Seguidores -- GRACIAS POR ACOMPAÑARME OTRO AÑO

UNIÓN HISPANOAMERICANA DE ESCRITORES

UNIÓN HISPANOAMERICANA DE ESCRITORES

PALABRAS DIVERSAS

CONCIERTO DE MORENTE

LA EPIDEMIA AZUL

LA EPIDEMIA AZUL
Portada: Higorca

viernes, 2 de septiembre de 2011

REFLEXION DE FABULA

Mi jardín


Puede que al leer esta fábula-reflexión, unos piensen que es cuento, otros que puede ser verdad, pero lo cierto es que: Cada uno piense aquello que le parezca mejor.
El verano avanzaba a pasos agigantados, y, como bien hablado anteriormente el grupo de amigos salieron a merendar al campo. Todos eran de una edad ya un poco madura, sabiendo lo que hacían y decían cada uno de ellos.
Aquella tarde decidieron visitar un lugar donde la sombra era excelente, el sol, todavía quemaba bastante. Había barbacoas y bancos, donde poder sentarse para estar muy bien.
Además de la sombra que les proporcionaba una inmensa higuera y un membrillo, estaba también el mar muy cerca, y, el sonido de las olas al chocar con el acantilado era como una dulce compañía, la música de fondo que daba un toque mágico a tan agreste lugar.
La tarde prometía, todos se conocían, todos menos una pareja que habían conocido una noche y que al saber de su excursión quisieron unirse al grupo también. Cada uno de ellos saco sus enseres de los coches, dispuestos a preparar el picnic. Pusieron el mantel sobre la mesa y se dieron cuenta que todavía era muy pronto para merendar, ¡bueno! Hablarían un poco del tema que estaba de actualidad: política, cine y revistas donde el “famoseo” era lo cotidiano.
Mientras hablaban habían sacado unas bebidas de las neveras portátiles, la charla era animada y un trago de aquellas cervezas fresquitas agradaba, sobre todo a los hombres.
Comenzaron a sacar los bocadillos y las fiambreras, cada uno llevaba una cosa pero luego todo era de todos, la cuestión era pasar un rato agradable.
-      Parece que el mar esta bravío, las olas pegan con fuerza contra las rocas.
Comento María, una de las que más le gustaba el mar, precisamente por eso sabía que aquel sordo oleaje vaticinaba una fuerte marea.
-      No vamos a poder bajar a pasear por la arena, creo que esta algo enfadada.
Siguió hablando, mientras no dejaba de abrir los paquetes de bocadillos que muy diestramente había preparado en su casa.
-      Bueno pero siempre vamos a poder coger unos higos, mirad parece que están ya maduros.
Dijo Pepa mirando para arriba en dirección a las ramas de aquella hermosa higuera.- Se puede hacer mermelada ¿vosotras sabéis hacer?
Todas contestaron que sí, pero que en realidad iban a coger unos pocos para comerlos pero nada más, y sobre todo no se podían comer en aquel momento estaban calientes.
-      Podemos coger unos pocos para poner en la nevera, sobre el hielo, se refrescaran y para postre los vamos a tener exquisitos.
Dijo otra de las que allí estaban, todas asintieron alegremente la idea, se levantaron y mirando donde podían encontrar alguno que en realidad estuviera maduro, se reían con ganas, parecían chiquillas buscando a hurtadillas tan rico y al mismo tiempo tan barato postre, ya que aquel árbol estaba en mitad del campo y en estado salvaje ¿Quién iba a pedir nada? Pero no por eso lo iban a dejar desnudo de fruto, a lo mejor mañana iban otros y también les gustaban.
De todas formas solamente se podían coger aquellos que estaban al alcance de los brazos, los altos era impensable ya que ninguno de ellos tenían tanta altura.
Uno de los hombres comento ¡si encontramos una caña y una piedra…!
De pronto una voz agitada gritaba a su pareja.
-      ¡¡Aquellos, aquellos!! Coge aquellos Luis, todos, mira que gordos, cógelos tú que para eso yo los he visto ¿Por qué vosotros no los queréis verdad?
La mujer no era otra que la nueva del grupo, gritaba con avaricia desmedida, mientras todos reían a carcajada limpia, y las amigas, o conocidas le decían sin parar de reír.
-      No te preocupes todos esos higos para ti y que te salga buena la mermelada amiga.
La infeliz, una señora, muy puesta miraba con una cara extrañada, cuando su marido le dijo.
-      Eso no son higos cariño, son membrillos y están muy verdes.
No se amedrento, muy valiente dijo – Bueno,  a mí, me parecieron higos.
Cuando ya paso todo aquello, las risas, los dimes y diretes, y cuando se leen estas cosas que parecen chistes, y, que son realidades, te paras a pensar, a reflexionar largamente y sacas conclusiones del ¿Por qué somos tan egoístas las personas? El afán de poder es enorme, aquí nos dice que por egoísmo y avaricia, confunde los membrillos con los higos, y, quiere esos grandes, todos para ella, sin pensar en un momento que el mundo es de todos, que todos necesitamos un poco de aquello que crece en el campo, todos necesitamos saciar el hambre.
¿Por qué queremos ser unos más que otros? ¿Estos son los corazones que aman a los demás? ¿No queremos recordar a tantas y tantas personas que están muriendo de hambre? Esta persona no era tan mayor, pero da a entender que es solamente fachada.