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UNIÓN HISPANOAMERICANA DE ESCRITORES

UNIÓN HISPANOAMERICANA DE ESCRITORES

PALABRAS DIVERSAS

CONCIERTO DE MORENTE

LA EPIDEMIA AZUL

LA EPIDEMIA AZUL
Portada: Higorca

martes, 11 de diciembre de 2012

NOCHEBUENA

Dibujo a plumilla y tinta china. Autora, Higorca


Hacía frío, mucho frío. La noche estaba oscura, y, al mismo tiempo el cielo estaba plagado de brillantes estrellas. Parecían miles de lucecitas que se encendían y se apagaban para anunciar una buena nueva.
En la plaza del pequeño pueblo había un enorme abeto adornado con miles de luces de colores, cuando unas se apagaban otras se encendían. Unas veces verdes, otras rojas y blancas. Era una combinación perfecta. Como si las estrellas se hubiesen puesto de acuerdo.
A lo lejos se podía escuchar el sonido de una zambomba y una guitarra, al mismo tiempo que alguien cantaba con fuerza un villancico. Era un veinticuatro de diciembre. Nochebuena.
No se veía a nadie por la calle, aunque de vez en cuando alguien gritaba o iba de un lugar a otro con una botella de anís vacía y una cuchara de palo para hacerla sonar, para pedir el aguinaldo. Casi todos estaban en sus casas preparando la mesa para cenar.
El pavo, o el besugo estaba preparado en el horno para después de una buena lombarda o unos cardos bien hechos, “devorarlo”, para terminar con turrones, cava y toda clase de dulces de rico mazapán.
Los niños de la casa estaban deseando que terminara la cena para pegarle fuerte al pobre “tió”. Le habían puesto de comer todos los días y sobre todo habían hecho los deberes y se habían portado bien. Entonces no tenían miedo el tronco les “cagaría” muchos caramelos y golosinas.
De pronto sonó la campanilla de la puerta, era tarde ¿Quién podía ser? Abrieron y no vieron a nadie ¡qué raro! Salieron para mirar si alguien se había escondido, era noche de bromas. Tampoco se veía a nadie. Cerraron, hacía mucho frío para dejar la puerta abierta.
Estaban sacando las “viandas” del horno. De nuevo sonó el timbre.
Otra vez abrieron la puerta, no había nadie - ¡qué raro es todo esto! - Dijo la dueña de la casa - ¡llaman a la puerta y no hay nadie! voy a salir a ver si se esconden.
Al lado del árbol pudo ver una cosa que se movía, fue hasta ello para ver que era, o si alguien necesitaba ayuda. Vio que era un niño, estaba tiritando, las lágrimas se le habían congelado en la cara que llevaba algo sucia.
La mujer le pregunto - ¿has sido tú el que ha llamado a la puerta? - El pequeño movió la cabeza negando, la miraba con miedo, temblaba y los dientes le castañeteaban - ¿te has perdido? ¿dónde está tu mamá? – el niño solamente movía la cabeza en señal de negativa. Por fin hablo despacio, le temblaba la voz.
-       No tengo a nadie, mi mamá se ha muerto hace pocos días y tengo miedo, frío, hambre – al mismo tiempo que hablaba, lloraba y temblaba era difícil entender al pequeño - ¿qué hacer con él?
No lo pensó lo cogió de la mano y lo entró en la casa, lo miró bien, no iba sucio, todo aquello le parecía raro pero… le condujo hasta el baño; le  lavo la cara y las manos, -  es muy guapo, - pensó, miró la ropa que llevaba puesta, le dijo que se esperara mientras iba a coger ropa de su hijo, lo puso todo limpio y lo llevó hasta el comedor.
Todos miraron sorprendidos al muchacho ¿Quién era? Las preguntas se agolparon en las gargantas de todos los que se encontraban allí.
Le buscaron un sitio en la mesa, al lado de los niños. Estaban contentos, después de cenar, harían “cagar al tió” y después jugarían un rato, seguro que estando el niño “nuevo”, la mamá les dejaría más rato.
Todo era alegría en la mesa, los niños ponían la nota de jolgorio y griterío, era Navidad. Terminaron de cenar y los pequeños se fueron al baño, tenían que lavarse las manos, estar guapos para recibir los regalos del tió.
Todo estaba preparado, cada niño con el bastón y la garganta clara para cantarle al pobre tronco. Estaban nerviosos, se les notaba, esperaban muchas golosinas ¡el tronco no podía traer nada más era pobre! Ellos se conformaban con esas “chuches”, los Reyes Magos eran los que traían los juguetes.
Aunque en su interior pensaban que a lo mejor…
Salieron todos en tropel, llenos de energía, se pusieron delante del tronco, con el bastón en alto dispuestos a cantar.
Empezaron los cantes y el “tió” dejo golosinas. Los niños locos de alegría de nuevo se escondieron. Habían acogido al pequeño como uno más, el niño reía y saltaba con ellos, los mayores los miraban - ¡mañana hablarían con la policía no podían quedárselo! Tenían una duda ¿qué pasaría?- una lágrima se escapo por la cara de aquella mujer. El niño era muy guapo, tenía una carita sonrosada y el pelo rizado más bien claro, la pregunta siempre la misma ¿Quién era?
Estaba pensando en eso cuando los niños se pusieron a gritar, saltaban y reían, los mayores se acercaron hasta aquel tronco y pudieron ver un montón de juguetes; coches, patines, cuentos, un balón, golosinas…
Todos se miraron - ¿qué ha pasado? ¿Qué era aquello? No comprendían nada.
De pronto miraron a los niños - ¿dónde está el pequeño? Busco por toda la casa, salió a la calle, miro y no encontró, no había nadie, era todo muy raro. El pequeño se había esfumado, no estaba ni la ropa, nada de nada.
Los niños estaban jugando con todos aquellos juguetes, ya era la hora de ir a dormir, se había hecho muy tarde.
Cuando llegaron a la habitación, un sobre les esperaba sobre la mesita. La mamá lo abrió ansiosa, cada vez entendía menos lo que estaba pasando.
Eran muy pocas las palabras que contenía aquel trozo de papel amarillento con un aroma especial.
Gracias por ser gente buena, seguir siempre así, estoy de vuelta, Feliz  Navidad.
Miro por la ventana y pudo ver como una estrella muy brillante se alejaba de la casa. También a ella una lágrima de nuevo asomo para correr por su bella cara.

