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LA EPIDEMIA AZUL

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Portada: Higorca

martes, 7 de agosto de 2012

DE VACACIONES POR MADRID

Dibujo de nogalina, Autora: Higorca Gómez




Aquel año había decidido pasar las vacaciones en Madrid. Necesitaba conocerlo bien. Era un de las capitales europeas que más me interesaba. Me habían hablado muy bien de ella. Edificios con una larga historia, museos maravillosos, hoteles impresionantes y el Palacio Real.
Había leído bastantes cosas sobre el y necesitaba visitar aquellos enormes salones cargados de historia al mismo tiempo con grandes obras de toda clase. Esculturas, pinturas, antigüedades, y lo que más me impresionaba, el cambio de guardia.
La que más fama tiene es la de Londres, pero también esta de España, de Madrid tiene un encanto especial.
Tenía que apurar bien el tiempo, necesitaba empapar mis sentidos de cultura, de arte, de historia.
Me alojaba en un hotel cerca de la estación de Atocha. Era el punto clave para desplazarme por todo aquel mundo de arte plástico y buenos conocimientos. Primero desayunar, coger fuerzas para que mis piernas tuvieran la fuerza suficiente para aguantar las horas que yo deseara.
Mientras saboreaba aquellos churros colgados en un trozo de ¿paja? O era una ramita especial de algún arbusto desconocido para mi, en realidad es una ramita de junco. No era mi costumbre tomar chocolate con churros, pero aquel día me “sabían” a gloria. ¿Quizás por encontrarme en esa ciudad? Posiblemente. Mientras saboreaba aquel manjar pensé con rapidez en mi primera visita, sería el Reina Sofía, aquel encerraba todo el arte moderno, contemporáneo, sería una visita más rápida. A fin de cuentas a mi lo que más me interesaba eran los grandes maestros del pincel.
Así que después me pase al Thyssen. Después de comer entre en el monstruo del arte. El Museo del Prado. No sé cual de aquellas salas me gusto más. Ni tampoco que obra podría elegir. Bueno eso sí, hay muchas preferidas, pero una es para mí la obra cumbre. La familia de Carlos IV del genio don Francisco de Goya y Lucientes. Me senté frente a ella durante un buen rato. Era inmensa en todos los sentidos, supo reflejar el interior de aquellas personas. Solamente aquel cuadro era suficiente para salir de allí con el alma impregnada de buenas pinceladas.
Al día siguiente vería los edificios más emblemáticos. Me encamine por el paseo del Prado, para seguir por la Castellana, pero antes estaba Recoletos y su Café Gijón. Me senté en una de las mesas para tomar un refresco y pensar, soñar en todo lo que allí se había “cocido” entre los artistas de otras épocas.
Me pareció oír la voz de algunos “escribidores”, o de algún que otro pintor que no tenía ni para un café. Pero entonces, en aquellos tiempos del café Gijón todo era distinto.
Durante un buen rato soñé. Soñé tanto que no me di cuenta cuando el camarero vino con aquel refresco que yo había pedido_ perdón, señorita_ ooooh_ no me di cuenta_. Por favor voy a pagar, que no se me olvide. Aboné la cuenta y empecé a sorber lentamente.
Pude ver frente a mi al gran Alberti, a Dalí, Camilo José Cela, Francisco Umbral, Lucia Echevarría, y tantos otros. Hubiera sido bonito compartir con ellos alguna de las tantas vivencias.
Camino por la Castellana y llego casi sin darme cuenta junto al hotel Miguel Ángel, subo por la calle General Martínez Campos. El calor hace mella. De pronto me llega como un soplo de aire fresco. Leo el letrero, Casa Museo de Sorolla. Una suave música llega hasta mí, es el sonido de una fuente que deja caer su agua en libertad, soltando de vez en cuando alguna gotita que al pasar por su lado te llega y alivia el tremendo calor.
Un jardín bien arreglado nos deja entrever que allí vivió alguien que amaba las flores. Entro en aquella hermosa casa y todo en ella me dice, me habla, de un pintor que supo transformar la luz de su tierra en bellísimas obras de arte. Un silencio inesperado dentro del inmueble, mientras, en la calle un mundanal ruido agobia al viandante.
No es de extrañar que ese maestro del pincel como fue Sorolla, se quedara largas temporadas a vivir en aquella isla que transformo en un paraíso.
Me impresiona su obra, la luz, el mar, los blancos puros que el maestro puso en cada una de ellas con magistral sabiduría dejando la hermosa huella de ese litoral valenciano.
No puedo terminar aquí mis vacaciones, volveré de nuevo a visitar Madrid, a recrearme en cada una de las joyas que cuelgan de sus vías, de sus calles.

Higorca

2 comentarios:

Begoña de Urrutia dijo...

Maravillosa crónica de un paseo artístico por Madrid.
Comparto por completo tu opinión sobre Sorolla, su obra y su casa.
Aquí si en París, visitando todo lo que puedo y cansándome como hacía tiempo no me cansaba y con gran pereza para subir las fotografías que he sacado de mis correrías pero voy a intentar hacerlo.
Hasta pronto y un abrazo fuerte

Norma dijo...

Gracias por este maravilloso viaje.
Sabes muy bien cuánto lo valoro.
Besos