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CONCIERTO DE MORENTE

LA EPIDEMIA AZUL

LA EPIDEMIA AZUL
Portada: Higorca

martes, 15 de noviembre de 2011

CLAVELES CHINOS

Oleo/lienzo - Autor: José Higueras



María miraba desde la ventana de aquella sórdida habitación. Todas las mañanas al levantarse hacía las mismas cosas, daba los mismos pasos y miraba a través de aquellos cristales.
Parecía una rutina, pero ella siempre decía que era un ritual. El único ritual que podía hacer durante todo el día.
Había llegado a la capital en busca de trabajo. En aquel pequeño pueblo donde ella había nacido y vivido siempre, no había trabajo. Solamente el campo, y, ella ya no quería segar más y tampoco cuidar de aquellas ovejas que olían tan mal. Necesitaba salir y encontrar otra cosa, aunque fuese para limpiar casas.
También eso es honroso ¿Por qué no? Se repetía una y otra vez. Todo mejor que el pueblo donde la gente era una “chismosa” y solamente se preocupaban de criticar a los demás.
Llevaba unos días en aquella sórdida pensión donde se había alojado. Aún no se había atrevido a salir a la calle. Debía tener cuidado. Su dinero era poco y necesitaba buscar donde trabajar. Por otro lado se sentía muy sola. No estaba acostumbrada a la soledad. En el pueblo vivía con su madre y su hermana. Su padre murió cuando ella era muy niña. Ellas solas, llevaban las pocas tierras y ovejas que tenían.
Solamente aquella ventana le devolvía al lugar de procedencia. Desde ella podía ver un jardín lleno de flores, esa era la razón por la que se asomaba todos los días al levantarse.
Pero aquel día se dispuso a salir y no volver hasta que no encontrara trabajo.
Se puso sus “mejores” ropas y se peinó su larga melena. Se miró en aquel estropeado espejo y para sus adentros se dijo ¡Estoy bien! Cerró la puerta al salir y dejo la llave a la dueña.
-      ¡Seguramente tardaré! le dijo, y bajó aquellas escaleras que la separaban de la calle.
Una vez en ella miró a su alrededor, se encontró  muy extraña. No lo pensó más y se puso a caminar, de nuevo se paró, y… de nuevo se preguntó.
-      ¿Para dónde voy?
De pronto una señora se acercó a ella y muy atenta le pregunto
-      ¿Eres tú la chica que se asoma a la ventana todos los días?
Dijo mirando para arriba - ¿sí verdad?
Ella, la miró con cara de sorpresa y sin saber que decir.
      ¡Sí! Yo soy  ¿Quién es usted?
-      La dueña de ese jardín.
Aquella señora le infundía respeto y al mismo tiempo parecía muy dulce.
-      Estoy buscando trabajo señora, otro día hablaremos.
-      Perdón, yo necesito una persona para mi casa ¿quieres trabajar para mí?
María se quedó extrañada ante aquella coincidencia ¿qué estaba pasando?
Estuvieron un rato hablando, luego, entraron a la casa del jardín. La  dueña se la enseño y le fue diciendo cuál sería su trabajo.
Le interesaba y al mismo tiempo ¿qué extraño le parecía todo aquello? Salieron al jardín, aquella dama la invito a cortar unas flores amarillas.
-      ¡Se llaman claveles chinos!
Eran las flores que ella miraba. La muchacha así lo hizo, corto e hizo un ramo. La dama se las regaló.
Subió a su habitación para recoger sus cosas y pagar la pensión. Limpió un tarro de cristal que tenía y que era de unos garbanzos cocidos que se había comido el día anterior. Lo lleno de agua y puso las flores en él, lo colocó sobre la mesa.
Lo miró ¡qué bonito había quedado! Hasta la mesa parecía otra, solamente habían sido unos días pero le dio pena abandonar aquel lugar. Pagó y fue de nuevo a la habitación a recoger todo. Dejó aquel ramo sobre el lugar que lo había puesto. Era el regalo que ella le hacía a la dueña de aquel pobre lugar.
De nuevo fue a la casa donde iba a trabajar. Aquella bondadosa señora la acompaño hasta donde iba a ser su habitación. Al abrir la puerta pudo ver sobre una mesa que había cerca de una ventana un ramo de flores igual que el que ella había dejado ¡Hasta el tarro de cristal era igual!
Estaba desconcertada, no podía hablar. No entendía que era lo que había pasado. Se quedó a trabajar con aquella señora.
Su vida había cambiado, la dama la trataba como si fuese su hija.
Desde aquel mismo día siempre tuvo sobre la mesa de su habitación y en el mismo tarro, las flores frescas, aquellos Claveles Chinos que tanto le gustaron cuando llegó a una triste habitación de una humilde pensión.

4 comentarios:

Montserrat Sala dijo...

qué historia mas bonita qeurida Higorca. ES toda sensibilidad, y finura . De donde la has sacado? Es alguna novela quizas? Has sabido crear un ambiente cálido y envolvente. A mi ma gustan ests hitorias, que nunca són tan reales, pero que piensas que pudieran darse perfectamente. Tu marido ha pintado unos claveles chinos que van a arrancar a hablar de un momento a otro. TE envio un abrazo

Begoña de Urrutia dijo...

Tú siempre tan preocupada por los que sufren.
Tu gran sensibilidad tiene que hacerte sufrir bastante. Porque no todo el mundo capta lo que le rodea: el dolor, la alegría, la delicadeza de los demás.
Un abrazo muy fuerte

Norma dijo...

Hermosa historia, hermoso cuadro.
Besos y felicitaciones a los dos.
N y J

anabel dijo...

Me ha gustado muchísimo, cielo, por esa sencillaz y ternura que desprende cada palabra.
Besitos :)