Higorca

domingo, 25 de noviembre de 2012

UNA NOCHE EXTRAÑA

Óleo de: Higorca


La noche era cerrada. Se veían las estrellas titilar en un cielo tan oscuro que parecía negro. El silencio era sepulcral, para colmo no se movía nada de viento, se podía escuchar el silencio.
Unos metros más allá estaban las “ruinas” de una ciudad romana que estaba en principio de restauración. Era bastante grande, tanto que podíamos visitar, los baños, el anfiteatro, teatro, circo, catacumbas…   
Cuando estuviera toda restaurada tenía mucho que ver y dar a conocer de la época romana.
No había nada alrededor, ni pueblo, ni casas, nada de nada. Estaba sobre una pequeña sierra.
Dentro del coche me preguntaba ¿qué hacía en un lugar así a las tres de la madrugada? ¿Porque nos habíamos dejado embaucar para ir allí a esas altas horas con unas personas que apenas conocíamos?
Me había cerrado las puertas del coche por dentro, aún así miraba a través de los cristales quería ver todo alrededor sin apenas moverme para no hacer ni el más mínimo ruido.
Hacía casi una hora que se habían ido a buscar “algo” que aquella tarde se había dejado olvidado un pintor que había llegado desde Colombia.
Nadie le conocía. Había viajado a España recomendado por el gran maestro y renombrado pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín, amigo de la persona que estaba junto a nosotros. A él le conocíamos un poco más nos lo había presentado un amigo común de Toledo. Nos llamo a casa pidiendo que fuésemos con él a recogerlo, tenía el coche averiado.
Así fue, el pintor llego, nos fuimos a comer, era la hora y se notaba que el recién llegado no había comido nada. Después de haber devorado con ansia aquellos ricos manjares, Andrés propuso ir hasta las ruinas para enseñárselas y de paso conocer un poco más a ese “artista”.
Vi como la persona foránea ponía una “riñonera” sobre las piedras que formaban los asientos. Estábamos en el anfiteatro de la ciudad.
Nadie hablo más de aquella “bolsa” cuando llegamos al pueblo bien entrada la noche, al bajar el colombiano se dio cuenta que había perdido la documentación ¿en verdad no lo había advertido?
Mirándole a la cara, dije dónde la había visto la última vez, pero claro era de día, luego me desentendí. No podía pensar que “iba a dejarla olvidada”. Note algo raro en su mirada, aunque estaba un poco lejos decidimos ir de nuevo hasta aquel solitario paraje. No se podía perder, la necesitaba para poder estar en el pueblo y después marchar para Madrid ¡de ninguna manera! Había que recuperar aquella cartera.
Oí primero sus voces, parecía que iban gritando, enfadados, luego pude distinguir en la distancia que volvían ¿no me habré equivocado?
No, no estaba equivocada, lo noté cuando se lo dije la primera vez y tampoco ahora, estaba segura ¡se  había dejado la documentación a sabiendas!
Llegaron hasta el coche y abrí las puertas para bajar. Cerca del coche había un árbol enorme, una fuente con agua muy rica, una casa albergue dónde los estudiantes de arqueológica pernotaban en verano. Detrás, justamente una necrópolis visigoda. Todo ello hacia que el lugar tuviera a esas horas de la madrugada una magia especial.
