Seguidores -- GRACIAS POR ACOMPAÑARME OTRO AÑO

UNIÓN HISPANOAMERICANA DE ESCRITORES

UNIÓN HISPANOAMERICANA DE ESCRITORES

PALABRAS DIVERSAS

CONCIERTO DE MORENTE

LA EPIDEMIA AZUL

LA EPIDEMIA AZUL
Portada: Higorca

miércoles, 5 de enero de 2011

CARTA A LOS REYES MAGOS

Oleo/tabla-Autora: Higorca Gómez



Estamos a día cinco de enero. El día que más se sueña, niños, mayores, todos esperan o esperamos con ilusión ese momento mágico de la noche; cuando ya todo esta oscuro, negro; es como si la oscuridad quisiera ser nuestra aliada, tapar ese momento en que todos duermen y unos genios o duendes muy despacio van colocando cerca de una ventana esos regalos que de alguna forma hemos pedido. Unas veces en voz alta y otras en silencio pero como ellos son muy listos, saben adivinar ese secreto que llevamos dentro. A fin de cuentas ¡siempre somos niños!

Pero ¡Qué digo, si no he escrito todavía la carta! Allá voy.
Queridos Reyes Magos:
Me gustaría que me pudierais traer todo lo que voy a pedir, quizás sea un poco mucho, pero sería inmensamente feliz si al levantarme mañana todo hubiese cambiado. De antemano voy a dar las gracias por si luego me canso de escribir y no lo hago, sería imperdonable.
Cada mañana al levantarme me hago una pregunta, una pregunta que la mayoría de las veces no obtengo la respuesta adecuada a ella. Siempre hablamos de los juguetes, de los niños que lo tienen todo o casi todo pero, ¿Nos hemos parado a pensar en aquellos otros niños? ¿Niños que viven en la más triste de la pobreza, que apenas tienen un bocado que llevarse a la boca?
Me gustaría ver la cara de los “pudientes” y saber cuantos de ellos al llegar la noche de este mágico día, o la mañana y encontrar en sus casas todos los juguetes que han pedido en esa larga carta a sus majestades y que se han quedado perplejos ante tanta maravilla ¿cuantos de ellos compartirían esos juguetes con esos otros niños que no tienen nada? O quizás ya no un juguete, un vaso de leche, un trozo de pan, una tableta de chocolate, o lo más básico: un plato de cocido, de ese cocido tan rico que hacen las madres de esta España y que muchos de “aquellos”, tampoco lo tienen y en su cara se deja notar el hambre que sus pobres estómagos pasan. O aquellos que con una edad muy temprana tienen que ir a trabajar en vez de ir al colegio, trabajos duros, muy duros, por que a esas edades trabajar en canteras, en basureros, en escombreras rebuscando un cachito de pan que llevarse a la boca, es durisimo: sin poder o tener tiempo de crecer físicamente, por que ellos sí han tenido que crecer de una forma rápida en su interior, en su cerebro, sin saber ni tan siquiera cuanto vale una caricia, un beso, o un abrazo.
¿Porqué razón tiene que ser así el mundo?
En unas mesas, llenas de abundancia, en otras, vacías por completo.
Esta noche los magos de Oriente pasaran con los camellos cargados de juguetes, de chucherías, irán parando de casa en casa, saltarán por la ventana, el balcón o quizás entren por la chimenea, seguramente sera el rey negro o, ¿son los pajes?
Mi único sueño, mi única ilusión sería que al levantarme mañana todos los niños del mundo tuvieran vuestro regalo: lo que más me importa es la mesa llena de comida, eso tan necesario para que los niños puedan crecer, hacerse hombres. Pero también juguetes, por que también el espíritu, el alma, se tiene que modelar, saciar esas ansias de soñar, para poder llegar muy alto. Y para eso es bueno poder coger, tener, entre sus manos un juguete. Para cerrar los ojos y dejar volar el pensamiento.
Podéis descargar en cada una de esas casas: un saco lleno de ilusiones, de sueños, esos juguetes que no cuestan dinero, pero si esfuerzo, lucha, por esa razón se tiene que tener un plato de comida, para tener las fuerzas necesarias para lograr todo eso.
Sobre todo no olvidar majestades que es importante ¡muy importante!: una caricia, un beso, una palabra de aliento.
Sobre todo que los padres conciencien a sus hijos desde muy pequeños que existen esos otros niños ¿Sabéis porque? Para que aprendan un poquito a compartir.
Aún quiero pedir más, solamente un poquito más, que a todos esos niños que están en los hospitales recuperándose de graves enfermedades, que se curen pronto, sus padres los necesitan, son esos ángeles que han venido a traer felicidad y no han hecho nada malo, por esa razón deben curarse para verlos jugar y corretear por los pasillos de su casa, saltando y gritando de alegría, dando gracias por ello.
Ya se que mi carta es un poco larga, pido perdón por ello, ¡pero me sentiría tan feliz si al levantarme me encontrara con todos esos regalos!
Gracias de nuevo y feliz noche, les deseo majestades que tengan mucho trabajo en esta noche de magia.
Reciban un cordial saludo