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UNIÓN HISPANOAMERICANA DE ESCRITORES

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PALABRAS DIVERSAS

CONCIERTO DE MORENTE

LA EPIDEMIA AZUL

LA EPIDEMIA AZUL
Portada: Higorca

viernes, 30 de septiembre de 2011

CARTA ABIERTA

Mi Quijote. Autora: Higorca


Suena el timbre. Llaman, abro y un hombre sonríe en la puerta ¡De nuevo estoy aquí! Trae un paquete, lo mueve y sonriendo me dice ¡Está vez creo que algo se ha roto! ¿Tengo que firmar? No, no, adiós…
Es verdad, al coger yo el paquete un ruido y algo se mueve, miro el remite y una sonrisa se dibuja en mis labios. Intento abrirlo, imposible, no puedo ¿serán mis nervios? Seguro. Al fin cede …
Era imposible lo que mis ojos estaban viendo. Un trocito de mi mar, de mi playa, del lugar donde tantas horas de felicidad tuve. Me aferro a éllo, es como sentir ese sabor y aroma del Mediterráneo.
Con todo en las manos me siento para abrir algo que todavía me falta. Un precioso pergamino, unas letras, y, unas lágrimas ya sin contener ruedan por mis mejillas, caen en ese trozo de papel maravilloso.
Miro mi mano, miro la otra, también sobre la mesa justamente a mi lado, está todo. También un trozo de corazón.
Me quedo un rato mirando aquellas hermosas cosas y me pregunto ¿Cómo dar las gracias por tanto? ¿Seré merecedora? ¿Cómo pagar?
¡Ya sé, ya! Simplemente es agacharse y cogerlas, sí, pero eso… cogerlas con ese cariño, con ilusión, acordándose de aquellos que estamos lejos de nuestra tierra, del lugar donde has crecido, te has hecho mujer y donde has encontrado aquel primer amor que luego resulto que ni siquiera llegaste a nada con él. Pero es eso ¡el primer amor a una edad pecadora! Y, ese nunca se olvida, precisamente por eso…, porque no llego a nada.
Le viste en bañador en una playa un día de verano y te pareció el chico más guapo del universo. Ja, ja, y, ¡que altura tenía! Claro que tú, simplemente eras una adolescente, con unas largas “coletas” y unos lazos en las puntas. Una pelirroja pecosa que parecía que tomaba el sol con un colador ¿cómo se iba a fijar en una pelirroja? Pero fue hay mismo, en esa playa, en esa arena fina donde las “pachinas” son blancas, donde las olas rompen sobre unas rocas cargadas de “musclos”, donde el horizonte se junta con el verde esmeralda del mar, donde los barcos vuelven cargados de plateada carga.
Justamente hay, se han agachado para enviar a un lugar de La Mancha, donde todavía sigue cabalgando un rocín con un caballero flaco, de largo y afilado bigote, con su lanza en ristre queriendo pinchar hermosos recuerdos.
Gracias amigos, gracias por tanto cariño y reconocimiento ¡No sé cómo poder pagar! Soy pobre, no tengo tanto para poder dar.
Pero ¡amiga! esa quien va dirigida esta misiva y a tantos otros como a lo mejor lo leen. SOY INMENSAMENTE RICA, en felicidad, en cariño, respeto, y sobre todo en dar mi amistad, toda es vuestra.
Siempre aquí me encontraréis, con mis humildes letras y mis pobres lienzos transformados en arco iris, al lado de una persona que, este sí tuve la suerte de poder sentir sus besos, sus abrazos y todavía me estremezco cuando pasa junto a mí.
Abrazos enormes

 Higorca

viernes, 23 de septiembre de 2011

OTOÑO 2011

  Dibujo de nogalina, autora: Higorca 



Otoño, el sol todavía calienta,
su brillo nos trae calor,
amor a esas plantas
que pronto perecerán
en el letargo del invierno.

Sus hojas caerán sembrando
una alfombra multicolor:
dorados, castaños, verdes opacos…
preservarán la tierra
donde duermen esos esquejes.

