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UNIÓN HISPANOAMERICANA DE ESCRITORES

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LA EPIDEMIA AZUL

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Portada: Higorca

sábado, 28 de diciembre de 2013

ES NAVIDAD

Acuarela de Higorca

Ding, dong, ding. Mientras estoy en la cama a medio despertar me gusta escuchar las noticias. Noticias del mundo entero que las más de las veces me ponen los pelos de punta.
Estamos en unos días que nos parece que todo es bueno, pero no es así, las guerras no perdonan ¿las guerras o los hombres? Todo a nuestro alrededor huele a… ¿podrido? No sé, me gustaría poder escudriñar dentro del alma de los “todopoderosos”.
Hablan de mil temas que no son nada interesantes. Claro que aquí dicen unas cosas para desviar otras. Pienso que será en todas partes igual ya que a los políticos no les interesa que el pueblo llano nos enteremos de según qué cosas.
La radio sigue hablando, sobre todo de Siria, de esos niños, del frío tan enorme que hace en el lugar y mil cosas más, eso sí no escucho decir que la paz ha llegado ya, o que les van ayudar.
Me levanto y me miro al espejo, es entonces cuando me digo; soy afortunada. Tengo lo necesario para vivir, una familia, comida y una casa dónde el calor humano y el físico no falta ¿entonces, que puedo pedir yo? No tengo derecho a más.
Me vuelvo de espaldas ya no veo mi cara en el espejo, pero si todos los ojos que me miran. Paseo junto a ellos acariciándoles el pelo y repartiendo miles de caramelos que salen sin saber como de mis bolsillos.
Nos sentamos todos en unas piedras que encontramos en el camino, el suelo esta blanco, estamos en invierno, la nieve ha cuajado, en cambio veo que hay un rosal repleto de flores, hasta nosotros llega su suave aroma.
Cerca de mi tengo un cesto grande lleno de pan, cojo uno y al mirar veo que están rellenos de chocolate, de mermelada, de otras muchas cosas. Los niños me piden y yo les voy entregando el rico alimento.
Al fondo suena una canción, callamos y prestamos un poco de atención ¿es un villancico? Parece decir:

                ”Noche de paz, noche de amor, todo duerme en derredor”…

Sigue sonando mientras vemos como bajan ángeles cargados de frutas, de dulces, de abrigos… que van entregando a todos los niños que encuentran a su paso.
Abro mis brazos para abrazar a todos, dejando un mundo en paz, un mundo lleno de dulzura.
Ding, dong, ding, de pronto se sube la radio y despierto, veo que todo ha sido un sueño. Miro sin saber dónde estoy… sí, en mi casa.
Me duele el despertar, era feliz en mi sueño cerca de todos ellos, deseándoles un:


                                                           FELIZ NAVIDAD

Higorca 

miércoles, 11 de diciembre de 2013

TU NOMBRE: NELSON MANDELA

Nelson Mandela


¿Cómo empezar? Hoy es difícil para mí homenajear a una persona tan importante para el mundo.
Dicen las noticias que Nelson Mandela ha muerto. Seguramente es verdad. El hombre ha muerto pero no sus ejemplos, su bien hacer dentro de un mundo difícil.
Se ha ido a otro lugar dónde no hay color y seguramente tampoco preguntan por la religión. Es tan amplio el “cielo” que no piden pasaporte para llegar a el.
Mandela se ha ido pero dejando un gran legado. Un legado de buenos sentimientos. Enseñanzas enormes que deberíamos llevar mucho más a la práctica.
Nos deja la libertad de las personas sin mirar el color, la religión, el lugar de nacimiento. Él rompió las cadenas de todo lo que hablaba de esclavitud.
Jamás perdió la sonrisa. Sus ojos despedían esas chispitas dulces dando a entender que no existía el odio en él. Supo enfrentarse a una vida dura con absoluta calma, perdonando siempre, creando el verdadero amor y respeto entre los pueblos.
Cosa difícil. Nunca terminara el dolor de las guerras protagonizadas entre los mismos pueblos, entre los mismos hermanos porque el egoísmo, la envidia, el poder es el gran pecado del hombre.
Descanse en paz mi admirado Nelson Mandela, siempre estarás en mi. Te  recordaré siguiendo tus consejos, y respetando a los demás.

Higorca



lunes, 2 de diciembre de 2013

LOS PEQUEÑOS LOS QUE MAS SUFREN

Acuarela de Higorca


Los días pasan raudos. Claro que… pensándolo bien, para algunos de nosotros. Para otros las mismas horas pasan mucho más lentas, más tristes. Esa es la razón por la cual ¡no todos los días “amanecen” igual para todos!
Después de estar varios días sin ver la “pantalla” o lo que es lo mismo las noticias del mundo, mis ojos tropezaron con un devastador tifón que se ha llevado por delante todo lo que se interponía en su camino.
Pude ver los niños solos, llorando, implorando llamando a su madre. Sus caras llenas de lágrimas, algunos casi desnudos, y la mayoría sin zapatos con que poder caminar por unos suelos llenos de lodo, agua y quién sabe qué.
Sus lágrimas hoy corren por sus mejillas sabiendo que se han quedado solos. Esa madre que ayer les ponía su comida y les acariciaba, les daba un beso y aliviaba sus dolores, hoy, no están.
Tienen hambre, sed, frío, soledad y dolor. Ellos los niños son los que más sufren ante todas las adversidades de la vida. Seguramente en su infantil cabecita se preguntaran ¿ahora qué? ¿Quién cuidara de nosotros?
Ese es otro problema añadido ¿qué pasará con ellos? Cuando pasan estas desgracias son “carnaza” para desaprensivos que no piensan en otra cosa que en hacer el mayor daño posible.
Unos desaparecen, otros son vendidos impúdicamente para cualquier sucio y desaprensivo negocio que al final nunca tiene castigo. Tristes noticias las que nos han llegado estos últimos días de Filipinas.
Otra vez he podido ver niños a través de alambradas sacando sus pequeños bracitos pidiendo un trozo de pan o un vaso de agua, algo tan simple como eso y no lo tienen, ya no les queda nada, solamente esperar para saber lo que les aguarda.
Me pregunto yo ¿si sus casas no hubiesen estado hechas de madera se habrían hundido? En su cara se podía ver reflejada la pobreza, gente humilde, que poco poseían y ese “mal aire” les ha dejado sin nada, en la más triste de las miserias.
En su mente una cosa les mantiene vivos. Salir del infierno en el que se ha convertido el lugar donde estaba su hogar. Correr a una nueva tierra dónde empezar de nuevo, dónde estén a salvo de esas inmensas olas que significan la muerte.
Nos preguntamos ¿alguna vez nos dirán la verdad de cuántos muertos han quedado en el espeso y negro barro?

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