Allí estábamos bebiendo agua muy fresquita. Nos dimos la vuelta para “otear” nos pareció que no había nadie. – Bueno, vamos a beber agua otra vez y nos vamos – al darnos la vuelta de cara a la fuente, un hombre alto y muy delgado estaba apoyado sobre ella. Sonreía, parecía amable.
Todos nos quedamos mudos ¿quién era? De pronto empieza a contar la historia del lugar, explicando de “pe a pa” cuando fue construida la ciudad ¿de dónde había salido aquella figura? Nadie se explicaba cómo.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Era como un fantasma, muy alto y sobre todo muy delgado, al mismo tiempo era un señor elegante, bien parecido. Mientras explicaba de qué forma fue “concebida” note que me miraba, al mismo tiempo que hablaba y no paraba.  Le preguntamos ¿de dónde era, como había llegado hasta allí, dónde se alojaba?
Nos dijo que había llegado andando, siempre lo hacía, caminaba, pero solamente contestaba aquello que no le podía “dañar”, que no le comprometía a nada. Nos dio una lección en verdad muy buena de todo lo que nos rodeaba y también del nacimiento de Jesús.
Algo me quedo grabado, era verano y el señor llevaba una gabardina larga, iba limpio y peinado. Todo se me “liaba” en la cabeza. Necesitaba que nos fuésemos y al mismo tiempo me intrigaba saber quién era en realidad.
Nos quedamos con las ganas, después de un buen rato nos despedimos y caminamos hasta el coche que estaba al lado.
Antes de subir mire y en la fuente no había nadie, tampoco por los alrededores ¿qué había pasado? Igual como llego se fue.
Subimos todos al coche y nos marchamos camino de casa, teníamos que dejar a las otras dos personas en su pueblo y después todavía nos quedaba otra hora más para poder llegar a nuestro lugar.
Los dejamos y seguimos camino, en esas fechas los pueblos bullen en fiestas, nosotros estábamos agotados, pero íbamos hablando todo el camino. Hablando de la figura tan extraña que habíamos encontrado en la ciudad romana.
Nunca la hemos podido olvidar. Paso el tiempo, los años… un día mientras caminaba por la calle, vi una cosa que brillaba en el suelo, me agache para recogerla, cuando la tenía en mi mano vi con estupor que era una figura idéntica al señor que encontramos en la fuente. La guarde en el bolsillo y en casa se la enseñe a mi marido, nos miramos los dos pensando lo mismo.
Todavía la tengo guardada, durante mucho tiempo la tenía sobre la mesa de mi despacho, luego la guarde en una caja dónde tengo todos los pequeños recuerdos.

Higorca

martes, 20 de noviembre de 2012

DIA DE LA INFANCIA

Acuarela: Higorca




Junto a mi, unas caras me miran.
Veo sus ojos grandes,
desmesuradamente abiertos
dos lágrimas hay en ellos
lágrimas que resbalan
por unas mejillas rojas del frío.

Me miran pidiendo
un trozo de pan
¡simplemente eso!
sin importar nada más,
levantan las manos
como queriendo acariciar
o, ¿lo he entendido mal?
Creo que ha sido un trozo de pan
un beso, una caricia, una palabra
que simplemente diga paz.

Que no tiren bombas,
que dejen vivir a los niños,
que paren las guerras,
que tengan comida,
que tengan caricias,
que tengan cerca el calor de una madre,
el beso dulce al acostarse.

Esos ojos grandes que miran
que piden amor nada más,
no llores niño, no mires atrás,
camina de frente que encuentres la paz,
que allí no caen bombas,
y, pan te darán.