Otoño, de nuevo estás aquí,
sin darnos cuenta han caído
también las hojas del calendario
que nos van diciendo
que inexorablemente
pasa el tiempo…


Higorca




jueves, 22 de septiembre de 2011

EL DÍA DESPUÉS

Llora y ríe el payaso ante el dolor, dibujo de Higorca

Recuerdo aquel primer día, la mire a los ojos y vi algo extraño en aquella mirada.
Note que ya no tenían brillo, se habían marchitado. No tenían la alegría de siempre, me parecieron totalmente redondos, tristes, y lo peor de todo; estaban vacíos.
Me quede mirándola fijamente quise llamar su atención, no hacía caso, me acerque y le di un beso. Fue entonces cuando me miro y dulcemente me sonrió.
Así me di cuenta que a partir de ahora estaría a mi lado sin estar.
No quería que me viese llorar, debía ser fuerte ayudarla siempre pero sin que ella se diera cuenta que la estaba súper protegiendo, también sabía que a partir de ya, dependería constantemente de nosotros.
Me acerque y la abrace fuertemente dándole un beso en aquel cabello blanco como la nieve ¡qué guapa eres! Pensé para mis adentros, admirándola todavía más.
No había duda, el neurólogo confirmo los temores. Era Alzheimer, una enfermedad que perdura al tiempo, que no mata, se aferra a ti y te la llevas contigo porque así de cruel es.
A veces al hablar con la abuela nos parece que se han equivocado, recuerda unas épocas pasadas, años de su juventud, de sus padres, y en cambio no recuerda quien es ella ¡Qué extraño me parecía entonces! Y así empieza la lucha, una lucha diaria, de día y de noche, siempre, titánica, y, aquella persona adulta es como si retrocediera hacia la infancia.
Pasaba el tiempo, cada vez la veía más guapa, me gustaba ayudar en el baño, y peinar su cabello suave y fino, un poco rizado, lo llevaba corto, era como le gustaba a ella. La vida seguía, y ella a nuestro lado. Muchas veces se resistía a comer, y le cantaba, la engañaba con la cuchara, se reía, pero era la única forma de lograr alimentarla, también era una buena manera de pasar el rato con más alegría. Le gustaba que le diera besos, que la abrazase, que le pusiese colonia, y que le cantara, sobre todo eso, que le cantara.
Cada día iba perdiendo un poco; todo cambio a nuestro alrededor. Antes venían amigos a vernos, pero con el paso del tiempo cada vez menos, decían que les daba pena. No se paran a pensar que se necesita compañía, que los que cuidan a ese tipo de personas, también sufren, sienten el dolor en su propia carne.
Y… llego el día en que ya no podía caminar, la levantaban y la sentaban  en su sillón favorito y allí estaba con su mirada pérdida, sus brazos inertes, y sus piernas como si fuesen de trapo.
A veces la miraba desde una esquina del comedor, habían pasado unos cuantos años desde que empezó la enfermedad, y no era ni sombra de aquella persona de una serena belleza, de piel blanca, terriblemente “pizpireta” que le gustaba arreglarse y presumir aun dentro de su casa, iba siempre impecable. Ahora estaba a merced de aquello que le querían hacer, daba pena ver como se estaba quedando, como se iba “gastando” lentamente.
Pero aún sonreía, cuando le daban de comer una papilla de Maizena con un poco de cacao en polvo, le gustaba, yo bailaba y, cuando no se daba cuenta le metía la cuchara llena y al final se la tragaba, luego me miraba y sonreía de una forma autómata.
Pero lo peor fue su última mirada, no la olvidaré, en el momento de decir adiós tuvo un momento de lucidez, parecía querer decir gracias por todo, pronuncio el nombre de su marido y expiro.
Mis últimas palabras para ella fueron: gracias abuela por quererme como lo has hecho.
Así un caso, otro y tantos otros como hay, una enfermedad dura, cruel, pero ¿nos acordamos de aquellos que están a su lado cuidándolos? Ellos también necesitan de esos cariñosos momentos, el decir descansa que me quedo yo a cuidar ¿Lo hacemos? Espero que reflexionemos y que al preguntar por aquel que esta con una enfermedad mental, pregunte también por él o la cuidadora.
No hace falta que sea el día mundial del Alzheimer para evocar estos pasajes, todos los días del año es bueno para dar una palmadita de cariño en la espalda de aquel que está a su lado.
También es imprescindible que cuando notemos algo, el ir rápidamente al médico, cuanto antes, ahora, es mucho mejor, lo que pasa es que a veces no nos damos cuenta con tiempo de aquello que tenemos cerca o ¿Nos parece que a nosotros no nos va a pasar?
Hoy es el día después, pero siempre es bueno para recordar con cariño a todos aquellos que padecen este tipo de problema y para los que con tanto amor y dedicación los cuidan.

