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CONCIERTO DE MORENTE

LA EPIDEMIA AZUL

LA EPIDEMIA AZUL
Portada: Higorca

lunes, 25 de abril de 2011

PREMIO CERVANTES

Fotografia de Doña Ana Mª Matute sobre un oleo de Higorca Gómez






Hoy un inmenso placer me inundaba, estaba oyendo hablar a una joven escritora de 85 magníficos años. La verdad es, que un poco sorda está ¡Qué importa eso! Su lucidez es tal que da una envidia sana oír: su voz, sus ilusiones, su capacidad de memoria y sobre todo las ansias de: aprender, de seguir escribiendo esa novela que ya tiene en mente… su voz es templada, llena de matices todavía, eso quiere decir que es joven, maravillosamente joven.
Le van a entregar el Premio Cervantes, su discurso según ella, será más bien corto ¿Por qué? ¿No se da cuenta que nos gusta oír todo aquello que guarda en su mochila? Estoy deseando oírlo, estoy deseando saber el fruto que va a sacar de ese armario tan bien colocado que tiene sobre sus hombros. Solamente una cosa me disgusta ¿No sería mejor darles ese premio un poco antes? ¡Para poderlo disfrutar! Creo que esperan demasiado, cuando un, o, una, escritor es bueno no hace falta reconocerlo a esas edades porque entonces solamente se puede ir de la silla de ruedas al sillón del trabajo, o viceversa. Debería pensarlo el ministerio de cultura, sea quien sea, porque esas cosas no tienen color político, se es bueno, para unos o para otros.
Y digo esto porque mientras hablaban con Doña Ana Mª Matute, una noticia triste saltaba a los medios. A fallecido a la edad de 93 años el Premio Cervantes del año 2003, el chileno Gonzalo Rojas. Triste coincidencia, dos grandes a la misma hora, hablando de lo mismo, una lo recoge, otro se va para siempre, pero eso sí, se va él, nunca sus letras: sus poemas, sus poesías. El poeta de los poetas, aquel que amo tanto la escritura que transformo la prosa en rima. D E P maestro de poetas.
En homenaje pongo un poema que he podido coger de nuestro lugar internacional: POEMAS DEL ALMA, de donde tengo el gran honor de pertenecer entre otros poetas
                                              ARRULLO

Grand sosiego ovieron aquella noche los muertos:
Apiádate
Agua de ellos por ociosos
y vueltos al revés, permite
Aire que no se envenenen ni se mareen
en el vértigo, Fuego acepta como flores
sus pobres párpados, amamántalos
otra vez Tierra con tus viejos pezones.



Tierra,
Fuego, Aire, Agua, consideren la inmensidad de su hambre.