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UNIÓN HISPANOAMERICANA DE ESCRITORES

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LA EPIDEMIA AZUL

LA EPIDEMIA AZUL
Portada: Higorca

martes, 24 de agosto de 2010

MIMOS


A veces, mientras paseamos por cualquier lugar de cualquier país, nos encontramos unas estatuas, o unas esculturas vivientes. Difícil trabajo, muy difícil estar sobre un taburete, o sobre una piedra, o simplemente sobre el suelo de la calle y así, una hora, dos, tres... y, lo más insólito es ver sus caras, sus manos, su ropa... todo ello pintado, incluso los ojos, diría yo hasta por el interior de ellos ¡claro de una pintura especial! Eso ya lo sabemos, o lo pensamos, inmóviles, quietos. Y todo para ganarse unas pocas monedas al día, muchos pasamos y al verlos echamos unas cuantas, pero... otros los miran y no se acuerdan de meter las manos en el bolsillo para que crezca un poco esa medida, esa cuantía que necesitan para poder vivir un poco.
Dignos de admiración, no todos seríamos capaces de ello, son como figuritas de porcelana puestas en mitad de una calle para adornar, otro atractivo para que nos sea más grato el pasar por ella, un trabajo digno que nos lleva a reflexionar hasta donde puede llegar la paciencia de las personas.
Paseábamos por Sintra, por el barrio antiguo, ese es el lugar por donde pasan y pasean todos los turistas que visitan la bella y romántica ciudad. Era una pareja, estaban como siempre "quietitos" cuando les hacían una foto, ellos como si de unos robots se trataran, se movían contorneándose maravillosamente, cambiando de postura. Los niños estaban embobados mirando, pero los mayores también nos gusta verlos. Estos eran de cobre, puro cobre en plena calle de un lugar romántico, bañado por el mar, rodeados de turistas que les miraban extasiados cada uno de aquellos movimientos. El verano tiene "eso" cosas insólitas y otras menos. Cuando llegan a su "casa" quitarse toda esa pintura lleva un trabajo impresionante, pero, por la mañana vuelta a lo mismo, ponerse el traje de trabajo que no es otro que de pintura.