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LA EPIDEMIA AZUL

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Portada: Higorca

sábado, 5 de enero de 2013

LAS TABLAS DE DAIMIEL, LUGAR PARA SOÑAR

Dibujo realizado por Tania 


Cuando Alejandro me propuso preparar un acto en Las Tablas de Daimiel, no lo pensé. Me explicó lo que querían, me pareció muy bonito. Sería un acto de poesía, música y convivencia. 
Un acto reivindicando ese hermoso lugar. Y bien digo ¡hermoso lugar!
Aunque no soy de la tierra, amo los lugares donde he vivido, y, convivido, donde he pisado, y compartido horas y parte de mi vida.
Alejandro del Moral director del Centro de Interpretación. Gran apasionado de todo lo que se llame naturaleza. De todo aquello que huela; a tierra, o mar, a cuevas, aún siendo bajo las marismas. Sabe bien cuánto me gusta pasear por esos maravillosos “caminos”
Desde la primera vez que las conocímos sentí algo dentro de mí. Era estar en un lugar para soñar. No importa escribir de nuevo, sentir en mi interior el regocijo de adentrarme en un mar distinto donde tanto me inspira, en el que he tenido la gran suerte de poder pintar un buen puñado de obras.
Caminar por ellas es sentir el vuelo intenso de la cigüeña negra que va buscando la comida necesaria para alimentar el polluelo que la está esperando con el pico abierto en el nido.
Esperando ver las hermosas grullas en movimiento. Mientras me quedo escondida entre los hermosos y vitales Tarayes, esperando ver como los flamencos hacen su paseo picoteando el subsuelo. Los tranquilos patos en familia, o lo que es lo mismo la mamá pata y tras ella su pollada, cuatro o cinco pequeños y aún “plumíferos” hijos que la siguen a la espera de encontrar un refugio para no ser un exquisito bocado de las rapaces. Todo ello da vida a ese enorme “charco” manchego.
Miles de insectos alrededor nuestro mientras seguimos andando mirando y admirando a través de los rayos solares que además de dar calor  nos ofrece la luz para poder contemplar a placer los caballitos del diablo de hermosos y brillantes colores. Mientras, entre ellos las libélulas danzan en busca de los carrizales.
Pequeñisimas mariposas azules, y, otras más grandes, brillantes, de mil colores, y, allá sobre un hermoso cardo “morao” puedo ver como se acerca una inmensa y extraña criatura de la misma especie pero de color negro ¡qué maravilla! Sin el menor movimiento para no molestar nada, me quedo embobada al ver como emprenden el vuelo danzando con su inigualable baile.
En las barandas o quitamiedos que hay en las pasarelas, por dónde pasear en su interior, encontramos en los rincones arañas de patas largas, o las otras de mucho cuerpo y pocas patas, tejen su tela para preservarse de nosotros los mortales que vamos destruyendo todo aquello que tenemos a nuestro alcance.
Al mismo tiempo veo que una cabeza roja, preciosa me está mirando al mismo tiempo que nada delicadamente buscando refugio. Es el pato "colorao, expresionista pincelada de color en el agua amarilla-verde del humedal.
Silenciosamente una nutria se esconde para no ser vista, mientras descubro unas pisadas de jabalí, que al caer la tarde cuando ya no queda apenas luz natural y el cielo se puebla de estrellas, sale de su escondrijo para pasear por todo el parque.
¡Hermoso paseo por mi lugar preferido! Da igual el invierno, que el otoño, la primavera o el verano. Al amanecer o al mediodía, o esos atardeceres, ocasos que enrojecen el cielo con enormes pinceladas, mientras los árboles autóctonos como son los Tarayes van cambiando de color, dando replica a tantas otras plantas como se pueden encontrar en Las Tablas de Daimiel.
Triste y doloroso aquellos que quieren confundir con odiosos protagonismos a las personas, anteponiendo el bien hacer de los lugares para propios méritos.
Las Tablas de Daimiel, no es un lugar vetado, todos los mortales pueden pasear por ellas, cuidando y amando el ámbito natural como si se tratase de un hermoso santuario.

Higorca