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UNIÓN HISPANOAMERICANA DE ESCRITORES

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PALABRAS DIVERSAS

CONCIERTO DE MORENTE

LA EPIDEMIA AZUL

LA EPIDEMIA AZUL
Portada: Higorca

martes, 22 de mayo de 2012

UN CUENTO?

Acuarela: Higorca Gómez



El frío se dejaba notar, el invierno era muy crudo. Hacía muchos años que no había nevado y helado tanto. Las gentes del lugar no salían casi a la calle. Se quedaban junto al rojo y confortable fuego de la chimenea.
Todas las noches sentadas frente a la misma, una  abuela le contaba historias. Cuentos a su nieta.
La niña, una mocita ya, le gustaban todas aquellas fabulas.
De vez en cuando preguntaba si eran hechos reales. Unas cosas si, otras no. Le contestaba la anciana, que a través de los años tenía un montón de anécdotas.
La abuelita con las manos en el regazo se dispuso a contar de nuevo otra de aquellas historietas que tanto le gustaban a la muchacha.
-       Hace bastantes años vivían en un pueblecito de pescadores un matrimonio joven. Ella estaba esperando un bebe. Por aquel entonces no se podía saber si era niño o niña. En verdad no le importaba, ya tenían otros. Solamente querían que llegase bien a este mundo.
-       Ella, ya estaba bastante adelantada y deseando que llegase pronto la hora. Un día su marido llego a la hora de comer y le dijo cariñosamente.
-       Tengo unos días de vacaciones ¿te gustaría que fuésemos de viaje? de esa forma la espera sería mucho más corta y de paso visitaríamos a unos familiares.
-       Ella no estaba muy segura de querer hacer aquel viaje, pero vio tan ilusionado a su marido que dijo que sí. Empezó con los preparativos y disponiendo todo para emprender el viaje.
-       Así cogieron el tren para dirigirse hasta dónde vivían aquellos familiares. El recorrido era largo y llegaron bastante cansados. Ella, la mujer se acostó enseguida. En verdad estaba agotada y aquel bebe que llevaba dentro de ella, se movía deprisa.
-       Seguramente será del viaje (dijo) el tren daba muchos saltos y habían sido muchas horas.
-       Al día siguiente sin esperar la mujer se puso de parto. Estaban afortunadamente en un lugar donde había un buen médico acostumbrado a traer niños al mundo.
-       El pueblo era pequeño, pero muy rico en metales. En minería. Por tanto no se carecía de nada. Eso le salvo.
-       El bebe venía de nalgas y tuvieron que  utilizar los fórceps, al mismo tiempo que abrir un poco la vagina para que pudiera salir. Con la gran suerte que el feto era muy chiquitín y pudo sobrevivir.
-       Era tan pequeña aquella niña que tuvieron que buscar una caja de botas de caballero para poder meterla, con mucho algodón y debajo una bombilla. Pensaron que se iba a morir, al día siguiente la bautizaron, era mucho mejor así, ya que la madre hasta que no pasaran por lo menos dos días no podía marchar a su casa.
-       Pasaron esos dos largos días, llamaron un coche que llevaba viajeros hasta otros lugares de España y prepararon el viaje de vuelta. El bebe necesitaba estar en una incubadora, su sitio era Barcelona, allí estaba su casa. Allí la gestaron, allí tenía que volver salva.
-       Llegaron y ya la estaban esperando, estuvo un tiempo en la incubadora, pero pronto se dieron cuenta que aquella niña no iba a morir.
-       Pasaron los años y tuvo que hacerse el carnet de identidad. Cuando se lo dieron vio que nada coincidía con ella. La fecha de nacimiento no era la correcta, se habían equivocado. Tampoco la iban a llamar ese mismo nombre, y siempre se pregunto ¿Por qué pusieron ese lugar si fue todo una coincidencia? Ella no conocía el lugar de nacimiento, simplemente estuvo unas horas en aquel pueblo.
-       Claro que a fin de cuentas ¿Qué importaba? Todo aquello, ella sabía toda la verdad.
      ¿Te ha gustado? – le pregunto la abuela. La niña la miro con ternura. – Si, me ha gustado mucho. Debes seguir la historia.

