible. Es difícil que me escuchen pero quiero gritar mil veces ¡¡basta ya!!
Calmemos nuestras ansias de poder, porque todo eso es simplemente; ansías de querer ser más que nadie. Querer estar por encima de todos. Sembrando el dolor, la tristeza. Una buena parábola seria; la cizaña crecerá por encima del resto, hasta ahogar la buena siembra.
Mi sentimiento y mi cariño para todas las familias que ya no pueden recibir los besos de aquellos que se fueron.

Higorca