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UNIÓN HISPANOAMERICANA DE ESCRITORES

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LA EPIDEMIA AZUL

LA EPIDEMIA AZUL
Portada: Higorca

lunes, 13 de junio de 2011

PENTECOSTES

Dibujo de plumilla a nogalina sobre papel de algodón, autora. Higorca Gómez

Hoy es el día de Pentecostés, Pentecôte, la Pascua Florida ¿Qué  más da? Según el lugar donde nos encontramos así se puede llamar, pero eso sí, es uno de los días dedicados: a la alegría, a ir de romería, elevando cantos de todo tipo, y, alabanzas a la Señora, a esa Madre que vela por todos.
Me trae recuerdos el día de hoy: mi niñez, mi juventud, esa juventud feliz y llena de proyectos para un mañana que luego sin darme cuenta ha llegado.
Era bonito, la romería que siempre en ese día proyectábamos nuestro grupo de amigos, llevábamos los bocadillos, o el pan con… para preparar en ese lugar el “bocata” tan delicioso con: atún, o jamón, o queso, o un largo etc, o de todo un poco. Llevábamos nuestra botellita de aceite, el tomate, la sal y todo aquello que nos parecía adecuado para llenar nuestro hambriento estómago.
Todo estaba preparado desde unos días antes, dependía mucho del tiempo, de la meteorología, ya que según estaba se podía ir más lejos o más cerca, pero a mí… me gustaba ir a un rincón donde podía divisar el mar, era un acantilado, una ermita; San Cristóbal. Desde ese mágico lugar podía ver aquel horizonte pleno de paz, dependiendo del color del cielo, así era su color y al fondo, donde el mar y el cielo se unen, una suave línea de color gris o azul Prusia.
Aquello me fascinaba, mi melena suelta me tapaba la cara con el aire, y, el agua al chocar contra las rocas formaba una espuma maravillosa que empujaba hasta arriba en forma de  suaves gotas que parecían brillantes con la luz del sol y que se quedaban prendidas en mi pelo.
Levantaba los brazos poniéndolos en cruz y gritaba, recuerdo que gritaba el nombre de mi hermano que el eco me devolvía, y… era como soñar que estábamos juntos, que nunca él se había ido, o ¿quizás me estaba escuchando colgado de una nube y me contestaba? Nunca lo pensé.
Todo el grupo de amigos formábamos un corro sentados delante de la puerta de aquella pequeña ermita, comíamos, hablábamos, y, hasta cantábamos, no nos importaba nada si entonábamos o no, luego caminando otro poquito podíamos bajar hasta una pequeña playa, no había nadie, era un remanso de paz, podíamos nadar libremente, y, hasta bucear perfectamente. Luego llegaba la retirada casi no quedaba luz, el crepúsculo era la mejor hora para mirar ese mar que íbamos dejando atrás para volver de nuevo a casa. Sin darnos cuenta habíamos pasado el día de la segundo Pascua con nuestra romería particular. Ahora vuelvo la cabeza y noto que el tiempo ha volado, aun sabiendo que desde entonces ha llovido mucho, y, he tenido tiempo de hacer muchas cosas, de sembrar y recoger: estudios, familia, amistades, trabajo, y… un montón de cosas más. Año tras año he ido amontonando, pascuas de todas clases. Me miro al espejo y veo que las huellas han ido quedando en mi rostro, aunque eso sí, sin perder nunca ni un mínimo de ilusión, todavía me sorprende infinidad de cosas, y, sobre todo me sigue emocionando: el regalo de una flor, el beso de un niño, la caricia tibia de mi marido, la palabra amable de los amigos, el trino o canto de los pájaros, y sobre todo, la crítica constructiva de aquellos maestros que miran mi trabajo.
Por eso doy gracias a esta fiesta Pentecostes, o Pascua Florida, me da igual, las dos me gustan.

Higorca