      Higorca

miércoles, 16 de mayo de 2012

CARLOS FUENTES ESCRITOR

Higorca Gómez



De vez en cuando llega esa “señora” con su guadaña y se lleva a todo el que se le pone por delante. No sé si escoge o lo hace al azar. Lo que si noto es que se lleva grandes genios ¿será por la edad? Me decían, nos preguntábamos esta mañana en una tertulia donde todos los existentes no cumplíamos ya los cincuenta.
Pasa el tiempo y aquellos que no estamos conformes con lo que somos o sabemos, intentamos aprender un poco más y por norma nos juntamos con maestros muy por encima de nosotros ¡Por qué a fin de cuentas somos simples aprendices!
Y, hemos hablado de este gran maestro de las letras. Ha sido un placer leer aquello que él escribía. Saber dónde se acentúa, dónde ponemos una coma, y un punto.
Es la mayor ilusión. Coger una novela de ellos y empapar muy dentro de nosotros todo lo que nos cuentan tan bien hecho, con sencillez y dejándonos ver con cada palabra escrita, como si estuviésemos soñando.
Nunca le gusto presumir de sus premios. Como grande que era le sirvió para seguir luchando por algo tan hermoso como son las letras, eso le llevo a seguir cosechando los más grandes galardones, no voy a enumerar ninguno, son tantos que ocuparían mucho más que el pequeño homenaje por mi escrito.
Dicen que Carlos Fuentes ha muerto. Yo digo que se ha alejado un poco dejándonos todo un legado para satisfacer muchas de nuestras curiosidades, y colmar nuestro apetito de lectores que nos gusta lo bueno.
Gracias maestro, por estar siempre junto a las letras. Gracias por morir con la pluma la mano, o con las botas puestas como se suele decir.
Quizás a través de alguna nube veamos asomar una letra en mayúscula y otra más pequeña. Eso nos dirá que se han juntado todos ellos y están discutiendo como si estuvieran en la Real Academia.

Higorca 

miércoles, 9 de mayo de 2012

LOS INDIOS EN GRANADA

Acuarela: Higorca Gómez



¿De dónde habían salido aquellos indios? Nadie lo sabía pero allí en aquel lugar de las Alpujarras granadinas estaban.
Sentada en una piedra junto a ellos escuchaba ensimismada la historia de su vida. Como tantas otras vidas, pero está me apasionaba.
Miraba a mi alrededor y todo aquel paisaje me extrañaba ¿qué estaba pasando? ¿Quizás soñaba? Yo les veía, los tocaba y hasta oía todo lo que ellos me explicaban.
Seguí preguntando el porqué de su estancia en aquel lugar tan distante de su tierra. De las montañas californianas, o de algún otro lugar de América.
Me invitaron a entrar dentro de su tipi (tienda) no hacía frío, tampoco calor. Era acogedor aquel habitáculo hecho por ellos mismos. Sirvieron una mezcla de hierbas en infusión. Fuera el tiempo estaba frío y aquella taza caliente daba la entonación necesaria a todo el cuerpo.
Mientras los niños jugaban fuera, ellos iban contando un poco de su atribulada vida.
Llego el hombre blanco y toda la paz que ellos tenían se perdió. Les quitaron todo: su tierra, su cultura, y toda su vida. Siempre les culparon de todo lo malo.
Se decía de ellos que se quedaban con niños, o con mujeres y las retenían, las maltrataban, les cortaban la cabellera y luego las mataban ¿sería todo verdad? ¿O nos lo hicieron creer en tantas películas?
Eso es lo que se ha escrito siempre de ellos. Ahora al verlos aquí en el patio de una casa de un pequeño pueblo granadino dónde les han dejado montar su tipi. Me he dado cuenta de muchas cosas. Sobre todo de lo crueles que podemos ser con aquellos que son distintos a nosotros.
Distinta su piel, su rostro, pero… ¿nos hemos parado a pensar en cómo son por dentro, en su interior?
Iban vestidos con el traje típico de su tribu, en la cabeza una pluma sujeta con una cinta de bonitos colores. El marido miraba con ternura a su mujer. De sus ojos salían los destellos del hombre enamorado. Creo que ellos pensaban que estaban al otro lado del mar, en su tierra. El lugar que les vio nacer.
Procedían de California, venían de la tribu Yurok. Eran muy buenos alfareros. También a ellos les enseñaron el oficio. Ahora en este bello rincón era muy importante saber ese tipo de trabajo, con ello podían vivir muy bien. Querían que sus hijos creciesen sin perder nunca sus raíces, fuesen otra clase de personas. Pero al mismo tiempo que no tuvieran que sufrir tanto como lo hicieron ellos, allá en el otro lado del océano.
Ella era hija del jefe Yurok. Era una muchacha muy bella. Todavía se dejaba ver su piel fina, y sus labios rojos, su largo cabello negro recogido en dos trenzas y una cinta de llamativos colores sujetando unas plumas, como adorno a tanta belleza.
Emigraron a España pensando un mundo mejor para sus hijos. Quizás en una libertad que en Estados Unidos no tenían ¿Por qué pensaron eso?
Gracias a unas personas que les tendieron la mano y les dejaron ese trozo de tierra para poder enclavar algo tan suyo como era esa forma de vivir. Era lo mejor para ellos. Para ellos y sus hijos, despacio les iban explicando cómo era la vida en una pradera de California en otros tiempos.
Me impacto su historia, su forma de vivir y de enseñar a esos pequeños parte de su cultura.

Higorca