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CONCIERTO DE MORENTE

LA EPIDEMIA AZUL

LA EPIDEMIA AZUL
Portada: Higorca

sábado, 14 de septiembre de 2013

NUBES NEGRAS



     
Las flores han muerto
y no quedan semillas
la nube segó sus vidas.

Y el tallo también
¿qué hacemos ahora?
Ya nada queda de aquellas
blancas y dulces voces.

Cenizas alrededor, dolor, destrucción.
Sus voces acallaron las
manos asesinas que nada entienden de amor.

Los buscan las mariposas
no los encuentran,
ahora también ellas se han vuelto negras
                                                     ¡de pena!

Lágrimas ruedan por las mejillas
oyéndose susurro de oraciones que musitan.
Silencios de temor que al aire silban.
Nube amenazante ¿por qué llegaste?
Segando tantas vidas.
Ahora solo nos queda llevar flores
                                    a sus tumbas.
           Autora: Higorca Gómez
                   Poema Inédito

miércoles, 4 de septiembre de 2013

TERRA NOSA

Acuarela, Higorca Gómez


Galicia, “Terra Nosa”. Dice una canción gallega. No se equivoca, es tierra acogedora para todos aquellos foráneos que llegamos con ansías de encontrar unos días de descanso y relajo, fresquitos en la calima dura del verano peninsular.
Sus gentes recias de mar. Trabajadores, “faenantes”, navegantes, que salieron en busca más allá de los mares la riqueza.
Tierra abierta besada por olas azules rizadas por espuma blanca que hablan de poemas, de grandes poetas. De mujeres valientes, sin miedo a nada. Acostumbradas a trabajar solas ya que sus maridos, hermanos, o padres están embarcados y navegan por alta mar durante meses.
Costa escarpada, rocas que miran al mar, rías que como lenguas entran tierra adentro besando a su paso todo lo que encuentran. Así hasta llegar a Fisterre, que dicen y dice que es el fin de la tierra. Hay que atravesar el océano para encontrar otra dónde pisar.
Pero antes de llegar, a mitad camino entre Pontevedra y Santiago una mujer, “una muller”, alzo su voz “años ah” para plasmar en papel los sentimientos que llevaba dentro. Así expreso Rosalía de Castro sus pensamientos:

A través del follaje perenne
Que oír deja rumores extraños,
Y entre un mar de ondulante verdura,
Amorosa mansión de los pájaros,
Desde mis ventanas veo
El templo que quise tanto.

El templo que tanto quise...
Pues no sé decir ya si le quiero,
Que en el rudo vaivén que sin tregua
Se agitan mis pensamientos,
Dudo si el rencor adusto
Vive unido al amor en mi pecho.

Quizás  demasiado adelantada para una época dónde la palabra “mujer” era algo distinto, o ¿en Galicia no? Creo que puso una bandera para nosotras.
Y… en las Rías Baixas sobre un montículo, un gigante esta “ojo avizor”  cual vigía a todo aquello que pasa a su alrededor. EL MONASTERIO DE POIO. Un  enigmático lugar. Piedras milenarias, cargadas de historias, de misterio porque quizás “haberlas hailas” “meigas y brujas”, y legos que también entre ellos se encuentran como grandes creyentes, que sirven a un buen Dios.
El monasterio se levanta sobre la roca que un día otros frailes edificaron. No podemos olvidar que los siglos pasan y pasan sin remedio para todos nosotros. Y en esas piedras los canteros también dejaron su huella al paso por un monasterio que aún hoy sirve para dar cobijo a un puñado de frailes.
Misterio que al pisar cada una de las piedras sé que estoy pisando alguna de las almas en pena, o ¿quizá las salvaron aquellos que rezaron por ellas? Han pasado años, siglos, en cambio todo sigue intacto en ese recinto gobernado por unos PP Mercedarios.
También ellos acogieron a su vuelta allende los mares para dar cobijo a dos grandes artistas: un pintor y una poeta que siempre fue su musa.  Encontrando entre los muros todo el calor necesario.
Quiero recordar unos versos de la poeta María García Lema, esposa del pintor.

PEREGRIÑOS
Peregrinos que vais por el mundo
Llevando un mensaje de paz y de amor
Peregrinos sin patria y sin rumbo
¿querríais decirnos en dónde
aprendiste el arte divino
que cura el dolor?...

Y por no ser menos recordaremos a otra de las grandes con un soneto. Doña Emilia Pardo Bazán.   
Considera que en humo se convierte
el dulce bien de tu mayor contento,
y apenas vive un rápido momento
la gloria humana y el placer más fuerte.

Tal es del hombre la inmutable suerte:
nunca saciar su ansioso pensamiento,
y al precio de su afán y su tormento
adquirir el descanso de la muerte.

La muerte, triste, pálida y divina,
al fin de nuestros años nos espera
como al esposo infiel la fiel esposa;
y al rayo de la fe que la ilumina,
cuanto al malvado se parece austera,
al varón justo se presenta hermosa.

Yo aprendiza de escribidora me siento orgullosa de haber podido pisar sus huellas todavía vivas en el camino. Huellas de unas hijas dónde el mar ruge con fuerza y entrega sabrosos frutos.

Higorca, 1de agosto de 2013