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CONCIERTO DE MORENTE

LA EPIDEMIA AZUL

LA EPIDEMIA AZUL
Portada: Higorca

sábado, 17 de septiembre de 2011

¿Nos acordamos de los padres?

                                                           Dibujo sobre papel - Autora: Higorca


Cada día encontramos menos personas mayores en casa de los hijos. ¡Claro! Siempre que no estén perfectos y puedan servir de ayuda a los mismos, ayuda para cuidar a esos niños, que ahora ya son sus nietos, y, que los abuelos adoran con toda su alma, ellos, son los que les dan la vida en muchos de los casos.
Y los llevan, los traen, les dan la comida, los visten, y un largo etc..
 En otros casos los hijos no se dan cuentan que son personas “mayores” y algunas veces “seniles” (siempre según ellos, claro) pero los estrujan hasta cansarlos egoísta mente.
Pero esos se pueden llamar afortunados ya que la mayoría de las veces podemos comprobar y ver llorar a muchos de ellos que se encuentran solos, tristemente solos. Los hijos dicen que no pueden estar en sus casas, trabajan los dos y claro, es mejor la residencia, o la soledad, o la soledad estando acompañados.
Cuando los hijos han crecido y se han independizado se olvidan de aquellos que un día los trajeron al mundo. Bien mirado esos hijos no pidieron en ningún momento venir. Eso también es verdad, pero los padres han pasado muchas horas de su vida viendo como crecían, como se hacían personas, les daban su cariño, sus pequeños ahorros para que pudieran ir a una buena escuela, o seguir estudiando. Si    estaban enfermos, no se movían de su almohada, y otras veces  dando y haciendo los máximos sacrificios, perdiendo a veces sus caprichos para darles lo mejor a ellos.
Y ahora casi no se acuerdan de ir a verlos, de una llamada, de una navidad, o año nuevo ¿qué más da?
-      Ellos ya no se dan cuenta ¡están un poco seniles! – Dicen los hijos.
Qué tristeza ver  y oír esas cosas, saber que están cerca y no poder darles un abrazo y recibir un beso. Así estamos ahora, todos “trabajando” y no hay tiempo para ellos.
A todos esos padres que lloran en soledad buscando una caricia. También a los hijos que olvidaron a esos padres, les quiero dedicar este poema con mi mayor cariño y respeto.


                       ¿DONDE ESTAIS HIJOS?

Camino y no veo, busco en tinieblas.
Limpio mis lágrimas con frecuencia.
No lloro, extraño, nadie tengo…
La soledad, el silencio, el frío…
Ese frío que me consume,
aun siendo  pleno verano
¡Es el frío del alma!
Cuando solo queda soledad…

Nada espero, porque nada tengo,
di todo  sin esperar nada.
Ahora contengo mi aliento,
para que esas lágrimas amargas
no asomen a mi cara.
Me pregunto cada día
Cuando amanece el alba
¿Dónde estáis hijos del alma?

Nadie me contesta
Simplemente un suspiro,
que se escapa sin querer de mi garganta.
Para repetir una y otra vez
¡Ay hijos, mis hijos del alma!

Higorca