Seguidores -- GRACIAS POR ACOMPAÑARME OTRO AÑO

UNIÓN HISPANOAMERICANA DE ESCRITORES

UNIÓN HISPANOAMERICANA DE ESCRITORES

PALABRAS DIVERSAS

CONCIERTO DE MORENTE

LA EPIDEMIA AZUL

LA EPIDEMIA AZUL
Portada: Higorca

lunes, 18 de abril de 2011

JAPON Y SUS CEREZOS

Oleo - Autora: Higorca Gomez

Ahora cuando tantas cosas; nada buenas, han pasado en el país nipón, mil recuerdos acuden a mi mente. Sobre todo las fechas que eran cuando llegue. Era el mes de abril, finales. Después de muchas horas de vuelo, por fin, a través de las ventanillas pudimos atisbar el mar, nuestro avión iba llegando a Osaka. Nunca olvidare la impresión que daba. Era “alucinante” parecía que el aparato iba a entrar en ese inmenso mar, poco a poco fuimos viendo que las pistas de aterrizaje estaban dentro del agua.
Bajamos y al salir a la calle pudimos ver algo que siempre estará en mi retina: Los cerezos en flor, parecían no tener ramas aquellos árboles, estaban cuajados de flores blancas.
Aquello no era nada, nos dijo la persona que nos vino a recoger, una intérprete que el gobierno japonés puso a nuestro servicio. Cogimos el tren en dirección a donde teníamos de momento nuestro refugio: un hotel magnifico de estilo europeo. En realidad teníamos ganas de relajarnos, y ¿qué mejor forma de hacerlo? ¡Darse una buena ducha! Nos instalamos y nos arreglamos un poco rápido, nos esperaban para cenar un grupo de artistas. Después de cenar en un restaurante donde los Sumus tenían sus reuniones, pudimos dar un paseo por los alrededores, el tiempo acompañaba y estaba repleto de gente, no era muy tarde cuando por fin aquella noche agradecimos mucho poder ir a dormir.
Al día siguiente teníamos nuestro primer trabajo en Kyoto, nos presentamos y cuando ya estaba todas las presentaciones en orden nos pudimos ir a conocer esa gran ciudad, rápidamente nos pusieron un coche con el chófer para que pudiéramos ver más cosas, era maravilloso, nos impresiono el Kyoto antiguo, sus parques ¡Maravillosos parques! Sobre todo el Parque Imperial: limpio, pulcro, donde se asemejan a grandes templos, donde el dios son los: árboles, las flores, de tantas y tantas clases de camelias, colores y formas, aromas, olores que entraba dentro de nosotros, para instalarse en lo más hondo de nuestro ser, tanto que aun pasados los años, al recordar sigues teniendo su aroma muy cerca de ti. Su exquisita educación les hace saber conservar incorrupta aquello que la naturaleza les ha dado.
Kyoto antiguo, romántico y señorial. El mejor lugar para ver aquellos maravillosos cerezos en flor, era como soñar y temer el despertar, algunos ya estaban llorando, porque llanto parecía aquellos pétalos al desprenderse de sus ramas y caer al suelo, o, sobre aquellos que paseaban debajo de ellos. Era un paisaje sin igual, verdaderamente espectacular. Gentes de otras razas, de otros lugares venidos hasta un país de ensueño para contemplar un espectáculo que nunca se olvida, y, entre tantos paseantes podíamos ver las geishas ¡Alumnas! Nos dijeron, están aprendiendo y solamente las dejan salir ahora, cuando los cerezos están en flor. Un maravilloso cuadro, una majestuosa armonía, todo aquello hablaba de otros tiempos, de otros lugares y tal vez tenías que pellizcarte de vez en cuando para darte cuenta que estabas despiertas, no era un sueño, era una realidad, yo insignificante persona estaba en un lugar de cuento de hadas.
Recuerdos que nunca se borraran de nosotros. Ahora no solamente estos, otros también bullen en la mente, cuando todo está fuera de control, cuando el sufrimiento se ha instalado de nuevo en sus carnes, yo miro al cielo y en silencio dejo volar una plegaria, un beso para todos ellos.