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CONCIERTO DE MORENTE

LA EPIDEMIA AZUL

LA EPIDEMIA AZUL
Portada: Higorca

jueves, 29 de marzo de 2012

PRIMAVERA EN PARÍS

Dibujo: Higorca 


Los dos jóvenes iban paseando y mirando cada uno de aquellos escaparates. De vez en cuando entraban dentro de la “tienda”.
De nuevo salían a la calle y seguían con su deambular por las ruas parisinas.
Era primavera y los árboles estaban en plena “ebullición”, miles de hojitas apuntaban dispuestas a despertar de nuevo a la vida.
Como las hojas y los pajarillos, la pareja, celebraba también la nueva estación. Caminaba con una carpeta bajo el brazo. Repleta de dibujos y bocetos, pero sobre todo con grandes ilusiones, y con ganas de triunfar.
Triunfo, difícil palabra, difícil “historia”. ¡Triunfar! ¡cosas de la juventud!
Habían trabajado durante todo el frío invierno. París en esa época del año es más bien gris, y el frío además de intenso es bastante húmedo.
Ellos con todas las ganas de dar a conocer sus obras habían puesto esas notas de color en cada uno de sus trabajos. En cada una de las acuarelas.
Se tenía que trabajar y estudiar mucho. Ellos, se podían llamar dichosos, sus maestros en la capital de la luz eran grandes pintores, sus firmas ya se cotizaban. Eran maestros en lo técnico y sobre todo alimentaban la moral.
Algo muy necesario cuando empiezas en un campo difícil, muy difícil.
-     Tenéis que luchar, saber que no es fácil este mundo, pero trabajando mucho y conformándose con poco, se sobrevive.
-     Además que no se os olvide nunca, primero hay que ser persona, no perder el respeto, luego artista.
Aquellas palabras venidas de maestros eran algo muy importante. Y ellos les respetaban mucho, ya habían pasado por Bellas Artes y esto era un compendio para poder tener más preparación.  Aún así, seguían siempre su consejo.
 Ahora, les habían dado permiso para visitar aquellos marchantes, aquellas galerías más o menos importantes que se prodigaban por Saint Germain.
Aquello era agonizante, pero a la vez apasionaba a la mujer. Eso enseñaba, eran, como las críticas de los grandes, aunque a veces se
“pasaban” y se quedaban algunos de aquellos dibujos por cuatro francos, que solamente se podía sobrevivir con un poco de pan y algo más. Eso siempre dando gracias porque si se los quedaban quería decir que eran bastante buenos.
Tampoco había que hacerse ilusiones, pero sí, ellos estaban contentos. Salían de la galería y calle abajo iban a parar al estudio de Le fevre, y justo en la parte de arriba estaba otro de aquellos interesantes estudios taller. Eugene de la Croix.
“Casi nada”, ellos siempre se escapaban y miraban con atención cada una de aquellas maravillosas obras. En sus conversaciones decían ¿Cuándo llegaremos a pintar así?
Paso el tiempo y siempre caminando por las calles de aquel París, maravilloso y único. Todos unidos en sana amistad. Tenían su punto de encuentro en la plaza de los pintores, en Montmartre. El monte dedicado a Marte.  El día que vendían un cuadro más grande, valía más, era más dinero. Y entonces era fiesta para todos los amigos.
Sacrificio y amor a un trabajo, siempre estudiando y aprendiendo. Hoy todavía piensan, ya no por las calles de un París distinto, que aún no han llegado a ser como aquellos profesores que tanto les enseñaron, que tanta paciencia tuvieron con ellos. En sus recuerdos queda el buen sabor de unos años difíciles y a la vez preciosos.

Higorca