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LA EPIDEMIA AZUL

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Portada: Higorca

jueves, 4 de octubre de 2012

¿CÓMO LOGRAR LA PAZ?

Acuarela: Higorca Gómez



Soñaba y mi sueño era tan hermoso que al despertar me encontré con el más inhóspito “despeñadero”.
¡Voy a contar mi sueño! y pensar que se puede realizar.
Voy equipada para recorrer el mundo, llevo una mochila colgada a la espalda. Una mochila enorme. En la mano izquierda una bandera blanca.
Despacio recorro países, hablo, saludo, sonrío a cada uno que me encuentro. Me siento a su lado, y mientras, escucho atentamente sus problemas ¿Quién no tiene problemas? El rico por ser rico, el pobre por eso mismo, por su pobreza.
Observo, no necesitan nada material, solamente eso ¡ser escuchado! ¡Qué importante es que nos escuchen!
Sobre todo a esas personas mayores que en su soledad piensan en demasía, y a veces su tristeza es infinita, ellos dicen.
Dicen ¡¡¡hijos, venid, recordar, la soledad no es buena!!! Pero ellos no escuchan, no recuerdan que tienen padres y que son mayores. Les pueden las riquezas, y con ellos cerca es imposible atesorar
Sigo andando, viendo y escuchando las miserias que a mi paso encuentro.
Me hablan de guerras. De bombas, de minas escondidas en la tierra, por dónde pisan los niños, dónde a veces juegan, pensando que son otra cosa ¡Seguramente no han tenido ocasión de ver un juguete!
Las voy recogiendo y las hecho en mi mochila que tiene un gran agujero. Voy dejando un reguero de rosas, jazmines, margaritas y humildes violetas, hasta el cielo sube un dulce aroma, y el aíre levanta los miles de pétalos que juegan y juegan mientras cantan y trinan los alegres pajarillos al mismo tiempo que tejen una endiablada danza las mariposas de mil colores que transforman los cielos, la tierra… La vida en sí se transforma y todo vuelve a sonreír. Se oyen voces de niños y dedos señalando tan alegre festín.
Sigo caminando y recogiendo con mis manos toda clase de terribles armas, y sigo metiendo en la mochila todo el dolor que produce, el odio, el rencor, la envidia…
Sigo soñando, no quiero despertar, porque lo más bonito está por llegar.
¡Miro para atrás! y en el suelo cada pétalo se transforma en pan, dulces, chocolate y bombones, en toda clase de comida para poder alimentar esos frágiles cuerpos de tantos y tantos humanos que están muriendo de hambre.
Con mi bandera blanca toco los resecos campos, los deshidratados ríos y es como una varita mágica, empieza a correr el agua. Todos beben de ella, es como una gran fiesta.
Ya no camino, bailo y al mismo tiempo voy trazando espacios, pantanos donde poder aprovechar cada una de las gotas. Simplemente esas gotas que recogen las hojas al caer la noche, y que al amanecer resbalan con cautela para luego verlas correr por esas venas que cubren la tierra y que son los ríos y canales.
Todo ello serviría para alimentar y saciar la terrible enfermedad del hambre y la sed que al parecer no importa a todos aquellos que tienen el estómago lleno de buenos alimentos y mejores bebidas sin importar lo más mínimo los que famélicos mueren a diario porque alrededor de ellos solamente encuentran bombas, hambre y miseria, dolor y tristeza.
Quiero volar muy alto y llegar hasta lo más profundo de las gargantas, abrir mi mochila y tocar con mi bandera blanca.
No quiero palabras, ni mítines, ni nada. Quiero decir con voz muy alta, paz a todos y para todos. ¡Que no existan las armas! Todo es mentira cuando nos dicen que desaparecen las fábricas. Que los políticos callen sus bocas, que trabajen en silencio para mejorar el mundo, que no engañen, que cosan sus bolsillos para que no entre lo que no es suyo. Que recuerden a los niños sin importar el color, ni la raza. Al final todos somos iguales.
Blanco es el fondo del ojo que nos iguala.
Enarbolo mi bandera blanca que es la única que a todos abraza.

Higorca