Higorca

sábado, 17 de septiembre de 2011

¿Nos acordamos de los padres?

                                                           Dibujo sobre papel - Autora: Higorca


Cada día encontramos menos personas mayores en casa de los hijos. ¡Claro! Siempre que no estén perfectos y puedan servir de ayuda a los mismos, ayuda para cuidar a esos niños, que ahora ya son sus nietos, y, que los abuelos adoran con toda su alma, ellos, son los que les dan la vida en muchos de los casos.
Y los llevan, los traen, les dan la comida, los visten, y un largo etc..
 En otros casos los hijos no se dan cuentan que son personas “mayores” y algunas veces “seniles” (siempre según ellos, claro) pero los estrujan hasta cansarlos egoísta mente.
Pero esos se pueden llamar afortunados ya que la mayoría de las veces podemos comprobar y ver llorar a muchos de ellos que se encuentran solos, tristemente solos. Los hijos dicen que no pueden estar en sus casas, trabajan los dos y claro, es mejor la residencia, o la soledad, o la soledad estando acompañados.
Cuando los hijos han crecido y se han independizado se olvidan de aquellos que un día los trajeron al mundo. Bien mirado esos hijos no pidieron en ningún momento venir. Eso también es verdad, pero los padres han pasado muchas horas de su vida viendo como crecían, como se hacían personas, les daban su cariño, sus pequeños ahorros para que pudieran ir a una buena escuela, o seguir estudiando. Si    estaban enfermos, no se movían de su almohada, y otras veces  dando y haciendo los máximos sacrificios, perdiendo a veces sus caprichos para darles lo mejor a ellos.
Y ahora casi no se acuerdan de ir a verlos, de una llamada, de una navidad, o año nuevo ¿qué más da?
-      Ellos ya no se dan cuenta ¡están un poco seniles! – Dicen los hijos.
Qué tristeza ver  y oír esas cosas, saber que están cerca y no poder darles un abrazo y recibir un beso. Así estamos ahora, todos “trabajando” y no hay tiempo para ellos.
A todos esos padres que lloran en soledad buscando una caricia. También a los hijos que olvidaron a esos padres, les quiero dedicar este poema con mi mayor cariño y respeto.


                       ¿DONDE ESTAIS HIJOS?

Camino y no veo, busco en tinieblas.
Limpio mis lágrimas con frecuencia.
No lloro, extraño, nadie tengo…
La soledad, el silencio, el frío…
Ese frío que me consume,
aun siendo  pleno verano
¡Es el frío del alma!
Cuando solo queda soledad…

Nada espero, porque nada tengo,
di todo  sin esperar nada.
Ahora contengo mi aliento,
para que esas lágrimas amargas
no asomen a mi cara.
Me pregunto cada día
Cuando amanece el alba
¿Dónde estáis hijos del alma?

Nadie me contesta
Simplemente un suspiro,
que se escapa sin querer de mi garganta.
Para repetir una y otra vez
¡Ay hijos, mis hijos del alma!