Higorca 20/11/2012



domingo, 18 de noviembre de 2012

HASTA LUEGO MILIKI

D E P Miliki



Hoy me invade la tristeza. Miliki, el payaso de mi generación nos ha dicho adiós. La mente se ha llenado de recuerdos ¿quién no conocía a los tres hermanos más famosos de la caja mágica?
Fofo, Gaby y Miliki ¡cuántas sonrisas me arrancaron! Me gustaba oír la música que anunciaba su llegada, lo dejaba todo y me sentaba delante de la pequeña pantalla. Aprendimos todas sus canciones que luego nos sirvieron para jugar con los “peques” y para reír un buen rato cuando nos reuníamos un grupo de amigos.
Primero se fue Fofo, después Gaby, y ahora el tercero de aquellos hermanos, herederos de una saga de grandes payasos. Tras un periplo de emigración, regresan a España para hacer olvidar muchas veces la tristeza a todos aquellos que les veían.
Ahora ya están otra vez juntos los inseparables payasos. Ahora tienen otra meta distinta. Ir por las nubes haciendo reír a tantos niños como se fueron, buscando esas alas para poder volar cerca de aquellos que tantas risas les ofrecieron. Hoy de nuevo estarán en un corro, alrededor de ellos esperando sus canciones, sus juegos y respondiendo a su frase consabida - ¿cómo están ustedes?
Descansa en paz querido payaso y entrega por “arriba” tanto como lo hiciste aquí, mientras yo, seguiré recordando al trío que tanto me hizo reír. Por de pronto os envió un largo beso.

Higorca

miércoles, 7 de noviembre de 2012

VIVENCIAS

Acuarela, Higorca Gómez


De pie en el vagón-restaurante notaba como el expreso iba devorando los kilómetros que separaban Zaragoza-Madrid.
Absorta en sus pensamientos, iba recordando con una sonrisa en los labios aquel inusitado viaje.
Después de estar media hora en la fila para poder sacar el billete, y cuando al fin le tocaba, oye como la voz del hombre que estaba detrás de aquel pequeño redondel le decía - ¡lo siento no quedan más billetes!
El factor debió darse cuenta de la cara que se le quedo al oír esa frase - ¡señorita, no quedan más…! – le gritó. Lo normal era que ella se hubiese retirado de la ventanilla pero en realidad… no sabía qué hacer. La esperaban, sabían que iba en el expreso.
Bajo al andén. Muy pronto escucho un silbido fuerte, miró y vio una luz que se acercaba hasta la estación - ¡Ya está aquí! – ¡subiré y ya veremos qué pasa!
Subió, y de inmediato busco el vagón-restaurante, y al revisor, paso de un vagón a otro hasta llegar a el. Pidió un café, la mañana era fría y eso le reconfortaría o ¿eran los nervios? No tenía costumbre de hacer esas cosas ¡¡ay si su padre viviera!! Le parecía que estaba cometiendo ¿cometiendo qué? Se contestaba a sí misma - ¡espero al revisor! -. Se tomo el café con tranquilidad, no era nada sospechoso, simplemente llevaba un bolso de viaje y uno normal de bandolera. Saco el monedero, pago, y  se dio cuenta que habían unas revistas sobre una rinconera.
Ese tren no paraba en todas las estaciones, eso sí, al pasar por ellas pitaba con insistencia, realmente por eso se daba cuenta que se iba acercando a la capital. Le extrañaba una cosa - ¿qué raro no ha pasado el revisor? - Pregunto al camarero - ¡normalmente si viene, pero hoy no ha llegado hasta aquí! – ¿Estamos llegando a Madrid?- ¡sí! - contesto ¡quedan dos estaciones!
Durante el trayecto había bebido bastante agua, nunca había sentido la sensación de sequedad en la boca - ¡parece que me sube del estómago! ¡qué nervios! Le dolían las piernas - ¿podré andar cuando llegue?
Se abrió la puerta del vagón, pero en realidad durante todo el trayecto se había abierto, y no era la persona que se esperaba. En aquella ocasión, si era, el revisor estaba allí, se puso en la barra y pidió un café. Ella se acerco y con voz temblorosa le dijo - ¡por favor, necesitaba hablar con usted, he subido en Zaragoza sin billete! – le explicó la verdad mientras pensaba - ¡ahora que ya estamos en Madrid voy a tener que pagar doble billete! ¡vaya fastidio!
El revisor con toda naturalidad y muy amable le contesto - ¿dónde ha estado todo el rato? - ¡aquí, de pie! Le pregunto al camarero y el hombre afirmo con la cabeza al mismo tiempo que el tren pitaba estrepitosamente.
Estaban entrando en la estación de Chamartín, el revisor la miró diciéndole - ¡ya no puedo cobrar nada, hemos llegado y usted ha ido a pie firme todo el tiempo! Río fuerte, dio media vuelta y se marcho, el tren estaba parando en el andén. Se abrieron las puertas, bajó. Estaban esperándola con los brazos abiertos iba a encontrarse con su gran amor. El frío del invierno se torno en dulce primavera.

