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CONCIERTO DE MORENTE

LA EPIDEMIA AZUL

LA EPIDEMIA AZUL
Portada: Higorca

jueves, 8 de abril de 2010

DOS GENIOS UNIDOS


Oleo/tela - Autora: Higorca Gómez

Como ya es sabido estamos celebrando el centenario de un gran poeta. Madrid, entre otras ciudades españolas, dan rienda suelta a los actos en que se homenajea a nuestro Miguel Hernández. Ya no digamos en su ciudad natal, Orihuela, provincia de Alicante donde el maestro tiene su fundación, donde sus paisanos le recuerdan todos los días del año.
Tuvo una vida corta, murió joven. Digamos que le dejaron morir muy joven. Como a tantos otros, le encarcelaron ¿Por qué? Pensándolo bien quizás por que en aquella época estaba prohibido pensar, o escribir algo que tenía sentido y sentimiento, no lo pensaban dos veces y cuando alguien no estaba de acuerdo con "ellos" sin pensarlo y sin dar explicaciones, los quitaban de en medio ¡Qué pena debió de ser vivir en aquellos años! Pena por que no podían decir aquello que pensaban, no importaba, bueno o malo ¿Qué más daba? Simplemente escribir en un trozo de papel aquellas letras que brotaban del alma. La incultura es pobre de mente y grande en ignorancia.
A Miguel Hernández, eso fue lo que le pasó, simplemente eso, escribir y tener bastantes enemigos de su tiempo, porque pecado era también ser autodidacta o lo que es lo mismo hacerse de la nada, forjando golpe a golpe cada momento de su vida, él lo hizo, lo tuvo que hacer porque nadie le dio la oportunidad de poder ir al lugar donde podía aprender de la mano de maestros. Tuvo enemigos de esas letras hasta en su propia casa, su padre tampoco estaba de acuerdo en ello.
Forjo cada letra, cada palabra, cada momento, a pesar de las críticas de aquellos que no supieron entender que solamente pedía unas oportunidades para su libertad. Libertad de espíritu, de alma, de sentimientos, de pensamientos, porque en realidad eso es la verdadera libertad.
Así llego lejos y pudo escribir letras importantes; importantes por saber plasmar el amor o el dolor que llevaba dentro.
La señora de negro con una guadaña en la mano se lo llevo en plena juventud, porque no lo ejecutaron como a otros grandes, ni de eso le dejaron gozar, su muerte fue mucho más lenta y dolorosa, teniendo conciencia que no habiendo hecho nada malo tenía los días contados a causa de la enfermedad contraida. Miguel además de escribir poemas también hizo "pinitos" con el teatro. Lastima que tuviera una vida tan corta, hubiera sido un escritor fructífero.
Ahora, en este nuestro tiempo, otro maestro enamorado de su obra ha sabido encontrar en cada una de esas letras el tema maravilloso de su cante, lanzar al aire unas notas perfectas para que Miguel puede oírlas allá donde se encuentre, un amigo, un cantante que envuelve tan bellas y sentidas letras. Nanas de la Cebolla, o Aceituneros, Teruel, Canción del esposo soldado, y tantas otras como Joan Manuel Serrat, con su aterciopelada voz nos va envolviendo, recordando y arrancando lágrimas, rosas que sembramos en esa tumba que es nuestra memoria, en recuerdo de ese hombre que transformo esas pequeñas, cotidianas y grandes cosas de su tiempo, un tiempo enmarañado en odio y dolor, en desesperación para la cultura española.
Ahora un humilde poema dedicado a los dos maestros, a dos genios unidos, las letras, la voz, la pluma y la guitarra.
Miguel, oyes como canta,
son tus letras, tus sentimientos,
en una voz prodigiosa.
La alza con fuerza para que llegue
hasta el lugar donde tú ahora te encuentres.
Esa voz maestro no es otra,
es la voz de un grande, que canta,
te canta con emoción,
te canta con la voz rota.
Tú te llamas Miguel,
Él, no es otro que Joan Manel,
él Serrat, tú Hernández.