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CONCIERTO DE MORENTE

LA EPIDEMIA AZUL

LA EPIDEMIA AZUL
Portada: Higorca

domingo, 15 de mayo de 2011

GUSANOS DE SEDA

Dibujo en nogalina-autora: Higorca Gómez



Hace unos días miraba a través de mi ventana mientras caía una tremenda y horrorosa tromba de agua y granizo, un verdadero desastre. Al mirar no pude evitar ver como caían: nidos y pajarillos recién nacidos que tienen su lugar en los árboles de nuestro jardín. Mire al frente en la acera, ya que en la misma puerta de casa, tenemos una enorme morera, en esta época del año está plagada de frutos, que luego al madurar caen al suelo siendo el consabido peligro para todo aquel que pasamos por debajo de la hermosa morera. Pero a mí, me ilusiona cada primavera cuando veo que empieza a poblarse de esas hojas enormes que tantos recuerdos me traen.
Hoy de nuevo al mirarla detrás de los cristales he recordado aquellos años de mi infancia, recordaba aquellos niños que nos ilusionaba tantas cosas distintas a los pequeños de ahora.
¿Quién no ha tenido gusanos de seda? Me gustaba mirar la caja donde los guardábamos los pequeños de la familia, y, ver como se movían: eran blancos, grandes, gordos, se retorcían por entre las hojas, y, comían con avidez, iban mordiendo aquel alimento que todos los días les poníamos fresco.
Nos gustaba tener cada uno nuestra caja ¡¡de zapatos claro!! Buscábamos por donde estaban, sacábamos los zapatos de la familia y, los dejábamos en el suelo, nos la llevábamos para guardar los gusanos. Con una tijera o cualquier cosa punzante, hacíamos los agujeros en la tapa ¡tenían que respirar! Y allí acomodábamos a los pobres gusanos, que algunas veces otros amigos nos daban. Lo mejor era mi primo, tenía muchos, le criaban en su caja, me gustaba ver como crecía la familia en su “casita”, eso sí ¡cuando no me veían! De  lo contrario mi primo ponía el grito en el cielo, como yo era la más pequeña, a veces me daba alguno, él los vendía a otros amigos, o los cambiaba por cromos que le faltaban de alguna de aquellas interminables colecciones que siempre tenía en marcha.
Aquellos gusanos era una buena forma para pasear por el campo, cuando se vive en una capital, la forma de vida es distinta, y, los domingos, o bien el abuelo, o, nuestro padre nos llevaba a coger hojas de morera para nuestros protegidos.
Volvíamos a casa con un “fajo”, de ellas en un cesto para que no se estropeasen, además, que, era así como se llevaba. Más tarde los gusanos hacían su capullo envuelto en seda y se metían dentro, para despertar en una mariposa que de nuevo llenaba la caja de huevecillos para comenzar otra vez el ciclo normal de su vida.
Era toda una experiencia, nos iba marcando los pasos de la procreación y la forma de hacer su trabajo, la seda.
Ahora en cambio ya casi no quedan moreras por aquí por donde habitamos ahora, y, no veo nunca que venga ningún niño a coger esas hermosas hojas de color verde intenso, brillante que es la muestra de que el árbol rebosa salud. No estoy muy al día de los niños pero me pregunto ¿Saben que es un gusano de seda?