Higorca

jueves, 25 de octubre de 2012

UN PASEO POR GRANADA

                                              José Higueras, Higorca, al fondo La Alhambra
                                                            José, Higorca en un rincón romantico          
Mara, nuestra amiga granadina, José Higueras, Higorca



Me adentro en Granada y veo los jardines con rosales todavía en flor. Viene a mi memoria una leyenda que más bien podría parecer un romancero gitano.

Dicen que pelean
los Garabos y Pirranganos,
porque en la plaza de toros
dos guapas morenas esperan.

Camino lentamente, saborear cada rincón y aunque rápido me gusta pasar por la Cartuja, esta vez es por la parte de atrás miro atentamente las paredes amuralladas, y viene a mi memoria un pintor, el nombre de un toledano que sin pretenderlo fue un grande del pincel ¿o si le gustaba su oficio? No pinto muchos cuadros ¿o sí? los que yo conozco son unos pocos bodegones. Naturalezas muertas ¿Por qué decir eso, cuando un bodegón está lleno de vida?
Claro que si entro a esa hermosa Cartuja granadina, me encuentro una sala llena de cuadros, en todos ellos frailes pintados. Miro bien las caras, y… me sorprende que todos, absolutamente todos tienen la misma cara -¿Quién es el autor? – el mismo de los bodegones encontrados y que ahora deben de estar por el Museo del Prado. Nada menos que Cotán, Juan Sanchez Cotan, nacido en Orgaz, un pequeño pueblo de la provincia de Toledo.
Dice la historia que era un pintor ya con renombre. Un día decide que quiere ser fraile cartujo, más bien hermano lego por aquello de la edad y los estudios. Así fue como llego hasta Granada, haciendo una importante obra sobre los cartujos.
Sigo mi paseo recordando todo lo que veo a mi paso. De pronto noto unas cosquillas en el estómago, este me pide algo. Miro el reloj, es buena hora para merendar. Estoy un poco lejos pero vale la pena llegar.
Voy hasta la plaza Bib-rambla, allí están los mejores churros  y un excelente chocolate. Un placer de merienda. No he podido terminar la ración, ¡era inmensa! estoy un rato mirando el ir y venir de tanta gente como pasa alguna se queda para saborear ese rico manjar. Otras siguen dirección a la catedral, y otros seguramente ya vuelven de ella. Es un lugar mágico, al entrar los pelos se erizan, siento el magnetismo de tanta historia como hay en ella.
Debo subir hasta el Albaicin e instalarme para poder seguir con mi paseo por esta bella ciudad. Hace un tiempo extraordinario que no se puede desperdiciar.
Ya estoy instalada, tengo tiempo de un buen baño, engalanarme para salir a cenar. A cenar… y escuchar al mismo tiempo un “concierto” de flamenco en los Jardines de Zoraya. Delante de un buen plato de exquisito jamón de Trevelez y una copa de rica manzanilla.
Se dejan ver las estrellas, creo que hasta el cielo es distinto, siento un escalofrío… no, seguro que no es de frío. Quizás es que siento dentro de mi la Andalucía.  ¡Al-Andalus, toda la civilización nazarí!.
Miro a través de mi ventana y veo que el sol ya ha salido hace un buen rato. Siento hambre. El aire de la sierra granadina abre el apetito.
Ya estoy dispuesta para caminar por todo el Albaycin y Sacromonte, dejaré la Alhambra para otro día. Mis zapatos son cómodos, los necesito así para poder andar y pisar esas piedras llenas de historia, con tantos siglos sobre ellas ¿qué dirían si pudieran hablar? Seguramente contarían miles de historias de amor.
De princesas y reyes, sultanes que enamoraban a gitanas de pelo negro y rizado, de ojos verdes y grandes, de piel morena. Gitanas del Sacromonte que bailaban al son de las citaras, liras, y guitarras. De miles de mestizajes que elevaron todo el reino de Granada.
Calles que bajan y otras que suben. Callejuelas que apenas da el sol pero que cuelgan miles de plantas de sus balcones, desprendiendo aromas a jazmín, a galán de noche, y suave azahar, envuelto en rabiosos colores de geranios cuajados de flor.
Mientras camino miro las piedras que en su día pusieron otras civilizaciones, las veo igual que la última vez que estuve paseando por aquí.
Me admira el buen trabajo realizado, con su “canaleta” en el centro para que el agua corra y no se encharque el resto, me dirijo hasta San Nicolas. Buenas tapas, manzanilla y cante con palmeros, luego poder admirar desde el mirador la bellísima señora que vela los montes, ese palacio moro y cristiano.
Bajo por detrás y me encuentro con la plaza larga, ya están desmontando los “puestos” de venta: ropa, rica fruta de la vega, o de ese rincón con clima tropical que tanto nos deleita y que se deja acariciar por el mar.
Mientras me asomo al balcón del Huerto de Juan Ranas para admirar esa belleza de La Alhambra, y el palacio de Carlos V, siento en mi un chispazo y escucho las notas de una guitarra y la voz sin igual de un granaino ilustre; Enrique Morente cantando a esa tierra suya, con sentimiento y desgarro.
Voy a parar al bar Casa Torcuato, saboreando una buena tortilla Sacromonte y ¿otra manzanilla? Parece que estoy bien, no me he mareado. Después una buena ración de fritura de pescado. Exquisito. ¡Ya he comido! Granada y su tapeo. La terraza de este bar siempre está llena, se puede ver gente de todas las nacionalidades, también lugareños que van a pasar un rato.
No puedo olvidar tantos artistas como esta tierra ha dado, pero hay uno que admiro profundamente, sus letras, sus poemas, sus ensayos ¿qué hicieron con él? Federico tu tierra te ama, mamaste de ella por eso al escribir dejaste su estela y tu huella.
Entre cantes, riñas y motes; entre Garabos y Pirranganos, gitanos y payos, voy caminando, pisando las piedras de mis antepasados. Escucho canciones y oigo poemas. Guitarras, citaras, mandurrias y violines. Música que llena y acompaña la manzanilla y quita los sentíos y  las penas.
¡Ay Granada! ¡Granada de mi alma! Llevarte conmigo quisiera, bajar a la vega, subir hasta la Alhambra, pasar por el Albayzin, para llegar hasta las cuevas del Sacromonte gitano.

