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LA EPIDEMIA AZUL

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Portada: Higorca

lunes, 28 de junio de 2010

COSTA BRAVA

Oleo/lienzo-Autora: Higorca-Titulo: Costa Brava

Cuando llega el verano me vienen miles de recuerdos. Recuerdos maravillosos del pasado. Recuerdos de hace bastantes años, pero que siempre están en cada uno de nosotros. Tiempos pasados cuando toda la familia estaba junta, quiero decir antes de desfragmentar, cuando todos estábamos todavía bajo la tutela y mirada de los padres.

El mes de julio era el preferido para esas vacaciones a la orilla del agua, de la playa, de todo lo que olía a sal, poca ropa y mucho sol, amen de montones de arena.

Y todos viajábamos hasta la Costa Brava. Arenys de Mar, Blanes, Caldetas o Rosas, que más da. Lo importante era aquel trozo de Mediterráneo, de ese mar azul o ¿era verde esmeralda?

Lo que si en aquel tiempo era un agua pura, limpia, cristalina, donde pisar era un placer indescriptible. Nuestra casa de verano era muy antigua, los abuelos la habían heredado y cada año había que arreglar cosas: Las tuberías, el tejado, o la despensa, claro que eso lo hacían antes de aparecer por allí la tribu de hijos, nietos, o lo que es lo mismo la “marabunta” cuando llegábamos ya todo estaba en condiciones para que pudiéramos estar con las máximas comodidades ¿cuanto nos querían los abuelos? Los nietos mayores cuidaban de los más pequeños, eso les fastidiaba un montón, pero, así era. Claro que también ellos nos enseñaron muchas cosas que nos eran de lo más excitantes.

Allí en Caldetas, ellos nos dieron la mano (como se suele decir) para aprender a bucear, a pasear por esos mares, a ser amigos de los pequeños habitantes que están debajo del agua, digo pequeños en aquellos lugares ¡¡Claro!! ¡Eso es lo que más hecho en falta! nadar mar adentro, sumergirme y bajar, bajar, aguantar y luego subir de nuevo para coger aire.

Ahora esta de moda, desde hace unos años, hay mucha gente que practica el submarinismo, y quizás sin darnos cuenta encontremos en el fondo al vecino de casa, pero en la época, en los años que yo estoy recordando, eramos pocos los locos que disfrutábamos dentro del agua, a todos nos encantaba aquel deporte, porque luego con el paso de los años nos dedicamos casi todos a el, a bucear libremente sin botellas, sintiéndonos uno más de aquellos peces que a veces perseguíamos.

Mare Nostrum, el mar de mis correrias, de mis juegos, de mis días de playa en aquel rincón marinero, donde además me gustaba sentarme al atardecer con las señoras mayores que hacían bolillos y aprender. Después de merendar coger mi “muñeco” o “Cuji”, poniéndome a su lado, escuchando atentamente sus instrucciones, porque también a mi me gustaba moverlos, mover esos bolillos y sentir al mismo tiempo que oír el tintineo cantarin de la madera mientras iba tejiendo la puntilla.

Recuerdos maravillosos, raíces que todos llevamos porque sin eso no somos humanos, no somos nada.