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Portada: Higorca

martes, 10 de enero de 2012

MI RECUERDO A EDITH PIAF



Ayer por la noche estuve viendo una película muy especial. La vida en pequeños recuerdos de una gran diva. De una gran cantante y su trágica vida.
Edith Piaf. Edith gorrión. De su garganta salían los más hermosos matices. Mil colores hechos palabras y esas palabras, transformadas en gorgoritos maravillosos. Su voz era como un terciopelo que elevaba los sentidos.
Tuvo una vida dura. Sus amargas experiencias la llevo a cometer las más grandes atrocidades. ¡Se vio tantas veces en la calle! ¡le pegaron infinidad de golpes! ¡Golpes de todas clases! ¡Amores imposibles, y al mismo tiempo apasionados!
Porque cuando alguien esta tan solo como ella estaba, necesita aferrarse a cualquier cosa. A ese amor que tienes cerca aunque sea el equivocado. A esa amiga que te acompaña pero que quizás no sea la más capacitada para estar a tu lado.
Eso le pasaba a ese pequeño gorrión parisino. Su soledad la llevo a eso, a cogerse de la mano que más cerca tenía.
Ayudo a muchos cantantes de su época a subir los peldaños del triunfo sin importarle nada.
Hasta que llego Teho Sarapo, un chico joven, muy joven y mientras le ayudaba a escalar. Educándole la voz. Enseñándole a trabajar su garganta, su estar sobre un escenario.
Llego cupido con sus flechas y enlazo sus corazones. Enamorándose locamente los dos. Pero la Piaf ya había empezado su declive físico, y ese gran amor, no pudo durar mucho ya que vino esa señora vestida de negro y cogiendo al pequeño gorrión en brazos se lo llevo para siempre.
Teho, siguió cantando incluso canciones de ella, de la gran Edith. No pudo nunca olvidarla. Jamás se caso y un día mientras conducía, se fue para encontrarse con ella en un rincón de ese inmenso universo, por donde seguirán vagando cogidos de la mano, con sus rizos al viento y dejando una estela de bellísimas canciones para deleitar a esos ángeles que asomados a las nubes les escuchan con suma placidez.
Toda su vida, sus canciones, me hicieron recordar un tiempo de mi adolescencia mientras estudiaba francés, y, siempre me ponía en un tocadiscos de la época los discos de vinilo, de esa gran cantante. Ella me iba enseñando una forma distinta de vocalizar que me sirvió de mucho.
Recuerdo sus pegadizas melodías típicas francesas. Esas que cuando la pobreza se agudiza, saben cantar por las esquinas con un toque distinto. Canciones que parecen acariciar el oído y al mismo tiempo arañan el alma con un dolor indescriptible.
Ella supo muy bien lo que era la pobreza, la miseria. Supo cantar por las esquinas esperando de la conciencia de los demás para poder llevarse un bocado al estómago. Aunque también tenía cerca al “recaudador” que alegremente le quitaba hasta el último aliento.
Así fue poco más o menos la vida de un “gorrión”. De la Piaf. Grande, muy grande y creo que única en ese mundo de la canción francesa. No podemos decir que ha muerto, ella sigue viva entre todos aquellos que adoramos su hermosa voz.

Higorca