Higorca


jueves, 4 de octubre de 2012

¿CÓMO LOGRAR LA PAZ?

Acuarela: Higorca Gómez



Soñaba y mi sueño era tan hermoso que al despertar me encontré con el más inhóspito “despeñadero”.
¡Voy a contar mi sueño! y pensar que se puede realizar.
Voy equipada para recorrer el mundo, llevo una mochila colgada a la espalda. Una mochila enorme. En la mano izquierda una bandera blanca.
Despacio recorro países, hablo, saludo, sonrío a cada uno que me encuentro. Me siento a su lado, y mientras, escucho atentamente sus problemas ¿Quién no tiene problemas? El rico por ser rico, el pobre por eso mismo, por su pobreza.
Observo, no necesitan nada material, solamente eso ¡ser escuchado! ¡Qué importante es que nos escuchen!
Sobre todo a esas personas mayores que en su soledad piensan en demasía, y a veces su tristeza es infinita, ellos dicen.
Dicen ¡¡¡hijos, venid, recordar, la soledad no es buena!!! Pero ellos no escuchan, no recuerdan que tienen padres y que son mayores. Les pueden las riquezas, y con ellos cerca es imposible atesorar
Sigo andando, viendo y escuchando las miserias que a mi paso encuentro.
Me hablan de guerras. De bombas, de minas escondidas en la tierra, por dónde pisan los niños, dónde a veces juegan, pensando que son otra cosa ¡Seguramente no han tenido ocasión de ver un juguete!
Las voy recogiendo y las hecho en mi mochila que tiene un gran agujero. Voy dejando un reguero de rosas, jazmines, margaritas y humildes violetas, hasta el cielo sube un dulce aroma, y el aíre levanta los miles de pétalos que juegan y juegan mientras cantan y trinan los alegres pajarillos al mismo tiempo que tejen una endiablada danza las mariposas de mil colores que transforman los cielos, la tierra… La vida en sí se transforma y todo vuelve a sonreír. Se oyen voces de niños y dedos señalando tan alegre festín.
Sigo caminando y recogiendo con mis manos toda clase de terribles armas, y sigo metiendo en la mochila todo el dolor que produce, el odio, el rencor, la envidia…
Sigo soñando, no quiero despertar, porque lo más bonito está por llegar.
¡Miro para atrás! y en el suelo cada pétalo se transforma en pan, dulces, chocolate y bombones, en toda clase de comida para poder alimentar esos frágiles cuerpos de tantos y tantos humanos que están muriendo de hambre.
Con mi bandera blanca toco los resecos campos, los deshidratados ríos y es como una varita mágica, empieza a correr el agua. Todos beben de ella, es como una gran fiesta.
Ya no camino, bailo y al mismo tiempo voy trazando espacios, pantanos donde poder aprovechar cada una de las gotas. Simplemente esas gotas que recogen las hojas al caer la noche, y que al amanecer resbalan con cautela para luego verlas correr por esas venas que cubren la tierra y que son los ríos y canales.
Todo ello serviría para alimentar y saciar la terrible enfermedad del hambre y la sed que al parecer no importa a todos aquellos que tienen el estómago lleno de buenos alimentos y mejores bebidas sin importar lo más mínimo los que famélicos mueren a diario porque alrededor de ellos solamente encuentran bombas, hambre y miseria, dolor y tristeza.
Quiero volar muy alto y llegar hasta lo más profundo de las gargantas, abrir mi mochila y tocar con mi bandera blanca.
No quiero palabras, ni mítines, ni nada. Quiero decir con voz muy alta, paz a todos y para todos. ¡Que no existan las armas! Todo es mentira cuando nos dicen que desaparecen las fábricas. Que los políticos callen sus bocas, que trabajen en silencio para mejorar el mundo, que no engañen, que cosan sus bolsillos para que no entre lo que no es suyo. Que recuerden a los niños sin importar el color, ni la raza. Al final todos somos iguales.
Blanco es el fondo del ojo que nos iguala.
Enarbolo mi bandera blanca que es la única que a todos abraza.

Higorca

domingo, 16 de septiembre de 2012

¡¡ INCREÍBLE!!


Óleo sobre tabla, autora: Higorca





En silencio mientras trabajo escucho atentamente y a través de los medios de comunicación algunas cosas que no me parecen coherentes. No digo que sean culpables esos medios, no, ¡nada de eso!.
Ellos dicen lo que les “obligan” de alguna manera a decir para poder conservar el puesto de trabajo. Los verdaderos mentirosos son el gobierno, los gobiernos. Los españolitos de a pie nos tenemos que tragar todo aquello que los gobernantes quieren.
España, como todo el universo está un poco “jodido”. De vez en cuando el mundo está un poco saturado de mil cosas, de mil temas. Ahora desde hace unos años esto ha cambiado ¿por qué? Muy fácil.
En España, el país donde yo vivo, y el que ahora me importa. Se han quemado todos los cartuchos de golpe, además de estar entre nosotros un montón de “chorizos” que se han llevado para sus arcas particulares todo lo que han tenido por delante.
Lo suyo no, lo ajeno, sin pensar que lo ajeno era del pueblo, de los españoles, que a fin de cuentas somos los contribuyentes
¿Qué son los que gobiernan un país? Son nuestros “trabajadores” el pueblo es el jefe supremo de todo el tesoro, ellos lo único que tienen que hacer es administrar, trabajar para el pueblo, claro que ellos no lo entienden y a ver quién es el “guapo que le pone el cascabel al gato”.
¿Quién son ellos para subirse el sueldo, así porque me da la gana? No  señores, ustedes tienen que preguntar al pueblo cuando y como se suben sus sueldos ¿comprenden? Creo que no lo comprenden y jamás lo comprenderán. Es difícil lo que estoy diciendo y seguramente no pasara nunca. Es “pedir peras al olmo”.
Hace unos cuantos días están diciendo los “ministros” actuales; - ¡señores, no vamos a tocar las pensiones! No… de momento el “pobre pensionista” que ha trabajado toda su vida, que ha cotizado toda su vida, y que ha llegado a una edad dónde debería estar tranquilo, relajado. Dando sus paseos, o jugando a la petanca, o ¿Por qué no? ¡Jugando a lo que le dé la gana!.
Pues resulta que como a esas edades llegan todos los achaques, tiene que ir más a por sus recetas correspondientes; tiene que abonar un “dinerito”, más tarde tiene que ir a comprar lo más elemental; otro extra, el iva, por no decir “iva y venia” dinerito para el gobierno.
Como ese pensionista cobra nada y menos, no puede permitirse el lujo de comer según que viandas porque de lo contrario no llega a fin de mes, eso sí, los gobernantes comen de lo bueno lo mejor.
El pensionista si necesita un jersey, se lo compra en el “mercadillo” porque aún en los “chinos” es caro. Ellas, “gobernantas”, mujeres, o señoras, (por eso de ser más elegantes) de los gobernantes se visten en “Carolina Herrera, Jesús del Pozo, o Victorio y Lucchino, o etc. etc., creo, pienso que para ese “luc” no se puede “cobrar” mil €, ¿o sí?
Y eso si no tienen que ayudar a ese hijo, nuera, o nietos que están en el paro o parecido ¡Triste porvenir nos espera!
En fin siempre pierde el más “flaco” aquel que menos tiene, y eso por no decir cuando se dedican algunas de ellas a ir a las casas y aprovecharse de las pobres incautas, cuando les dicen ¡déjame este complemento que ya te lo devolveré! Entonces pasa como con los libros, se los llevan y pierdes, el bolso y la amistad. Todo eso porque no tienen suficiente con la “mensualidad”.
Así funciona todo hoy día ¿Por qué? Pues fácil, se ha perdido el respeto, la dignidad, la vergüenza, y todo lo demás ¿hasta cuándo?
No quiero oír la radio, ni ver la tele, ni escuchar conversaciones que me indignen. Quiero buena música que me llene el alma de alegría, que sienta dentro de mi cosas positivas, buenas, de esa forma voy a tener que pagar menos en la farmacia, ya que no tengo posibilidades de tener criadas.

