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CONCIERTO DE MORENTE

LA EPIDEMIA AZUL

LA EPIDEMIA AZUL
Portada: Higorca

lunes, 27 de diciembre de 2010

RECUERDOS EN NAVIDAD

Pastel - autora: Higorca Gómez


¡Como un suspiro ha pasado la Navidad! Claro que aún faltas otras fiestas por pasar y que no tardarán nada en llegar.

Y estos días pasados entre plato y plato, entre conversaciones y trabajos de cocina, entre preparación de la mesa y la espera de los postres, han pasado por mi mente recuerdos de otros tiempos ¿La mente? O ¿Los sentimientos?
Recordaba las Navidades pasadas cerca de los míos, en mi niñez y juventud. Eso sí en silencio por que nuestros recuerdos son nuestros y quizás no comprendan aquellos que ahora y en estas fechas nos rodean.
Recordaba a mi padre, un hombre inteligente, bueno, con gran capacidad de comprensión y amistad para todos aquellos que le conocían. Cariñoso con los suyos y un gran amante de su esposa, que era mi madre.
Recordaba como vivía estos días. Para él la Navidad empezaba nada más pasar la Purísima Concepción ¡Me parece tan hermoso recordar!
Había que montar el Belén, el Pesebre, se ponía en un lugar destacado de nuestro comedor y para ello se quitaba un mueble para poner una mesa vieja de forma que no se estropeara nada. Ya teníamos preparado el musgo, que era imprescindible, según él ¡se tenía que ver lo más natural posible! Sacábamos las montañas de corcho, con las mismas hacía una cueva donde nacería el Niño Jesús; también teníamos un río que atravesaba todo el espacio, era con agua de verdad, mi padre hizo un circuito donde siempre era la misma, daba la vuelta, salía por la montaña y recorría todo aquel Belén, una vez todo colocado, siempre nos faltaba alguna de aquellas figuritas de barro, claro que mi ”Cagane” no faltaba nunca, me gustaba ponerlo en un sitio que además no fuese discreto. Luego nos íbamos a comprar alguna nueva. Una vez terminado mi padre colgaba una gran estrella plateada que se quedaba sobre la cueva, clavaba una chincheta en el techo de ella pendía un hilo de pescar y al final la estrella.
Recuerdo que todas las tardes cantábamos villancicos, ya que mi madre cantaba como los ángeles y nos gustaba escucharla, al principio cantábamos los cuatro para ir dejándola sola, que maravilla de voz, siempre decían que la tenía prodigiosa.
Recuerdo los turrones, mazapanes, higos y almendras, nueces y avellanas, viandas, vino y cava, pero a mi padre le gustaba mucho preparar en una jarra de cristal que era de mi abuela, en ella ponía vino con naranja, melocotón, pera, canela, azúcar y lo dejaba macerar una semana, todos los días le daba vueltas con una larga cuchara de madera y yo, me acercaba a ver como lo hacía.
Sobre todo recuerdo mi “tió”, el Tió de Nadal, todos los días le ponía comida, para que él lo cogiese ¡Acercasela para que pueda cogerla! Me decían, la Nochebuena, mis primos y amigos, le hacíamos “cagar” cantando y mirando luego debajo de aquella vieja manta con la que estaba tapado.
Y... recuerdo las “neulas” que a escondidas me las iba comiendo, claro ¡que yo sola no! Siempre acompañada de mi primo. Y... las prunas y los piñones ¡Que ricos me sabían! Y las pastas que en mi casa habían preparado todas caseras, habían estado haciéndolas y ese día al llegar del “cole” la casa olía a gloría y calentitas estaban extraordinariamente buenas.
Y... recuerdo el día de los Santos Inocentes, mi primo y yo, buscábamos un número de teléfono en aquellos gruesos libros de telefónica y ¡pobre gente! Los “liábamos”
¿Cuantos recuerdos en pocos momentos? Todo ha pasado como una película en colores, de mis Navidades pasadas en familia, rodeada de mis padres, de mi hermano de amigos. Aquello paso poco a poco, faltando abuelos, hermano y quedándonos mis padres y yo, pero mi padre seguía con sus maravillosas fiestas, quizás un poco más triste pero sin demostrarme nunca nada a mi, simplemente que la voz de mi madre cada vez fue oyéndose menos, quizás por los recuerdos, pero tampoco ella me transmitió nunca su tristeza por la falta de esos seres tan importantes, aunque mi mamá estuvo siempre enferma, jamás perdió la voz, pero un día comprendí que aún en su enfermedad, si había notado que su hijo, no volvería más y eso aún la sumió más en su letargo.
Hoy día de San Esteban, recuerdo, viene a mi memoria el amor tan grande que sienten los padres por los hijos.