Higorca

sábado, 10 de septiembre de 2011

11 DE SEPTIEMBRE, DOLOR Y DESTRUCCION

Dibujo de nogalina/papel, autora: Higorca 

Han pasado unos años, fue un día terrorífico, espantoso, nunca lo olvidaré. En un principio pensé que se habían equivocado en el telediario, o simplemente que hablaban de una película ¿qué raro? Presté más atención ya que en realidad, esas cosas suelen decirlas al final del mismo ¡Ya no me dio tiempo! Vi, al igual que los demás telespectadores como otro avión se empotraba y reventaba la otra torre, creo que abrí desmesuradamente los ojos y me tape la boca para ahogar un grito ¿Qué estaba pasando?
No podía creer lo que estaba viendo: gritos, humo, polvo y gente, personas, muchas personas muertas, otras corriendo, cuando ya había visto tirarse a otras por aquellas ventanas tan sumamente altas, aquello ya no me parecía una película.
Las noticias eran espantosas, terribles, mientras mi cabeza al igual que la de otros muchos (estoy segura) daba vueltas queriendo saber más de lo que estaban diciendo.
Me quede pensando y me dije a mi misma ¿Señor tú has enviado esto? Ni tampoco es posible que fuese Alá, entonces ¿Qué ha pasado? ¿Quién ha podido tener la sangre tan fría como para hacer esto? La sangre fría y la mente retorcida, enferma, llena de veneno, porque ¿Cómo tenía el corazón, semejante persona por llamar de alguna forma?
Pero aquello paso, despacio se fue escapando de nosotros aquel sufrimiento, terrible sufrimiento para ser más exacto. Tiempo después se supo quién fue el malvado que ordeno semejante matanza, dicen que murió ¿será verdad? ¿Quién sabe? Lo que sí se sabe es todos aquellos seres inocentes que perdieron su vida en aquellas torres.
El poder ¡siempre el poder! El afán de mandar, de ser grande, odio, avaricia… enfermedad terrible del ser humano, la envidia, yo manejo y gobierno al resto del mundo ¡Por eso soy el más grande! Pobres ignorantes, incautos, triste pensamiento el suyo.
¿Por qué no nos paramos a pensar un momento antes de hacer daño? Estamos cayendo en el abuso, en la injusticia, sin parar a pensar quien es aquel que paga sin culpa los delitos de la mano justiciera. Ávidos de violencia, cosa que vemos a todas horas, en la pantalla grande, en la pequeña, a través de las noticias, de las películas, incluso en la calle podemos ver: peleas y discusiones violentas por el simple deseo de pelear.
¿Es necesario que veamos tantas ganas de pelear, de lucha?
Reflexionemos y miremos de frente, demos la mano limpia, tranquila, serena, con cariño y un poco de amor, a todos aquellos que encontremos a nuestro lado.
Despojemos todo vendaval de nosotros, olvidemos el odio, el rencor, y, apoyemos todo lo que sea amor. Que no vuelva todo el dolor del 11 de septiembre y otros 11, que han venido después.