Higorca 

martes, 11 de septiembre de 2012

¿A DÓNDE VOY?

Óleo sobre tela, autora: Higorca Gómez


Piso despacio las piedras del camino
La hierba fresca besa mis pies.
Cuidado tengo con las ramas secas
Al mismo tiempo que respiro
El suave aroma de los pinos.

¿A dónde voy?

Camino siempre en línea recta
En cambio, al frente veo
una tortuosa senda
que no sé dónde me lleva.

¿A dónde voy?

Camino y camino, sin saber…
A ciencia cierta, si lejos o cerca
Solamente una cosa si noto.
Un inmenso bosque me rodea.

¿A dónde voy?

¡Cuánta belleza en mis ojos se refleja!
Siento correr la sangre por mis venas
Noto el aíre limpio entrar en mis pulmones
¿Será la primavera?

¿A dónde voy?

Me siento pequeña ante tanta belleza
Verdes inmensos, colores mil
Que brillan al mediodía.
¡Al sol le dan la bienvenida!

¿A dónde voy?

Grito en el bosque
¿Quién me escucha? ¿No hay nadie?
Hadas, gnomos, entre las ramas
Pajarillos que alegres cantan.

¿A dónde voy?

Su casa es el bosque, respiran
La libertad es plena…
También yo quisiera vivir en la floresta
Ser libre de tantos buitres como acechan.

  Higorca

viernes, 31 de agosto de 2012

LOS GRANDES NOS DEJAN

Juan Luis Galiardo, Aurora Bautista, Bernardo Bonezzi, Carlos Larrañaga




Hoy es de “recibo” que rinda homenaje a “unos cuantos grandes”. Últimamente mi “enemiga la guadaña” se ha llevado a sus “confines” a muchos juglares que nos acompañaron toda nuestra vida.
Aquellos a los que estábamos acostumbrados a ver a través de la pequeña pantalla y que al final nos parece que son de la familia.
Este año 2012, que por cierto es año bisiesto, parece que ha traído un “mal aire” en todos los sentidos, y, cada día del calendario nos ha llegado con que se “ha caído alguien”.
No quiero citar nombres, por eso que me puedo dejar alguno de ellos por el camino y sería imperdonable ¡son tantos! Actores grandes, maestros del celuloide. Actores que han dejado huella entre todos nosotros ¿quién no ha estado enamorada de Carlos, de Sancho, de  Galiardo, y, hasta de Bernardo? Y los hombres ¿Cuántas veces han suspirado viendo la serena belleza de Aurora Bautista?
Ya no están físicamente con nosotros, pero si están sus trabajos, sus historias, sus sonrisas picarescas. Disfrutaremos viendo de nuevo sus películas, esas cintas que seguramente la gente joven dirá -¡son una lata!- Pero a nosotros nos gustan quizás por eso mismo, porque forman parte de nuestra vida.
Antes las tertulias eran en el café Gijón de Madrid. Ahora ellos se reúnen en una de esas blancas y espumosas nubes. Juegan a las cartas, o se caracterizan de ángeles para seguir dentro de esa caravana que les llevará de ruta por esos caminos de Dios.
Descansad en paz queridos amigos de ese difícil mundo de la farándula. Siempre estaréis con nosotros.

Higorca

miércoles, 29 de agosto de 2012

FUEGO EN ESPAÑA

Óleo, Higorca Gómez


                                   Arden bosques, caminos,
montes y valles, casas…
Arde España por todos
                    los costados,
Llamas que suben en busca
¿qué buscan esas llamas?
Lenguas viperinas que crujen,
lenguas  de fuego que suben
                                       y suben.
Rodean los bosques, los montes…
Buscan las nubes cargadas de agua.
Lloran las gentes al ver que pierden
sus casas tan violentamente.
Mientras, rezan con fe esperando
¿qué esperan?
¡Las nubes!
Y  dicen gritando
por si acaso los oyen
¡Llega pronto nube!
¡apaga esos fuegos que tanto destruyen!
Cielo llora, vierte tus lágrimas
sobre esta tierra que tanto teme
                                      y nada tiene.

Higorca