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UNIÓN HISPANOAMERICANA DE ESCRITORES

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LA EPIDEMIA AZUL

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Portada: Higorca

miércoles, 2 de febrero de 2011

HUMEDALES

Oleo/cartón - autora: Higorca Gómez - Titulo: atardecer el las tablas.

Hoy celebramos el día de los humedales y, yo me pregunto, como tantas otras veces ¿el porqué de un solo día? Debemos concienciarnos de una vez que debemos respetar nuestro entorno ¿Tan difícil es? ¡Pues se ve que sí! Me gusta pasear por los campos.
Ahora mi tierra es: La Mancha, desde hace unos años vivo en ella, y, todo su entorno me importa mucho.
¡Cuando una a nacido en el Mediterráneo, ha crecido y ha conocido esas profundidades como su casa! ¡Cuando ha pisado la dorada arena sintiendo la caricia en la piel! ¡Cuando estas acostumbrada a mirar el horizonte del ancho mar! ¡Cuando has dado mil vueltas alrededor de este planeta azul! Y, de golpe llegas a la meseta Castellano-manchega, miras a tu alrededor y ves que esos horizontes desde el punto en que te encuentras son tan amplios como los otros, pero eso sí, sin el mar ¡solamente tierra! Levantas los ojos al cielo y te das cuenta que estas en un lugar ajeno total a ti.
De pronto vas descubriendo: cosas, rincones, encantos de una tierra aún desconocida, pero donde hay unos lugares maravillosos, parecidos a esos oasis que encontramos en el desierto, esos parques que salpican esta tierra: roja, o blanca, o negra, porque también La Mancha tiene como el arco Iris distintos colores, distintos matices.
Esos parques son: humedales. Agua que guarda mil especies distintas, que dan albergue a: peces, aves, insectos, a fauna y flora que piden su protección. Lagunas de aguas puras y cristalinas, manantiales curativos.
Pero yo vivo en medio de dos humedales que me dan vida, aire para respirar, y, procuro pasar lo máximo por ellas: a mi izquierda, las lagunas de Villafranca, a mi derecha: Las Tablas de Daimiel.
Estas últimas son las que más visito, me gusta adentrarme por ese mar en pequeño, un mar tranquilo y sereno, de aguas más bien oscuras por el reflejo de la flora que en su seno cobija , me gusta pasear por esos pasillos que me llevan a poder contemplar el interior de ese lugar. Oír, mejor, escuchar en silencio el trino dulce de ese pájaro que entre las ramas de un Taray, eleva su canto para que en un día claro los ángeles se asomen al balcón para poder seguir esas notas. Mientras me quedo quieta, inmóvil para poder extasiarme con la danza de dos libélulas azules o rojas o simplemente de color marrón, con alas de una transparencia que nos deja ver sus inusitadas “venas”. Mientras de una flor silvestre sale otra danza de mil colores que persigue a otra de su mismo género, las mariposas que en ese lugar las podemos encontrar de muy diferentes formas y colores. Mientras unas familias de ánades o patos pasean tranquilamente por esa su casa, el estanque de agua pacifica.
Quedarme hasta el atardecer para oír al mismo tiempo el croar de un macho rana y el ocaso en el maravilloso cielo manchego. Un cielo que guarda como fiel tesoro todos los colores de un arco que infinitamente hermoso transforma las gotas de agua en diamantes puros y transparentes. Así son esos cielos, esos atardeceres, en las Tablas de Daimiel. En las tablas de esta tierra en las que un día me vine a vivir, donde vivo hoy para seguir viendo, disfrutando, mientras dejo mi pincel en reposo esos atardeceres al lado de la persona que me enseño a querer; de alguna forma, antes de venir a un lugar por donde pasó y repasó el hidalgo más importante del mundo.