viernes, 2 de septiembre de 2011

REFLEXION DE FABULA

Mi jardín


Puede que al leer esta fábula-reflexión, unos piensen que es cuento, otros que puede ser verdad, pero lo cierto es que: Cada uno piense aquello que le parezca mejor.
El verano avanzaba a pasos agigantados, y, como bien hablado anteriormente el grupo de amigos salieron a merendar al campo. Todos eran de una edad ya un poco madura, sabiendo lo que hacían y decían cada uno de ellos.
Aquella tarde decidieron visitar un lugar donde la sombra era excelente, el sol, todavía quemaba bastante. Había barbacoas y bancos, donde poder sentarse para estar muy bien.
Además de la sombra que les proporcionaba una inmensa higuera y un membrillo, estaba también el mar muy cerca, y, el sonido de las olas al chocar con el acantilado era como una dulce compañía, la música de fondo que daba un toque mágico a tan agreste lugar.
La tarde prometía, todos se conocían, todos menos una pareja que habían conocido una noche y que al saber de su excursión quisieron unirse al grupo también. Cada uno de ellos saco sus enseres de los coches, dispuestos a preparar el picnic. Pusieron el mantel sobre la mesa y se dieron cuenta que todavía era muy pronto para merendar, ¡bueno! Hablarían un poco del tema que estaba de actualidad: política, cine y revistas donde el “famoseo” era lo cotidiano.
Mientras hablaban habían sacado unas bebidas de las neveras portátiles, la charla era animada y un trago de aquellas cervezas fresquitas agradaba, sobre todo a los hombres.
Comenzaron a sacar los bocadillos y las fiambreras, cada uno llevaba una cosa pero luego todo era de todos, la cuestión era pasar un rato agradable.
-      Parece que el mar esta bravío, las olas pegan con fuerza contra las rocas.
Comento María, una de las que más le gustaba el mar, precisamente por eso sabía que aquel sordo oleaje vaticinaba una fuerte marea.
-      No vamos a poder bajar a pasear por la arena, creo que esta algo enfadada.
Siguió hablando, mientras no dejaba de abrir los paquetes de bocadillos que muy diestramente había preparado en su casa.
-      Bueno pero siempre vamos a poder coger unos higos, mirad parece que están ya maduros.
Dijo Pepa mirando para arriba en dirección a las ramas de aquella hermosa higuera.- Se puede hacer mermelada ¿vosotras sabéis hacer?
Todas contestaron que sí, pero que en realidad iban a coger unos pocos para comerlos pero nada más, y sobre todo no se podían comer en aquel momento estaban calientes.
-      Podemos coger unos pocos para poner en la nevera, sobre el hielo, se refrescaran y para postre los vamos a tener exquisitos.
Dijo otra de las que allí estaban, todas asintieron alegremente la idea, se levantaron y mirando donde podían encontrar alguno que en realidad estuviera maduro, se reían con ganas, parecían chiquillas buscando a hurtadillas tan rico y al mismo tiempo tan barato postre, ya que aquel árbol estaba en mitad del campo y en estado salvaje ¿Quién iba a pedir nada? Pero no por eso lo iban a dejar desnudo de fruto, a lo mejor mañana iban otros y también les gustaban.
De todas formas solamente se podían coger aquellos que estaban al alcance de los brazos, los altos era impensable ya que ninguno de ellos tenían tanta altura.
Uno de los hombres comento ¡si encontramos una caña y una piedra…!
De pronto una voz agitada gritaba a su pareja.
-      ¡¡Aquellos, aquellos!! Coge aquellos Luis, todos, mira que gordos, cógelos tú que para eso yo los he visto ¿Por qué vosotros no los queréis verdad?
La mujer no era otra que la nueva del grupo, gritaba con avaricia desmedida, mientras todos reían a carcajada limpia, y las amigas, o conocidas le decían sin parar de reír.
-      No te preocupes todos esos higos para ti y que te salga buena la mermelada amiga.
La infeliz, una señora, muy puesta miraba con una cara extrañada, cuando su marido le dijo.
-      Eso no son higos cariño, son membrillos y están muy verdes.
No se amedrento, muy valiente dijo – Bueno,  a mí, me parecieron higos.
Cuando ya paso todo aquello, las risas, los dimes y diretes, y cuando se leen estas cosas que parecen chistes, y, que son realidades, te paras a pensar, a reflexionar largamente y sacas conclusiones del ¿Por qué somos tan egoístas las personas? El afán de poder es enorme, aquí nos dice que por egoísmo y avaricia, confunde los membrillos con los higos, y, quiere esos grandes, todos para ella, sin pensar en un momento que el mundo es de todos, que todos necesitamos un poco de aquello que crece en el campo, todos necesitamos saciar el hambre.
¿Por qué queremos ser unos más que otros? ¿Estos son los corazones que aman a los demás? ¿No queremos recordar a tantas y tantas personas que están muriendo de hambre? Esta persona no era tan mayor, pero da a entender que es solamente fachada.