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LA EPIDEMIA AZUL

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Portada: Higorca

miércoles, 7 de noviembre de 2012

VIVENCIAS

Acuarela, Higorca Gómez


De pie en el vagón-restaurante notaba como el expreso iba devorando los kilómetros que separaban Zaragoza-Madrid.
Absorta en sus pensamientos, iba recordando con una sonrisa en los labios aquel inusitado viaje.
Después de estar media hora en la fila para poder sacar el billete, y cuando al fin le tocaba, oye como la voz del hombre que estaba detrás de aquel pequeño redondel le decía - ¡lo siento no quedan más billetes!
El factor debió darse cuenta de la cara que se le quedo al oír esa frase - ¡señorita, no quedan más…! – le gritó. Lo normal era que ella se hubiese retirado de la ventanilla pero en realidad… no sabía qué hacer. La esperaban, sabían que iba en el expreso.
Bajo al andén. Muy pronto escucho un silbido fuerte, miró y vio una luz que se acercaba hasta la estación - ¡Ya está aquí! – ¡subiré y ya veremos qué pasa!
Subió, y de inmediato busco el vagón-restaurante, y al revisor, paso de un vagón a otro hasta llegar a el. Pidió un café, la mañana era fría y eso le reconfortaría o ¿eran los nervios? No tenía costumbre de hacer esas cosas ¡¡ay si su padre viviera!! Le parecía que estaba cometiendo ¿cometiendo qué? Se contestaba a sí misma - ¡espero al revisor! -. Se tomo el café con tranquilidad, no era nada sospechoso, simplemente llevaba un bolso de viaje y uno normal de bandolera. Saco el monedero, pago, y  se dio cuenta que habían unas revistas sobre una rinconera.
Ese tren no paraba en todas las estaciones, eso sí, al pasar por ellas pitaba con insistencia, realmente por eso se daba cuenta que se iba acercando a la capital. Le extrañaba una cosa - ¿qué raro no ha pasado el revisor? - Pregunto al camarero - ¡normalmente si viene, pero hoy no ha llegado hasta aquí! – ¿Estamos llegando a Madrid?- ¡sí! - contesto ¡quedan dos estaciones!
Durante el trayecto había bebido bastante agua, nunca había sentido la sensación de sequedad en la boca - ¡parece que me sube del estómago! ¡qué nervios! Le dolían las piernas - ¿podré andar cuando llegue?
Se abrió la puerta del vagón, pero en realidad durante todo el trayecto se había abierto, y no era la persona que se esperaba. En aquella ocasión, si era, el revisor estaba allí, se puso en la barra y pidió un café. Ella se acerco y con voz temblorosa le dijo - ¡por favor, necesitaba hablar con usted, he subido en Zaragoza sin billete! – le explicó la verdad mientras pensaba - ¡ahora que ya estamos en Madrid voy a tener que pagar doble billete! ¡vaya fastidio!
El revisor con toda naturalidad y muy amable le contesto - ¿dónde ha estado todo el rato? - ¡aquí, de pie! Le pregunto al camarero y el hombre afirmo con la cabeza al mismo tiempo que el tren pitaba estrepitosamente.
Estaban entrando en la estación de Chamartín, el revisor la miró diciéndole - ¡ya no puedo cobrar nada, hemos llegado y usted ha ido a pie firme todo el tiempo! Río fuerte, dio media vuelta y se marcho, el tren estaba parando en el andén. Se abrieron las puertas, bajó. Estaban esperándola con los brazos abiertos iba a encontrarse con su gran amor. El frío del invierno se torno en dulce primavera.

Higorca