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UNIÓN HISPANOAMERICANA DE ESCRITORES

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LA EPIDEMIA AZUL

LA EPIDEMIA AZUL
Portada: Higorca

miércoles, 17 de agosto de 2011

UN PEQUEÑO HOMENAJE


Dibujo a plumilla, autora: Higorca

  
A veces sentimos algo extraño dentro de nosotros, no sabemos que es… pero algo en nuestro interior nos dice que ha pasado algo.
Hace unos años, un amigo nuestro enfermó, y, lo ingresaron en el hospital. Una tarde fuimos a visitarle, entramos en la habitación que era de dos camas, quiero decir que habían dos enfermos en ella.
En una de aquellas camas, estaba nuestro amigo, en la otra, un chico muy joven, le acompañaban sus padres.
Nosotros, entramos, y, saludamos evidentemente a la persona que íbamos a ver, pero también a las otras personas que estaban allí. Después de un rato, miramos mejor y pudimos comprobar que aquel ocupante de cama, era muy joven, apenas se podía mover, su madre le ayudaba a todo, necesitaba toda clase de asistencia.
Al mirarle me recordó una película: Mar adentro. No al protagonista, simplemente vino a mi mente ese film, en aquel momento yo misma y en mi interior, me pregunte ¿Por qué? Lógico era que hubiese pensado en aquel hombre que desea fervientemente la eutanasia.
Por un instante llegue a pensar que este, también lo deseaba. A mí se me pusieron los pelos de punta, como escarpias, ya que no me  gusta para nada el tema de la guadaña.
Recuerdo que mire a su madre y de nuevo pensé ¡¡Pobre madre!! ¡Que sufrimiento! Seguimos hablando y fue entonces cuando descubrimos que estaba así a causa de un accidente, estaba más bien… tetrapléjico, creo recordar que incluso la cabeza difícilmente la movía.
Yo, muy optimista siempre, le daba ánimos, debía de seguir viviendo, por su familia, por él mismo, porque ver el sol y la luna todos los días es lo más hermoso que tenemos, cuanto más, siendo tan joven. Creo que alargamos un poco más la visita por estar con él.
Nuestro amigo en realidad estaba bastante bien, pero aquel muchacho… y sus padres… ¡¡¡Dios!!! Como siempre digo ¿Dios donde estas a veces?
Nos fuimos pero prometimos volver, y una tarde fuimos de nuevo y le llevamos un humilde recuerdo, como no había dicho que le gustaba leer, le regalamos uno de mis libros, son poemas pero a lo mejor le gustan, pensé, se lo dedique.
Estuvimos un rato, y hablando, nos dimos nuestras direcciones, seguimos prometiendo que volveríamos, aunque cada vez que íbamos el corazón se ponía en un puño, como vulgarmente se suele decir. Y… otro día al ir de nuevo al hospital, ya no estaba, ya se había ido a su casa, nos dio pena no encontrar al muchacho y a sus padres.
En una de aquellas visitas, también pudimos conocer a una hermana, pero quizá menos, no sé, bueno, la verdad es que no recuerdo bien todos los pasajes de aquellos momentos.
José y yo, nos prometimos ir a visitarlo a su casa, sabíamos dónde era y no está lejos de nosotros, pero a veces: el hombre propone y Dios dispone, o por cualquier razón se tuercen las cosas sin saber porque, o ¿quizás José no quiso llevarme para que conociéndome no sufriera yo al verlo de nuevo? No tengo respuesta. Aunque siempre hablábamos de ese chico que conocimos en el hospital, tampoco se ha ciencia cierta porque le recordábamos con tanta frecuencia.
Pero si sé, y, estoy segura de que hubo un tiempo que hablábamos mucho más de él, varias veces decidimos ir, no sé porque, siempre, siempre se interponía algo.
Hace pocos días un nombre, un comentario, nos hizo recordar a un chico en una cama, una película, una promesa no cumplida, y, un hablar constante de una persona que conocimos en unas circunstancias bastante trágicas para él ¿Cómo seguiría? ¿Estaría mejor? Eso era difícil, pero… siempre hay esperanza.
Fue hace dos días a través de mi libro cuando hemos sabido que había fallecido, su hermana al ver esa portada, puso un comentario, en el, nos decía que había partido, se había ido para siempre, nos quedamos tristes, pensando en esas promesas que siempre quedan incumplidas ¿por qué? No se la respuesta. Y recordé la cara de esa pobre madre que estaba sufriendo casi más que el propio hijo, verlo postrado, sin poder hacer nada, pensando siempre que le había visto salir bien de su casa y nunca más pudo ponerse de pie. Fatalidad, dolor y reflexión cada vez que cogemos un volante o una moto, y que nos ponemos en la carretera ¿corría él? O ¿fueron otros los que iban más deprisa, o como no era debido? ¿Qué importa? Paso y paso.
Estoy segura que ahora él, dese ese sueño eterno mira a través de esas nubes y con un guiño le manda un suave beso a esos padres, a esa madre que tanto le estará echando en falta. Yo desde aquí miro hacia arriba y con una sonrisa y un soplo le pido perdón por no haber llegado a tiempo de decirle adiós.
Me hago una reflexión, porque están pasando demasiadas cosas, accidentes, que a veces se pueden evitar, y por otro lado ¿tapa el dinero las culpas de aquellos que se ponen en “marcha” sin estar en condiciones? 

2 comentarios:

INTENTOS DE ESCRITORA dijo...

El gran misterio del dolor ¿verdad?. Ayer estuve viendo en la T.V. el Via Crucis de los jóvenes y se tocaba este tema y su valor. Es difícil de explicar en un comentario pero merece la pena reflexionar sobre ello.
Una brazo fuerte

Montserrat Sala dijo...

Una historia muy triste Higorga. No podemos ni debemos juzgar a los conductores que se despistan o beben. La fatalidad hace que estos accidentes ocurran. El destino de cada cual ya esta escrito, mal nos pese. I el Señor parece que esta de vacaciones también, o mira hacia otra dirección. Quién lo sabe!!!
Un abrazo guapa: